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ΤΕΝΙΣ

Recordando al 'Jay Gatsby' del tenis que murió en la Primera Guerra Mundial: Anthony Wilding

Durante su período en el máximo circuito del tenis, el oriundo de Christchurch, Nueva Zelanda, ganó 11 campeonatos de Grand Slam.

por Ben Stanley
27 Abril 2017, 9:30am

Bibliothèque nationale de France via WikiMedia Commons

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En las últimas horas de la tarde del 9 de mayo de 1915, un proyectil alemán de artillería pesada cayó sobre el techo de un refugio subterráneo de un oficial británico cerca de Neuve Chapelle, Francia, matando a tres de sus cuatro ocupantes. El trío fue tan sólo un puñado más de las 11.000 víctimas británicas de la Batalla de Aubers, el conflicto que se había iniciado ese mismo día por la mañana.

Sin embargo, la muerte de la víctima con el mayor rango —un capitán neozelandés de 31 años a cargo del vehículo blindado de los Royal Marines— se sentiría aún más profundamente y resonaría por mucho más tiempo que las demás muertes en los albores del campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Anthony Wilding, el mejor tenista del mundo, había muerto.

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Durante su período en el máximo circuito del tenis —entre 1906 y 1914— el oriundo de Christchurch, Nueva Zelanda, y exabogado, ganó 11 campeonatos de Grand Slam, cinco en dobles y seis individuales, de los cuales ganó cuatro consecutivos en Wimbledon entre 1910 y 1913, y dos en el Abierto de Australia en 1906 y 1909. Desde su participación en la final de Wimbledon en 1914, la cual perdió ante el australiano Norman Brookes en tres sets: 4-6, 4-6, 5-7, sólo ha habido otro neozelandés —Chris Lewis en 1983— que ha llegado a la final de Wimbledon; en aquella ocasión, Lewis recibió una paliza del chico malo estadounidense John McEnroe.

Anthony Wilding en la final individual de Wimbledon en 1910. Foto: WikiMedia Commons.

Wilding ganaría cuatro veces (1907, 1908, 1909 y 1914) la Copa Davis con el combinado de Australasia, mientras que en singles se llevaría la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912. Hasta la fecha, Wilding —quien ingresó en el Salón Internacional de la Fama del Tenis en Newport, Rhode Island, en 1978— sigue ostentando el récord de más campeonatos ganados en una sola temporada —23 en 1906— así como más títulos sobre tierra batida, 75 en total.

El juego fluido y atlético del neozelandés destacaba sobre todo por su increíblemente poderoso revés. Sin embargo, la leyenda de Wilding va más allá de su estilo de juego, de sus habilidades y récords sobre la pista. El jugador kiwi fue un verdadero hombre del renacimiento hecho y derecho, el "Jay Gatsby" de este mundo mucho antes de que F. Scott Fitzgerald soñara con la luz verde al final del muelle.

Al mismo tiempo que disfrutaba su estelar carrera como tenista, Wilding —quien nunca bebió ni fumó— estudiaba derecho en Cambridge, viajaba por toda Europa subido a una motocicleta, se unió a la guerra por recomendación de su "amigo" Winston Churchill, y salía con la estrella estadounidense de Hollywood, Maxine Elliott, cuando la muerte lo sorprendió

"Algunos dicen que era el James Dean de su época, pero también el [Roger] Federer de aquel entonces", comentó Anna Wilding, la sobrina bisnieta de Anthony, para el New Zealand Herald en 2014, cuando se dieron a conocer en Londres una serie de fotos del tenista nunca antes vistas. "Cuando miro a Federer y su estilo clásico de juego suelo pensar en Anthony Wilding. En ese entonces se jugaba un tenis más delicado, y estas fotos muestran la gran técnica por la que [Wilding] era conocido".

El capitán Anthony Wilding subido a de un vehículo blindado antes de combatir en Francia en la Primera Guerra Mundial. Fuente: Myers (1916) 'Captain Anthony Wilding' vía WikiMedia Commons.

Su elegante forma de comportarse era común en la Inglaterra de la preguerra. Sus victorias en Wimbledon sobre el campeón estadounidense Maurice McLoughlin en 1913 provocaron que muchas mujeres se desmayaran hasta el punto de ser "colocadas sobre la pista junto a la aplanadora hasta que pudiesen ser retiradas", de acuerdo con un reportaje del periódico Argus de Melbourne. En una época donde el rugby seguía estableciéndose en la consciencia deportiva de Nueva Zelanda y el país se consideraba aún más inglés que polinesio, Wilding era la figura pública más querida por los neozelandeses.

En muchos aspectos, la identidad de Nueva Zelanda, y sus diferencias de su "madre patria", Inglaterra, se forjó en la Primera Guerra Mundial en las trincheras de Gallipoli, Somme y Ypres. Sin embargo, antes de ello, representar a Nueva Zelanda de la mejor manera era representar al Imperio Británico en primera instancia. El personaje de Wilding y su estilo de vida parecían englobar este aspecto por completo. Su éxito sobre el césped de Nueva Zelanda, y su naturaleza de caballero mientras viajaba por el mundo, lo convirtieron en el embajador de Nueva Zelanda.

"Jugadores más brillantes y tácticos y grandes artistas se han parado sobre el centro de la pista, pero ninguno mejor atleta, nadie mejor equipado físicamente para el juego, ningún hombre inspirado por el deseo devorador de jugar de la mejor forma", escribiría tiempo después el biógrafo Arthur Wallis Myers sobre Wilding. Wilding nació en una familia de padres ingleses adinerados en Christchurch en 1883, y jugó cricket de primera clase para Canterbury y rugby para Cambridge antes de entregarse completamente al tenis.

La tumba original de cerca de Nueve Chapelle en Francia. Foto: Myers (1916) 'Captain Anthony Wilding' vía WikiMedia Commons.

En Nueva Zelanda, donde el parque principal de Christchurch lleva su nombre, Wilding ha vuelto a aparecer en múltiples libros y artículos con la intención de reintroducir la mitología de su persona a las próximas generaciones de neozelandeses. Quizá este sea otro intento más.

La noche previa a su muerte en Neuve Chapelle, Wilding pasó la tarde en las trincheras con el teniente R. S. Barnes, un viejo amigo con quien solía jugar al tenis en los circuitos inferiores. De acuerdo con la biografía de Myers titulada Captain Anthony Wilding, el neozelandés y su amigo inglés recordaron sus viejos tiempos en las canchas de tenis.

Myers escribió que justo antes de que Wilding falleciera, Barnes dijo: "Bueno, abuelo, ya estabas en declive desde que te enfrentaste a Brookes [refiriéndose a la final perdida en Wimbledon un año antes]".

"Uno no siempre puede estar en a su mejor nivel", replicó Wilding. Sería la última declaración que haría para el deporte que lo definiría para siempre.