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Nazis

Adidas y Puma, las marcas que nacieron del odio entre dos hermanos

Al dar vida a Adidas y Puma, los hermanos Dassler dividieron a sus familias y a toda una ciudad, pero cambiaron el mundo del deporte para siempre.

por Brian Blickenstaff
25 Abril 2017, 10:20am

Brian Blickenstaff

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El conductor del taxi quiso asegurarse de que no había cometido un error. "¿Adidas?", me preguntó, con un tono de incertidumbre y como si estuviese esperando a que dijera Puma, la otra compañía internacional de ropa deportiva cuyas oficinas centrales se encuentran en la villa bávara de Herzogenaurach, donde habitan 24.000 personas.

Herzo, como lo llama la gente local, es un lugar de leyenda para el mundo del deporte. Es el lugar donde los hermanos Dassler, Adi y Rudolf, arrancaron un negocio de zapatos en la década de 1920, hasta que su relación de desgastó y dividieron su compañía en dos, y cada uno se asentó en un lado del río que atraviesa la población. Desde entonces, las dos corrientes de los Dassler se convirtieron en la versión alemana de los Hatfields y McCoys, con la única diferencia que la bronca familiar tuvo lugar en los Juegos Olímpicos, en las pistas y campos de baloncesto, fútbol y, por supuesto, en las calles adoquinadas de su pequeña villa. Se dice que en el punto máximo de rivalidad, Puma y Adidas fueron como cárteles rivales de la mafia. Si trabajabas en una, no podías cruzar el río. Cada lado contaba con su propia panadería, sus propios bares y sus clubes deportivos.

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Sin embargo, antes de la riña existía una colaboración bastante fluida forjada en las secuelas de la Primera Guerra Mundial, cuando los Aliados impusieron severas penalizaciones económicas a Alemania y el país se encontraba en lo profundo de la depresión, con alarmantes niveles de desempleo y una terrible inflación. Los hermanos Dassler regresaron de la guerra para ser testigos de cómo el negocio de lavandería de su madre se había ido a la ruina. Pero fue ahí, en la lavandería vacía, que Adi Dassler comenzó a fabricar zapatos.

Eran tiempos difíciles, y los materiales de Adi para fabricar sus zapatos a veces incluían todo lo que pudiera encontrar en la campiña; incluso, aunque la gente no pudiera pagar para lavar su ropa siempre seguiría necesitando calzado. Después de tres años, su compañía creció tanto que tuvo que pedirle ayuda a su hermano Rudolf para supervisar las operaciones. Bautizaron su firma como Gebruder Dassler, "Los Hermanos Dassler".

Adi, el hojalatero, fabricó todo tipo de zapatos en un principio, pero su mayor logró se dio cuando diseñó las primeras zapatillas de correr con picos en la suela. Las zapatillas parecían de ballet con clavos en la suela de enfrente, pero sin duda eran innovadoras y proveían tracción adicional para los atletas. En un abrir y cerrar de ojos, los hermanos se convirtieron en proveedores de zapatillas para el equipo alemán de atletismo, entre otros. En el transcurso de la década de los 30, su negocio siguió expandiéndose más allá de las fronteras alemanas. En los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, el velocista estadounidense estrella, Jesse Owens, vistió un par de las famosas zapatillas de los Dassler mientras Adolf Hitler observaba desde su palco.

Herzo. Foto por Brian Blickenstaff

Aunque los hermanos Dassler no eran partidarios empedernidos del nazismo, sí eran miembros de dicho partido como la gran mayoría de los alemanes. El énfasis de Hitler sobre la importancia de la educación física les dio grandes beneficios a su compañía. Pero aunque el negocio prosperaba, la situación en la casa de los Dassler empeoraba. Los hermanos y sus esposas vivían juntos; una pésima idea.

"La relación con mi hermano fue ideal de 1924 hasta 1933", escribió Rudolf Dassler, de viejo, citado por Barbara Smi en su excelente libro, Sneaker Wars: The Enemy Brothers Who Founded Adidas and Puma and the Family Feud That Forever Changed the Business of Sports. "Entonces su joven esposa intentó interferir en cuestiones de negocios, a pesar de que a los 16 años no tenía experiencia, y así fue como se iniciaron los problemas".

Conforme la tensión incrementó, Rudolf fue llamado a servir en la Segunda Guerra Mundial; Adi se quedó en casa a cargo de la compañía. Rudolf, cada vez más consciente de que su hermano conspiraba para desbancarlo mientras estaba lejos combatiendo, quiso darse de baja para regresar lo más pronto posible a Herzo.

Después de la guerra, durante el proceso estadounidense para erradicar a los nazis, la paranoia en ambas familias alcanzó niveles inimaginables. Aunque Rudolf pasó tiempo encarcelado inmediatamente después de la ocupación estadounidense, las autoridades decidieron que los Dessler no eran "peces gordos" y retiraron los castigos.

La firma Gebruder Dassler se separó en 1948, y en un principio se dio de manera bastante natural. Adi se quedó con el departamento de fabricación y así dio vida a Adidas. Rudolf se llevó su negocio al otro lado del río, donde creó una compañía llamada Ruda, la cual finalmente se convirtió en Puma. Los empleados también escogieron con quién irse. La madre de ambos se fue con Rudolf.

"Como era de esperarse, los trabajadores iban de compras a su lado y vivían ahí también", me contó el Dr. Manfried Welker, historiador de Herzo y familiar de los Dassler. (La abuela de Welker fue la hermana mayor de los hermanos Dassler). Nos encontrábamos en el museo de la ciudad, frente a la exhibición temporal de los objetos de colección de Puma recolectados por un empleado durante años en la fábrica: carros de juguete, encendedores, y una foto de Pelé con sus Puma Kings. "No fue una dichosa guerra o algo por el estilo", dijo Welker.

Los hermanos no se hablaron durante años. Se dice que nunca se dirigieron la palabra, pero de acuerdo con Smit, los hermanos se vieron un par de veces tiempo después en el aeropuerto de Frankfurt y en un hotel cerca de Nurenberg. Pero no podemos decir qué pudieron reconciliarse. Cuando Rudolf se encontraba en su lecho de muerte en 1974, su hermano fue invitado a hablar con él por última vez, pero Adi se negó.

La exhibición de Puma en el museo de la ciudad. Foto por Brian Blickenstaf

Hoy en día, cuando uno camina por la población —como lo hice yo una fría mañana de febrero— jamás se imagina que en alguna época estuvo segregado. Es más, ni siquiera sabrías que Herzo tiene algo que ver con los deportes, excepto por la estatua de bronce de dos jóvenes arreglando un par de zapatos con un hombre mayor en el centro de la ciudad.

Según Welker, la ciudad cambió cuando las dos familias vendieron los negocios en 1989. Desde entonces ambas compañías se aprovecharon de la globalización, y han trasladado al extranjero muchas de sus fábricas. "Si vas al estacionamiento de Adidas, verás muchas matrículas de Francia, de Holanda", asegura Welker. "Los trabajadores ya no están en el pueblo". La mayoría viven en Nurenberg.

De regreso a lo del taxi, le indiqué al conductor que, en efecto, me refería a Adidas y no Puma; el coche dio vuelta, y avanzó algunos kilómetros lejos de Herzo. Después de unos minutos, llegamos a un lugar más grande que Adidas llama su "mundo de deportes", no sin antes haber pasado por las oficinas globales de Puma.

En alguna época, las compañías estaban divididas por un río, y representaban a grupos rivales. Sus intereses fracturaron a un pequeño pueblo. En la actualidad, los accionistas no tienen tiempo para este tipo de cosas. Los centros de operaciones de ambas compañías ya no están en el centro del pueblo, sino construidos en la periferia, en grandes cantidades de terrenos que les resultaron baratos. Y Welker tiene razón. Los estacionamientos están llenos de matrículas de todos lados de Europa.

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