A Molly Nilsson la encontré en el infinito universo musical de YouTube. Esa noche tenía el corazón marchito y escuchaba a John Maus; ahí descubrí que «Hey Moon» fue escrita por Molly, y con sólo escuchar tres canciones más me quedé enganchada. No sólo me dejé envolver por su melancolía obscura y ochentera; me sentí comprendida, como cuando platicas con tus amigas de corazones rotos y ríen y lloran juntas. Su lenguaje es sencillo y profundo a la vez, sincero y conciso, lleno de resentimiento, pero también de amor infinito.
Ese día decidí que en lugar de seguir mojando mi almohada con lágrimas iba a sacar a pasear mi corazón en luto, a escuchar más historias de amor acompañada de mucho alcohol, y terminar bailando sola en una pista hasta el amanecer.
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El sábado pasado Molly vino a México y se presentó en El Imperial, un foro pequeño e íntimo —no habría mejor forma de disfrutarla. Llegué puntual para poder verla de cerca, y me di cuenta que es mucho más bonita en persona, pero también más humana. De inmediato noté su personalidad tímida y reservada, y sólo me sentí más identificada. En el escenario Molly es igual de misteriosa y sencilla que en sus grabaciones: pone a sonar su pista y comienza a bailar y cantar. Prefiere no ver las caras de su público, pero intenta mantener una corta conversación entre canción y canción. Sus movimientos son cortos y sutiles y su voz sale fluida y grave sin ningún problema.
Molly Nilsson no se presentó sola; antes de su show, Sean Nicholas Savage interpretó sus algunas de sus intensas y apasionadas baladas. Sean es un personaje muy interesante en el escenario: se derrama totalmente en la pista y concentra toda su energía en sus largos agudos y sus peculiares pasos de baile.
Fue una gran noche. Terminé satisfecha de haber escuchado en vivo a una chica que admiro, no solo por su música, sino por su capacidad creativa y la forma en que se adueña totalmente de sus proyectos, llevando con orgullo una verdadera bandera indie. Además, escuché mis tres canciones favoritas de Molly: «1995», «The Power Ballad» y «Take Out Tonight». Al final supe que aunque mi corazón lleva años cicatrizando, no dejará de sentir esa melancolía romántica que Molly Nilsson y sus melodías de sintetizadores detonan. Espero sentirme así hasta el final de mis días.
Gracias Molly, por hacer música ochentera en el 2016.
Sean Nicholas Savage





Molly Nilsson






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