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El fenómeno Bruce Wayne: una historia de occidentales y artes marciales en Tailandia

Viajar a Tailandia está de moda: los gimnasios del país asiático están llenos de occidentales practicando el muay thai. Algunos son profesionales serios, pero en general son meros turistas que lo ven como un parque de atracciones.
10.5.16

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Rocky y Mick; Miyagi y Daniel; Luke y Yoda. A los fans de las artes marciales les encantan los montajes de entrenamiento. Con la ayuda de un maestro, el héroe supera el dolor, la frustración y el aburrimiento para cumplir sus metas o trascender.

Esta es, al fin y al cabo, la promesa más importante de las artes marciales: estudia el camino con suficiente disciplina y te convertirás en el cabrón más rudo… y de paso te encontrarás a ti mismo. Pero pocos montajes son como el de Bruce Wayne en Batman Begins.

Más lucha: Fotos de los futuros campeones de Cuba entrenando en la calle

El camino de Bruce hacia el inframundo lo lleva a una prisión asiática, donde se enfrenta a reos para practicar. Henri Ducard visita a Wayne para invitarlo a unirse a la liga de las sombras: "Si te conviertes en más que un hombre, si te dedicas a un ideal, y ellos no pueden detenerte, entonces te conviertes en otra cosa por completo".

"¿Y qué sería eso?, responde Bruce.

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"Una leyenda, Sr. Wayne".

Hoy, notar la fascinación universal con los superhéroes, con el concepto de el übermensch de Friedrich Nietzsche, es más fácil que nunca. El ascenso del kickboxing y de las MMA popularizaron el muay thai en Occidente como el arte de golpeo más efectivo del mundo; al mismo tiempo, Internet ayudó a que los pocos extranjeros que antes se dirigían a Tailandia para entrenar se convirtieran en miles.

En la actualidad, los gimnasios tailandeses están llenos de occidentales, desde luchadores profesionales hasta tipos que quieren perder unos kilos de peso. Todos y cada uno de ellos protagonizan sus propios montajes de entrenamiento. No todos podemos formar parte de la liga de las sombras, pero muchos de los que viajan para entrenar muay thai son un poco como Bruce Wayne… o al menos creen que lo son.

Como el boxeo en Occidente, el muay thai es un deporte para los pobres en Tailandia. Las familias que no pueden cuidar a sus hijos los mandan a monasterios o a gimnasios de muay thai. Ahí los niños aprenden una habilidad, y ya que los tailandeses empiezan a pelear a los siete u ocho años, pueden ayudar a sostener a sus familias con sus ganancias.

Dada la cultura local, entender a los extranjeros —llamados farang en tailandés— y sus razones para ir a Tailandia para combatir de manera profesional les resulta difícil a los tailandeses… que mucho menos entienden que alguien pueda pagar por entrenar en un gimnasio.

Unidad del ejército de Siam a finales del siglo XIX. Imagen vía WikiMedia Commons

La relación del muay thai con Occidente se remonta a antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el Reino de Siam se unió a los Aliados y mandó fuerzas de expedición a Francia. Soldados tailandeses pelearon en exhibiciones dedicadas a aumentar los ánimos en el Frente de Occidente.

En la Segunda Guerra Mundial, las tropas británicas y estadounidenses establecieron bases en Tailandia, y la influencia del boxeo occidental cementó la implementación de las reglas formales, incluyendo guantes y ring. En los años 50, los luchadores tailandeses empezaron a competir en boxeo: en 1953, Chamrern Songkitrat perdió ante el peso gallo australiano Jimmy Caruthers por el campeonato de 118 libras frente a un público de 60.000 personas en Bangkok.

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El muay thai, sin embargo, no se infiltró en Oriente hasta la explosión de las artes marciales en los 60 y 70. El éxito de Bruce Lee en Hollywood ayudó a catapultar las artes marciales y a volverlas tan populares como la Coca-Cola.

En 1971, Bruce Lee viajó a Tailandia para filmar El Gran Jefe. Algunas fuentes aseguran que estaba ahí se enfrentó a un luchador tailandés y quedó tan impresionado que empezó a incorporar muchos de sus elementos en el Jeet Kune Do, su sistema de lucha. No hay manera de saber si esa historia es verdad: ese supuesto combate de Bruce Lee no se grabó en vídeo.

Aun así, el Tao Jeet Kun Do, la colección de notas y filosofía de artes marciales de Lee, incluye descripciones detalladas sobre patadas, codos y rodillas estilo muay thai.

En 1974, un joven peleador tailandés llamado Thohsaphol Sitiwatjana consiguió un papel importante en la película El Hombre de la Pistola de Oro. Un año después se mudó a Inglaterra, donde inauguró un gimnasio en Manchester. El llamado Gran Maestro Toddy se convirtió en uno de los entrenadores más famosos del mundo occidental, y presentó el muay thai en Inglaterra y Estados Unidos.

Un par de años después, su amigo el Gran Maestro Sken siguió sus pasos: Phil Nurse, pupilo de Sken, fue entrenador de luchadores de la UFC como Jon Jones, Rashad Evans, Frankie Edgar y Georges St. Pierre.

La historia no termina ahí: en 1982, Ronnie Green, un alumno de Toddy, fue uno de los primeros occidentales que se mudaron a Tailandia. Green entrenó ahí durante un año, enfrentándose —y derrotando— a luchadores tailandeses de primer nivel. Ronnie inspiró a una generación de luchadores europeos de kickboxing a retar tailandeses en su país.

El actor Jean-Claude Van Damme inmortalizó la figura del occidental en Tailandia en la película Kickboxer. En este filme, Van Damme interpreta a Kurt, quien viaja con su hermano Eric a Tailandia para ponerse a prueba contra los tailandeses. Tong Po, el campeón mundial tailandés, supera a Eric y lo deja paralizado; Kurt jura vengar la derrota de su hermano y —por supuesto— va a la jungla a entrenar con un entrenador misterioso. Un par de árboles de banana después, Kurt regresa para derrotar a Tong Po.

Kickboxer presentó el muay thai a los fans occidentales de las artes marciales; la película despertó la fascinación por viajar a Asia para aprender los secretos de la lucha oriental.

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El éxito de Jean-Claude Van Damme en el filme, sin embargo, palidece en comparación con el triunfo que logró el luchador belga Ramon Dekkers. En los 90, Dekkers se enfrentó a los mejores luchadores tailandeses en el estadio Lumpinee: su rivalidad con Coban Lookchaomaesaitong produjo algunas de las mejores peleas de todos los tiempos.

El segundo de sus cuatro combates tuvo un gran impacto en el muay thai: Dekkers noqueó a Coban con un boxeo superior. Los tailandeses tomaron nota y empezaron a incorporar más boxeo occidental en su entrenamiento.

La rivalidad entre Dekkers y Coban empezó en una pelea previa entre tailandeses y extranjeros: en 1963, Japón envió a tres de sus mejores karatecas para retar a tailandeses… y los tailandeses les humillaron. En 1972, sin embargo, los japoneses decidieron volver a intentarlo: todos perdieron excepto uno, Toshio Fujiwara, que en 1978 se convirtió en el primer extranjero en ganar un campeonato en el estadio Rajadamnern.

Poco después, el polémico luchador holandés Jan Plas llevó el kickboxing a los Países Bajos después de estudiar en Japón con Fujiwara; de hecho, se puede notar la influencia de Fujiwara en el estilo de manos potentes y pies rápidos del mismo Ramon Dekkers.

En EEUU, la primera retransmisión de un combate de muay thai en pay-per-view llegó en 1993 y atrajo a 83.000 personas: a partir de ahí, el deporte empezó a crecer con rapidez. El programa The Ultimate Fighter, que se emitía por el canal Spike TV, siguió fomentando el crecimiento de la disciplina: en 2006, el evento UFC 61 tuvo más de un millón de telespectadores y pronto los gimnasios de MMA de todo el país empezaron a ofrecer clases de muay thai y jiu-jitsu brasileño de forma masiva.

Los luchadores más conocidos del UFC también comenzaron a viajar a Tailandia. El polifacético Sam Sheridan se desplazó al país asiático en 1999, antes de la enorme afluencia de extranjeros en Tailandia, para entrenar en el gimnasio Fairtex durante seis meses. Cabe decir que en 1999 el Fairtex era una instalación pequeña y cutre: Sheridan muchas veces habla sobre sus noches durmiendo en un colchón sucio en el suelo, en una habitación infestada de hormigas con los demás farang.

Cuando Sheridan regresó en 2006 para investigar y escribir su libro The Fighters Heart, el Fairtex se había convertido en un resort de muay thai con un spa, aire acondicionado y todas las comodidades imaginables.

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Hoy, Tailandia tiene resorts de muay thai con habitaciones de lujo, bar y fiestas los fines de semana; a los extranjeros se les da la oportunidad de luchar a nivel amateur. Incluso los viajeros sin mucha experiencia pueden "enfrentarse a un tailandés": hay promotores en Phuket que programan peleas contra taxistas tailandeses que solían entrenar cuando niños y que están dispuestos a recibir una paliza a cambio de un cheque.

La zona de Chaweng, en la ciudad tailandesa de Ko Samui. Imagen vía WikiMedia Commons

Los gimnasios tradicionalmente ganan dinero con sus luchadores. Cada combate tiene unas ganancias: los artistas marciales se la reparten con su gimnasio. La llegada de extranjeros significa que cada vez más gimnasios se mantienen con lo que pagan los extranjeros por entrenar.

Cabe decir que esto en realidad puede ser positivo: el interés de los visitantes por el muay thai ha ayudado a mantener viva la disciplina, amenazada por el crecimiento del fútbol y otros deportes occidentales. Incluso dentro de Tailandia, el hecho de que los extranjeros se interesaran por el muay thai ha reducido la asociación de este deporte con la pobreza: las clases medias de Bangkok participan cada día más en clasesfitness que incluyen muay thai.

Más allá del mero turismo, hay un grupo de luchadores extranjeros que entrenan en Tailandia con auténtica voluntad de aprender de forma profesional. Algunos van para mejorar sus habilidades para las MMA o para producciones internacionales de kickboxing como Glory; otros van para derrotar a los tailandeses y sacar enseñanzas.

Dos luchadores tailandeses enfrentándose en un combate de muay thai en Bangkok. Imagen vía WikiMedia Commons

El inglés Louis Green, por ejemplo, entrena en el gimnasio Santai Muay Thai, cerca de Chiang Mai. Mide 1,67 metros, tiene el cabello rubio y suda intensamente. "Estaba en un mal camino en Inglaterra, ya me entiendes. Vi que un amigo estaba en Tailandia, sin entrenar, y pensé que si él podía hacerlo yo también podía", dice con un acento de Manchester. Green no solo fue por el deporte: también necesitaba un propósito vital.

Su compatriota Louis, por su lado, empezó entrenando muay thai para entretenerse, pero seis semanas después de llegar a Koh Samui tuvo su primer combate: en él, derrotó a un tailandés. Luchó dos combates más y los ganó ambos. Luego regresó a Inglaterra e intentó luchar con un combatiente local, pero perdió.

"Pensé que era bueno, pero esa pelea fue muy torpe y me di cuenta de que realmente no tenía el nivel que creía", confiesa Louis. "No podía encontrar trabajo en casa, así que después de tres meses pensé en regresar a Tailandia".

"No soy bueno", prosigue el inglés, "y por eso no me gusta dar consejos en el gimnasio. Todavía no sé nada", admite.

Louis piensa que muchos farangs intentan compararse con la gente que no tiene mucha habilidad para poder sentirse superiores, y que debido a ello no entrenan lo suficiente como para conocerse a sí mismos.

Louis ha luchado cerca de 40 combates y piensa que le faltan al menos cien para poder responder la pregunta más importante, la razón por la cual viajó realmente a Tailandia: ¿a qué nivel está en comparación con los inventores del muay thai? ¿A qué nivel está Occidente entero, en realidad, en comparación con ellos?