Colombia 2066: Según Sidestepper, desde niños desarrollaremos capacidades telepáticas

En la utopía de Richard Blair, la clave del futuro está en el regreso a lo natural.
12.12.16

Todas las imágenes por Dani Senior.

Martes, 21 de diciembre, 2066

La segunda Presidenta se despierta temprano en su tierra natal, Chocó, la reserva natural más grande del mundo. Hoy, ella madruga para ir a la Ceremonia del Solsticio con las Abuelas, como es costumbre. Lleva puesto un pequeño escudo de oro en forma de colibrí, la misma forma que lleva la bandera de su nación, la Sayuna (que significa "semilla" en lengua Arhuaca), la comunidad eco-política que reemplazó a las naciones antes conocidas como Ecuador, Colombia y Venezuela.

Muchas cosas han cambiado desde entonces.

Se acabó el intercambio económico antes conocido como trabajo y desde principios de los años 40 la tecnología hace las labores básicas, mientras la gente dona su tiempo a la comunidad en educación, agricultura, artes, política, medicina y tecnología. El agua, la comida, la luz solar y la vivienda son todos derechos básicos.

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La gente sabe que la obsesión ciega de sus bisabuelos por un mundo material había llevado al mundo al punto de colapso. Es difícil entender cómo ellos podían creer en un sistema que necesitara de un crecimiento permanente para sobrevivir, pues justo esa búsqueda amenazaba con terminar los recursos finitos del planeta.

Pero ya nada es como antes.

Desde el colapso del ultra capitalismo en 2021 y las consecuentes guerras por recursos naturales, la región antes conocida como América Latina se volvió la semilla de la reconstrucción de la sociedad humana. La gente que sobrevivió a las grandes plagas de los años 30 pensó en cómo construir una sociedad más feliz, sostenible y armónica con la madre tierra. Compartiendo sus conocimientos y su sabiduría, los sobrevivientes empezaron de nuevo. Sabían que el futuro del ser humano en el planeta dependía de su colaboración. Como eran pocos, las grandes ciudades dejaron de existir como antes. De cierta manera, todos volvieron a ser campesinos, cultivando en grandes espacios de la ciudad, creando huertas en parques, jardines y edificios retomados por la naturaleza. Cuando se acabó el petróleo, no solo las ciudades si no todo el planeta volvió a un estado más limpio.

Desde su fundación en 2045, todos en Sayuna guardan una relación muy cercana con la naturaleza. Las plantas a las que antes llamaban drogas ahora se usan en forma ceremonial, con un guía espiritual, un chamán o un taita. Así, el pueblo sayunano desarrolla desde la niñez  sus poderes espirituales y sus capacidades telepáticas. Aunque los mayores ayudan, aconsejan y educan, cada persona ahora recibe su información de forma directa. Limpia ya del dogma teológico, todos dejaron entrar en su vida a la percepción directa.

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