cambio climático

Hasta nunca España: en 100 años podríamos convertirla en un desierto

Según un informe reciente del Ministerio de Medio Ambiente, un 80% del territorio de nuestro país está en riesgo de desertificación, pero los expertos denuncian que nadie está tomando cartas en el asunto.

por Guille Álvarez
05 Abril 2017, 4:15am

Risco el Paso, en Pájara, Fuerteventura. Foto de Laura Gariglio

Al hablar de desiertos, nuestra mente nos traslada hacia territorios exóticos, vastos y lejanos: el Sáhara, Gobi, la Patagonia o el Kalahari serían algunos de los desiertos que nos vendrían a la mente. Lo que normalmente pasamos por alto es que también hay desiertos en España, y lo que nunca nos planteamos es que podrían ser la fuente de un gran problema de futuro.

Según un informe del Ministerio de Medio Ambiente, un 80% del territorio español se encuentra en riesgo de desertificación, un proceso que podría completarse en 2100. En menos de un siglo, España podría convertirse en una especie de gran desierto y nosotros seguimos aquí, tan tranquilos. Según los científicos, este proceso podría afectar hasta 37,4 millones de hectáreas de las 50,5 totales del país.

"No vamos a ver camellos, tampoco es eso", explica Vicente Andreu, director del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), con sede en Valencia. "La desertificación no es que todo el territorio sea un desierto, es la pérdida de la capacidad productiva de una zona para sostener a las personas, a los animales y a la vegetación". Según los expertos, hay dos causas principales que explican este proceso que se ha acelerado en los últimos años.

"Ocurre por causas climáticas y humanas. España tiene un 80% de su territorio en zonas áridas y semiáridas, así que potencialmente podría afectar a toda esa parte del territorio", asegura Jaime Martínez Valderrama, investigador de la Estación Experimental Zonas Áridas del CSIC. "Se podría frenar con el componente humano, pero ahora mismo se contempla el problema como una amenaza imparable, como algo que es mala suerte y nada más".

Evidentemente, el actual sistema de producción masiva y consumo desenfrenado están ayudando y mucho a aumentar los riesgos de los factores climáticos. Las consecuencias que manejan los científicos son el aumento de las temperaturas, la reducción de las lluvias —que sin embargo descargarían con mayor intensidad y capacidad destructiva— y la intensificación de las sequías.

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Mapa de la evolución de la aridez en España: para simplificarlo, el rojo y el naranja señalan los territorios con mayor riesgo de desertificación. Solo el norte mantendría su actual clima húmedo. Imagen vía mapama.gob.es

Martínez Valderrama habla de un proceso con doble matiz. A la desertificación, defiende, le seguiría la desertización, que implica la huída del territorio. "Cuando se acaban los recursos, la gente se va a otro lado". Si nos pensamos que ya tenemos problemas de despoblación —en España hay más de 3.000 pueblos abandonados—, parece que el cambio climático podría contribuir a aumentar el tamaño del mismo.

Estos expertos afirman que el paisaje de la España desértica se parecería mucho a lo que hoy en día ya vemos en los Monegros o en la Sierra de Gádor, en Almería. "No será como el Sáhara, más que un paisaje desértico de ese tipo, el territorio será mucho más pobre y habrá perdido gran parte de su cubierta vegetal y sus bosques, tendrá un aspecto mucho más decrépito", apunta Martínez Valderrama. 

Aunque ya hemos comentado varias causas y consecuencias, todavía hay más datos para la alarma. En los setenta, la España de clima húmedo ocupaba un 40% del total del territorio, y con las últimas predicciones, la cifra podría reducirse al 20% antes de que acabe el siglo. En total, se estima que la mitad del suelo español formaría parte de lo que en términos climáticos se conoce como el clima semiárido. En 2100, los territorios del norte —Galicia, Cantabria, Asturias, País Vasco y Navarra— serían prácticamente los últimos reductos verdes si se cumplen las peores previsiones, mientras que Valencia, Murcia y parte de Andalucía serían las comunidades más desérticas.

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"La obsesión productivista hace que se arranque cualquier intento de vegetación que no sea olivo, no sea que le roben agua a los olivos y baje la producción", comenta Martínez Valderrama sobre la foto, tomada en Córdoba. Imagen vía JA Gómez Calero, IAS-CSIC

"Creo que el informe del Ministerio se queda corto, lo veo absolutamente factible y realista" comenta Andreu, responsable del CIDE. "Eso sí, si se tomaran medidas efectivas eso ya no se daría". El matiz es importante, y es que a pesar de la inevitabilidad del cambio climático, el componente humano sigue resultando clave según los investigadores. "No se está haciendo suficiente, de hecho las personas más influyentes de la sociedad ni creen en el cambio climático, así que poco podemos hacer entonces. El escepticismo se contagia, pero si creemos que no existe este proceso de degradación es que nos estamos tapando los ojos".

Para Martínez Valderrama, se trata de una guerra entre nuestro estilo de vida y el medio ambiente. "En el desierto de Tabernas se ha autorizado la explotación de un acuífero para plantar olivos, y eso ha provocado la desaparición del ecosistema que rodea ese acuífero. En vez de frenarlo lo estamos acelerando", pone a modo de ejemplo. Sí, el medio ambiente está perdiendo y los políticos tampoco están muy preocupados. "La desertificación inminente ocurriría en 50 años, pero en ese tiempo pasarán más de cinco gobiernos en el poder, y por lo tanto lo nuestro es secundario y no interesa".

El cambio, la solución, pasa por los mandatarios y las grandes empresas, opina Andreu. "La gente puede racionalizar su modo de vida, pero es más importante que las industrias y los gobiernos tengan mayor conciencia y se responsabilicen verdaderamente del asunto". En España —y eso si que no ha cambiado ni un pelo— a la investigación y los investigadores no se les toma en serio, se resignan los entrevistados.

De no hacer nada, el mapa de España sería más árido y desértico que nunca. Más allá de las previsiones, hay varias zonas que están experimentando hoy en día lo que los expertos anuncian para España. La situación en el cuerno de África y el drama de Sudán del Sur son el ejemplo más crudo, mientras que Oriente Medio y Las Vegas podrían ser la versión más amable, aunque artificial e insostenible a largo plazo, del futuro que nos espera.

En términos climáticos, el proceso es imparable; en términos humanos, todavía estamos a tiempo de cambiar algo.

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