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Las muñequitas de Hed Kandi: ¿Estética aspiracional o fantasía sucia?

Una marca que quiere ser una aspiración pero termina siendo una paja sucia en plenas vacaciones.

Pensar en la música dance y la cultura que la rodea como un todo unificado es una falacia. Cada microgénero, desde el big beat hasta el dub-techno, tiene sus propios códigos, sus convenciones propias. Y estos códigos, aplicados generalmente por insiders para demarcar diferencias entre los géneros, inundan las portadas, los flyers, la música misma, y todo esto termina dentro de los clubs. Afortunada o desafortunadamente, todos tenemos reacciones esquemáticas a una estética identificada, sea visual o conceptual, y utilizamos estas reacciones para hacer proyecciones sociales: esta portada significa que esto suena de esta manera, lo que a su vez significa que la gente que escucha esta música actúa de esta manera.

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Podría tratar de argumentar lo siguiente con un mini ensayo mediocre digno de un estudiante de arte de primer semestre, pero lo cierto es que juzgamos todo por su portada, y no podemos evitarlo. Todo, literalmente todo, desde fósforos hasta cepillos de dientes, pasando por condones, tienen su propia estética generada, convertidos de objeto con un propósito a objetos de deseo y viceversa, una y otra vez. Somos criaturas visuales, entrenadas desde el nacimiento para asociar absolutamente todo en términos de cómo se ve, a pesar de que nos digan que no lo hagamos. El look, es la herramienta más importante de la que nos valemos para juzgar. Pero basta de generalizaciones, pasemos a lo específico. Fijémonos en algo criticado y vilipendiado, en algo sin una pizca de pudor visual. Fijémonos en el sello de compilaciones Hed Kandi.

Fundado a finales del milenio pasado por Mark Doyle, quien trabajaba en la emisora Jazz FM, Hed Kandi se especializa, pienso yo, en ese beach house desabrido de piscina de hotel en la mañana, que grita chancla de dedo, olor a bronceador y se cree sofisticado. Y digo pienso porque nunca me he sentado a escuchar clásicos potenciales como A Taste of Kandi 2013 o Serve Chilled: Electronic Summer, y tampoco me tomé un baño al son de Stereo Sushi; mucho menos empecé una noche destapando mi vino rosado mientras ponía la compilación 2009 de Kandi Lounge. ¿Por qué? ¿Por qué le he negado a mi vida estos placeres? ¿Por qué no he pasado tardes de verano apoltronado en una silla de mimbre en algún bar al lado de la playa, viendo hermosos cuerpos bronceados descansar sobre la blanca arena al lado de un mar azul, mientras una brisa mueve el líquido de los cocteles al compás del mix World Series: Ibiza, sin que yo note su presencia en el aire, solo cuando es totalmente necesario? ¿Por qué? Alguna vez han visto las putas portadas de los discos de Hed Kandi? Esa es la razón.

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La estética visual, una amalgama entre ese glamour barato de los años 80, una caricatura del ambiente criticable de Ibiza y las portadas de cuadernos de niñas pubertas entrando al colegio, está llena de un aire seductor sin sentido. Compilación tras compilación, adornan cada portada con más y más imágenes del tipo de mujer "fantástica" (que no pueden estar más alejadas de la realidad), que obedece con todos los códigos y fantasías heteronormativas.

El mundo que Hed Kandi creó y se ha encargado de propagar, se ha vuelto un emporio, vendiendo más de cinco millones de unidades desde su inicio. Un emporio adoptado por Ministry of Sound en 2006, que genera la narrativa de noches interminables, donde la champaña parece salir de todas partes, y cada orden de comida viene con su adición de caviar, o la porquería comestible que en este momento actual signifique riqueza y lujo, en medio de este momento de austeridad mundial.

Y eso es lo que hace a estas portadas un objeto estético y cultural tan interesante (si es que estos dos aspectos se pueden desligar). Tenemos que asumir que el consumidor promedio de música de Hed Kandi, y la cultura clubber en general, no se pavonean por las fiestas con brazaletes de Swarovski. El urgente sentido de aspiración flagrante que promueve la marca es intrigante. Cuando pensamos en los clubes como una idea, pensamos en la comunidad, en lo inclusivo; el club debería ser, en teoría, un espacio para la aceptación. Pero Hed Kandi parece ir en contra de este tipo de ideales.

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Su sitio web está lleno de elementos que posicionan el imaginario de cualquiera en un estilo de vida de lujo, que al parecer está al alcance de la compra de uno de estos CDs, o de la compra de un tiquete para ir una noche a uno de esos bares donde tocan saxofonistas en vivo y atienden meseros en guantes blancos. Ese tipo de suntuosidad ostentosa existe, a ciencia cierta, pero choca con la manera en la que entramos a las discotecas normalmente.

También está el tema de cómo presentan la feminidad, y es acá cuando la burla de "jaja, quién compra discos de Hed Kandi" se pone algo seria. Empecemos por el hecho de que Hed Kandi solo utiliza imágenes de mujeres "sexies" para promocionar su producto. Segundo, fijémonos en que estas mujeres son caricaturas. Tercero, es innegable el hecho de que estos son dibujos de mujeres sexies que se dibujan específicamente para vender CDs porque aparentemente a la gente le gusta más comprar una compilación de chill out si viene repleta de caricaturas sexies haciendo cosas de caricaturas sexies. ¡Mira esta sexy caricatura de mujer mezclando! ¡Este par de caricaturas mamasitas están mirando coquetamente y saludando! ¡Y esta otra está sosteniendo una tabla de surf y mirando por encima de su hombro!

Es el tipo de imaginería abiertamente sexual, que es tan evidente en su intento de seducir a quien en realidad rechaza, o que al menos lleva al espectador a un estado de excitación sexual improbable, tan improbable como encontrar a tu amor verdadero por Tinder.

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Esto más el deseo explícito de crear un estilo de vida lleno de playa, opulencia y banalidades clubberas es… ¿admirable? No es admirable de la misma forma en la que es admirable salvar a un perrito de un lago, ni tampoco es parecido a cuando uno se aguanta las ganas de comentar en la foto de su mejor amigo que se ha engordado. Es admirable en la manera en que uno piensa "esto es tan repetido, hueco e inconsciente que seguirle apostando es una locura".

Lo cual tampoco es tan admirable cuando piensas en ello. El CD hoy en día es un elemento más que muerto, así que Hed Kandi ha perdido gran parte de su poder persuasivo. Pero igualmente, lo que la visión de miles y miles de estos códigos irreales le causó a la cabeza de millones de jóvenes adolescentes lo deja pensando a uno. Podemos decir que estas reliquias siempre fueron inofensivas, que no hay nada de malo en ver caricaturas de mujeres semidesnudas en las portadas de discos de house para playa, pero eso sería ser deshonestos con la humanidad. Pero hacerlo es participar voluntariamente a la propagación del mito de la mujer como el tema del que no se habla cuando se habla de deseo heterosexual masculino. Es 2015. Estamos más allá de eso ahora, ¿no?

Así que resumo a Hed Kandi: una marca que quiere ser una aspiración pero termina siendo una paja sucia en plenas vacaciones.

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