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El community manager de fotos de Facebook es fotógrafo de guerra

Hace cuatro meses, Teru Kuwayama fue nombrado community manager de fotografía de Facebook, un puesto con el que no relacionarías a un fotógrafo de guerra. Kuwayama no solo ha arriesgado su vida para documentar lo que sucede en las zonas de guerra...

por Grey Hutton
06 Mayo 2014, 12:55pm

Hace cuatro meses, Teru Kuwayama fue nombrado community manager de fotografía de Facebook, un puesto con el que no relacionarías a un fotógrafo de guerra.

Kuwayama no solo ha arriesgado su vida para documentar lo que sucede en las zonas de guerra. También es miembro de TED y firme defensor del uso de las redes sociales con fines periodísticos. En 2004, participó en la fundación de Lightstalkers, un foro en línea para periodistas, fotógrafos y cineastas, y en 2010 lanzó Basetrack, un proyecto que documentaba el despliegue de un batallón de marines y utilizó Facebook para hacer compartir las fotos y las historias con las familias de los soldados.

Me puse en contacto con Kuwayama para hablar sobre todo eso y sobre Instagram en el espacio.

VICE: Supongo que tengo que empezar por felicitarte por tu nuevo trabajo.

Teru Kuwayama: ¡Gracias! Me he pasado 20 años como fotógrafo pero sin tener un trabajo real, así que no sé si tener un empleo oficial es motivo de felicitación. En cualquier caso, es toda una aventura. No soy un animal doméstico, por lo que esto supone una experiencia totalmente nueva para mí.

¿Qué tal es trabajar en Facebook?

Es una empresa muy dinámica y las cosas cambian con rapidez. En realidad yo soy un punto de contacto, la persona que habla con la comunidad de fotografía y les cuenta los proyectos que la empresa quiere realizar y viceversa. A veces me siento un poco como un intérprete.

Muchos fotógrafos no confían en Facebook, principalmente por el tema de la pérdida de los derechos de imagen, las imágenes descargables y la eliminación automática de metadatos en cuanto una imagen se sube al sitio web. ¿Qué dirías a estos fotógrafos?

La gente tiende a creer que las plataformas van a por ti, pero no es así. A veces, los que trabajan en esas plataformas no son conscientes de esas preocupaciones y la gente no sabe de lo complejo que resulta abordarlas. No es tarea fácil contentar a los mil millones de usuarios de una plataforma como esta.

Cuando hablamos de “muchos fotógrafos”, nos estamos refiriendo básicamente a los profesionales, que suponen un pequeño porcentaje del total de usuarios que suben fotos a Facebook. Solemos considerarnos la clase más importante de fotógrafos, pero si tenemos en cuenta los cientos de millones de fotos que se cargan cada día, nuestro colectivo resulta estadísticamente insignificante. En cualquier caso, ya se está trabajando en muchas de estas cuestiones, sobre todo en lo referente a los metadatos.

¿Qué desarrollos interesantes hay para el futuro?

Creo que los nuevos formatos de vídeos cortos pueden constituir un punto de encuentro muy interesante entre la fotografía fija y en movimiento. Hay tecnologías como la que incorpora el dispositivo Oculus Rift que abren literalmente una nueva dimensión a la percepción sensorial. También me parece interesante el hecho de que las redes sociales no resulten visibles de forma inmediata. Gran parte de la comunicación se produce en grupos o aplicaciones de mensajería, por lo que han dejado de verse muchas de las cosas que solían aparecer publicadas en los muros de Facebook.

Eso significa que la gente es más consciente de su intimidad.

Sí, pero cada vez es más fácil contactar con personas o grupos de forma más específica, algo muy apropiado para una comunidad en línea que no deja de crecer. Esta es una de las principales distinciones entre los medios tradicionales y las redes sociales. Todo se reduce a las conexiones personales entre los individuos y el acceso a esas redes sociales.

Tengo curiosidad por ver si todo esto llevará a la aparición de una nueva forma de periodismo. A pasar de enviar un mensaje a millones de personas a enviar mensajes muy específicos de forma individual. ¿Quién sabe? Eso es lo fascinante de mi nuevo trabajo. Estoy presenciando el desarrollo de muchas de estas ideas.

Dime algunas de tus cuentas de Instagram preferidas.

Una de las más impresionantes es la de la NASA: ¡es literalmente Instagram en el espacio exterior! Otra cuenta genial que también sigo es la de TSA, que publica fotos de cosas confiscadas en los aeropuertos de los EUA. También sigo a Asim Rafiqui, en cuya cuenta hay un álbum familiar de retratos de familiares de detenidos en Bagram. Se aleja de los estereotipos de colecciones de gatos o de capuccinos; es un ejemplo muy poderoso de los usos que se puede dar a las plataformas mediáticas.

¿Cómo crees que está afectando Facebook y su plataforma al periodismo actual?

Pero ¿qué es el periodismo? Tenemos un concepto muy formal del periodismo, herencia de la era en la que predominaban los periódicos. Sin embargo, lo que ocurre en las plataformas sociales podría definirse como la forma más básica de periodismo que se pueda imaginar: personas compartiendo sus ideas y experiencias.

Uno de los aspectos más interesantes de las redes sociales es que permite a las personas comunicar sus historias sin tener que pasar por el filtro de un “profesional”. Esto resulta un tanto incómodo para muchos profesionales del periodismo.

Pero la figura del periodista profesional siempre será necesaria.

No cabe duda de que deben darse los conceptos éticos básicos: veracidad, precisión y transparencia. Pero creo que nos estaríamos engañando a nosotros mismos si dijéramos que los periódicos y las facultades de periodismo, por el mero hecho de existir, están contribuyendo a que esos conceptos se cumplan en todo el mundo. Igualmente importante es que la gente reflexione sobre la relación que existe entre las personas y los periodistas profesionales y que, tras analizar la información, se pregunten, “¿es verdad?” y “¿con qué puedo comparar esta información y qué otras perspectivas existen?”.

No hace mucho, las agencias de noticias habrían visto en los blogs una fuente de opiniones interesante, informaciones que podrían contextualizarse y utilizarse como guías. Creo que ahora la gente ve así a las agencias de noticias. Ven muy claramente que tiene puntos de vista muy distintos, aunque aseguren que sus informaciones son imparciales o neutrales.

¿Tiene eso algo que ver con la creación de Basetrack?

Lo de Basetrack fue hace unos años, pero hay algo que no ha cambiado: América está librando la guerra más larga de la historia y te das cuenta de que los estadounidenses no saben nada sobre Afganistán ni son capaces de discernir qué objetivos tenemos en ese país.

El equipo de Basetrack y yo queríamos buscar una alternativa a la forma tradicional de trabajar. Por ello iniciamos el proyecto de ser nuestros propios editores. Todos estábamos acostumbrados a trabajar para alguna de las cadenas principales con audiencias de millones de personas, y ahí estábamos, intentando llegar a unos pocos miles de familiares de un batallón de marines.

Sin embargo, fue una de las experiencias más intensas en cuanto al compromiso y la comunicación constante con la gente. Recuerdo una vez en la que fuimos a un pequeño puesto de avanzada en el sur de Afganistán, donde nos estaba esperando una caja de galletas que nos había enviado la madre de un marine. Esas cosas no pasaban cuando trabajaba para revistas de noticias.

¿Cuándo empezaste a hacer fotos con iPhones?

La primera vez que utilicé un iPhone como cámara fue con el proyecto Basetrack, porque es muy práctico. Es pequeño y el interfaz con pantalla táctil lo hace muy resistente al polvo. Además, hace muy buenas fotos. Viene con una amplia gama de aplicaciones y el hecho de que cualquiera pueda hacer posproducción me parece increíble. Cualquiera puede una cámara oscura en el bolsillo y una plataforma de edición incorporada en el dispositivo. Son cualidades muy destacables. Por otro lado, la curva de aprendizaje se ha acelerado de tal modo que la gente es capaz de dominarlo mucho más rápido. Creo que esta es la primera cámara digital realmente funcional. La primera en la que verdaderamente solo tienes que apuntar y disparar.

¿Has hecho alguna modificación al tuyo?

El móvil que usé para las fotos de Afganistán es el mismo con el que estoy hablando contigo. Tiene una carcasa protectora que crearon Balazs y Peter Gardi durante el proyecto Basetrack. Se llama Strikecase.

¿Qué ha sido lo más duro de hacer fotos con un teléfono en esas condiciones?

La verdad es que no me he encontrado con muchas trabas. Pero quizá mi perspectiva no es la más típica en el sentido de que, antes de usar el móvil como cámara, utilizaba casi siempre Polaroids, Holgas y una cámara panorámica llamada Widelux. Todas son cámaras arcaicas y totalmente manuales con infinidad de limitaciones técnicas, así que, en comparación, el teléfono móvil es una de las cámaras más sofisticadas que he utilizado.

¿Cuál de las fotos que hiciste en Afganistán crees que es la más destacable?

Esta del pavo. Se estaba realizando una operación para despejar una ciudad que había sido ocupada por insurgentes. Una unidad de marines estableció allí su puesto de francotiradores y mantenía retenidos a los habitantes de la zona. Creo que esa es la imagen que más se me ha quedado grabada, ya que la tomé en el auge de la contraisurgencia en Afganistán, que en su momento se describió como “un acercamiento de corazones y mentes”, con el fin de convencer a la población de que apoyaran al gobierno local. Este ciclo se produce constantemente —detenciones de civiles, a los que se les tapa la cabeza y cuyas casas son ocupadas por fuerzas extranjeras .Allí se partieron muchos corazones y se perdieron muchas mentes.

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