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Cultură

Hard-Boiled Hollywood

Generalmente, no me agrada cuando me obligan a leer un libro.
25.10.11

Fotos de archivo provistas por John Gilmore junto con el Departamento de Colecciones Especiales, de la librería de investigación Charles E. Young, UCLA. Generalmente, no me agrada cuando me obligan a leer un libro. “Tienes que leer esto. Toma. Llévate mi ejemplar”, te dicen, y luego tratan de extraer un reporte de progreso de lectura en la siguiente plática de cinco minutos que tienes con ellos. Pero, cuando alguien me pasó el Laid Bare de John Gilmore hace unos años, la curiosidad le ganó a la molestia. La portada era buena: un duotono de la cara de Gilmore con un subtítulo amarillo en Futura: A Memoir of Wrecked Lives and the Hollywood Death Trip. La parte posterior tenía blurbs maravillados de V. Vale, Gary Indiana y Genesis P-Orridge. “Nos catapulta a través de un catálogo implosionado de carnalidad e implacable explotación”. Y no lo pude dejar hasta terminarlo. Los sujetos de Laid Bare, todos celebridades y personas notables que Gilmore conoció en los 50s y 60s, son personajes en un caleidoscopio de pesadillas sobre lo extraño y lo putrefacto de la fama. Janis Joplin, Hank Williams, Lenny Bruce, Steve McQueen “Autoabsorción casi Absoluta”, Brigitte Bardot, Dennis Hopper, Jean Seberg, Jack Nicholson “Una Sombra con Ojos Llenos de Regocijo Maligno”, los asesinos sensacionalizados Charles Schmid y Charles Manson, Jane Fonda, Curtis Harrington y James Dean. Especialmente, James Dean. Gilmore conoció a Dean en Nueva York, justo antes de que comenzara su estrellato, y Gilmore escribe: su amistad fue una lucha erótica bizarra de incitaciones y contacto físico. Gilmore creció en Los Ángeles de 1940. Su madre, una actriz de papeles pequeños, y su padre, un oficial de la policía. No tardó mucho en comenzar a actuar, y para sus años de adolescencia ya iba camino a la gloria de Hollywood. Su naturaleza sociable le permitió flotar entre docenas de grupos y escenas en los 50s y 60s en LA y Nueva York. Después, cuando abandonó la actuación por la lectura, las conexiones de Gilmore le sirvieron cuando se convirtió en detective/periodista para una serie de libros de crímenes verdaderos. Los he leído todos, incluyendo Severed: the true story of The Black Dahlia Murder. A través de una meticulosa investigación, Gilmore, básicamente, resolvió uno de los homicidios más notorios en la historia de LA, Garbage people, sobre la familia Manson y superior a Helter Skelter y the family, Cold blooded: the saga of Charles Schmid, The Notorious “Pied Piper of Tucson” y el más reciente, LA Despair: A Landscape of Crimes & Bad Times, con piezas sobre la actriz-monstruo Barbara Payton, los sociópatas homicidas Billy Cook y Barbara Graham, los asesinatos Four-on-the-floor de la avenida Wonderland, y Spade Cooley, un violinista country que una vez fue el anfitrión del show musical más exitoso de la TV hasta que mató a su esposa a golpes en una explosión alucinatoria de celos. También hay tres novelas: Fetish blonde, Hollywood Boulevard, Crazy Streak, y, ah, esperen, no he mencionado su amistad con Marilyn Monroe, Jack Kerouac, Ed Wood, Jayne Mansfield, Darby Crash, la lista sigue ad infinitum. John acaba de cumplir 76. Todavía vive en y ama Hollywood hasta la muerte. VICE: Tu más reciente libro de crímens verdaderos, LA Despair, se centra en cinco historias separadas, pero que torturan de la misma manera. La primera, sobre John Holmes, la estrella porno pito-de-burro de los setentas, involucrado en los asesinatos Four-on-the-Floor de la avenida Wonderland. Pero tú te enfocas en el tipo que probablemente fue el autor intelectual, un cabrón aceitoso de nombre Eddie Nash. ¿Nash era un psicópata nato o era el estar fumando piedra todo el día?
John Gilmore: Eso ciertamente ayudó. Eddie era un tipo que sólo quería ganar todo el dinero que pudiera y vivir el mejor estilo de vida en Hollywood. Y eso fue lo que hizo. Abrió un puesto de hamburguesas en Hollywood Boulevard en 1959. Recuerdo haber ido un par de veces con (la actriz) Susan Olivier. Cada vez se involucró más en la industria porno del valle de San Fernando, y todo giró para peor. Había un productor-director grabando una película para él, y la chica murió de sobredosis cuando estaba cogiendo con él. A él sólo le importaba lo que se había grabado. “Voltéenla. Podemos terminar esto con una toma sobre el hombro. No mostramos su cara”. Conforme pasan los años, acumulé piezas de cosas que me interesaban. Pensé: “Voy a escribir sobre todas estas cosas como piezas cortas”. Así llegó a existir LA Despair. Gilmore con una rebanada de pastel y una taza de café en su restaurante favorito de LA. Algo extraño fue que en un principio Eddie Nash no fue arrestado por los asesinatos de Wonderland. Lo arrestaron por posesión de cocaína y salió pronto por sobornar a un juez. Después, cuando estaba siendo acusado por otro aspecto de los asesinatos, se libró de todo sobornando a un jurado. ¿Alguna vez estuvo en la cárcel?
Estuvo algo así como treinta meses. ¿Alguna idea de lo que esté haciendo ahorita?
Nadie sabe qué hace Eddie Nash estos días. Compró una casa para su mamá. ¿Crees que John Holmes haya tenido una mente criminal? ¿O crees que sólo estaba en el lugar y momento equivocados?
John quería fama. Quería ser admirado y respetado no sólo por tener una vergota. Comenzó a meterse mucho en el porno y en drogas. Se metía miles de dólares de perico en un fin de semana. Parecería la droga equivocada para usar si quieres mantener una erección.
Sí, eso le molestaba mucho. Y después la gente se aprovechaba de él. Se metió mucho más de lo que debía. Básicamente, era un tipo bueno. La primera vez que lo concí fue en el bulevar Santa Mónica. En un lote baldío donde se ponía un mercado de segunda. Vendía algún tipo de joyería indígena y chamarras de cuero. Esto era mucho antes de que fuera famoso. Estás conectado a la Dalia Negra porque tu papá fue el policía que trabajó en ese caso.
Eso fue algo que me atormentó desde que tenía 11 años. Ella (Elizabeth Short, la víctima) fue un día a casa de mi abuela Short preguntando sobre la genealogía de mi familia porque tenían el mismo apellido. Me quedé fascinado con ella porque era tan absoluta y apabullantemente hermosa. Nunca la olvidé. Durante los años, le seguía preguntando a la gente para averiguar lo que pudiera. Para principios de los 80s, publiqué algunos anuncios en los periódicos buscando información. Aprendí muchas cosas de esa manera.

En tus biografías, siempre se menciona que eras un actor de películas en los 50s y 60s antes de que siguieras tu llamado como escritor. ¿Te gustaba actuar?
Disfrutaba de acturar. Era diverido, especialmente el trabajo de teatro, que disfrutaba más que el cine. Pero nunca sentí que fuera capaz de darle mi todo, como en la escritura. Fue lo mismo cuando solía pintar. No era suficiente. Dejaste de actuar por una situación que involucraba a tu amiga Marilyn Monroe. Hace poco me contaste una historia sobre un grupo que se junta en el cementerio de Westwood, en Hollywood, cada año en el aniversario de su muerte.
A. C. Lyles es un todo un nombre en Paramount. Lleva ahí como cien años. Pronunció un discurso en uno de los memoriales en su honor hace un par de años. Le preguntó a todos en la capilla: “¿Cuántos de ustedes creen que Marilyn fue asesinada?”. La mayoría levantó la mano. “¿Cuántos creen que fue sucidio?”. Dos o tres personas levantaron la mano. “¿Cuántos creen que murió de una sobredosis accidental?”. Una persona levantó la mano. Y esa es la realidad: ella murió de una sobredosis accidental. No hay manera de que no sea así. Norman Mailer escribio´un libro, y ese tipo loco anticomunista (Frank A.) Capell, escribió ese pedazo de mierda de tríptico diciendo que los Kennedys tuvieron algo que ver. Yo iba a salir en una película con ella, lo cual hubiera sido el clímax de todo lo que yo quería como actor. Y (después de su muerte) me dejó de importar. ¿Qué película era?
The stripper, basada en una obra de Willam Inge llamada A Loss of Roses. Conocí a Inge en Nueva York cuando hice una audición para Splendor in the grass. En ese tiempo escribía A loss of roses, y me dijo: “Cada vez que escribo el personaje de Lila, la que habla es Marilyn. Escribo lo que Marilyn dice”. Eso me encantó. Me gustó muchísimo. Ella estaba en Nueva York en ese momento, y él dijo que ella era la única que podía hacer el papel. Por supuesto, (Lee) Straspberg no la dejaba, convenciéndola de que no debía tener nada que ver con el teatro. De alguna manera, estaba en lo cierto. Hubiera tenido muchos problemas. No era muy buena recordando cosas. Después hice el papel principal en Loss of roses en Los Ángeles. El mejor amigo de Brando, Sam Gilman, la dirigió. Basándose en eso, obtuve el papel (en The stripper). La iban a hacer con Marilyn y… esperaba… yo. Pero no sucedió por sus problemas al regresar a Nueva York y otros problemas con Fox. La despidieron. Y después vino la escritura. ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo?
Desde que era niño. Nunca lo pensé mucho, pero, cuando dejé de actuar, me comencé a involucrar más y más en la escritura de películas y en escribir una novela. Me conecté con un editor nocturno y cada historia o personaje en el que pensaba lo convertía en una novela, sacando libros de manera muy seguida. ¿Eran eróticos?
No, no eran sucios ni nada parecido. Eran historias en las que pensaba mucho, una y otra vez. Las convertí en libros. Escribí cada uno de ellos en diez o doce días. Laid Bare muestra a un gran ensamble de personajes que conociste. Tu descripción de Steve McQueen lo pinta como un reptil obsesionado consigo mismo. ¿Cómo puede alguien que se comporta de esa manera en la vida real ser capaz de tener tanta atracción en la pantalla?
Bueno, él entraba en una realidad alterna, se convertía en alguien más y no en quien realmente era. Por ejemplo, uno no pensaría que Raymond Burr, de las partes que interpretaba, era gay. Pero ese era el caso. No hay nadie más villano que Raymond Burr en los trabajos que hizo. Era lo mismo con McQueen. Era un pendejazo, pero parecía ser un buen tipo. John Gilmore en 1955, en el departamento de Cyril Jackson, uno de los más talentosos percusionistas de la época. James Dean y John llegaron a su departamento a ver sus congas nuevas. La foto está dedicada a Jack Simmons, otro de los amigos cercanos de James. Foto por James Dean. ¿Entró al Actors Studio porque todos los demás lo estaban haciendo? Y, una vez ahí, ¿cómo logró practicar la actuación de método si era tan deshonesto?
Muy sencillo. [risas] Sin problemas. No creo que ni siquiera haya entendido la actuación de método. Él era Steve McQueen. Le daban sus líneas, y las interpretaba de cierta manera, y si hacían 13 tomas de algo en particular de seguro te ves bien. Digo, Marilyn necesitaba de 30 a 35 tomas. En el libro, dices que McQueen decía que chuparía una verga para conseguir un papel. Estoy seguro de que eso tuvo algo que ver con su éxito.
Eso es exactamente lo que hizo. Entró al Actors Studio a través de alguien que conocía, John Stix. John acababa de dirigir su primera gran película, The St. Louis Bank Robbery (protagonizada por McQueen). Estaba de presidente en la junta directiva del Actors Studio, y él logro que entrara. Pero McQueen no iba a clases o algo así; sólo se hizo miembro. Consiguió un papel en A Hatful of Rain porque era amigo de alguien. Después vino a Hollywood, y de ahí manipuló todo lo que hizo. Se casó con Neile Adams, una bailarina. Mientras tanto, yo había terminado con una chica llamada Diane, con la que McQueen salía antes que yo. Cuando Neile estaba en Broadway haciendo su show, se iba con Diane al departamento de Neile, con la que tenía un amorío mientras su esposa trabajaba. ¿Como se te hacía?
McQueen me desagradó desde la primera vez que lo conocí en la calle 14. Diane le dijo que yo había sido amigo de James Dean. Lo primero que me dijo fue: “Qué bueno que Dean murió. Deja espacio para tipos como yo”. Me reí, pero luego me di cuenta de que lo decía en serio. Diane me platicaba cómo se paraba frente al espejo intentando imitar a Jimmy y haciendo todo lo que pudiera para parecerse. Pero no era tan viril. Creo que su cara convencía, pero siempre había demasiado machismo incluido, lo cual hacía que su masculinidad se viera fingida.
Era definitivamente falsa. Seguía viviendo ese papel. Su manera de sentirse seguro, supongo, era metiéndose con todas las chicas que pudiera encontrar. Las levantaba en las esquinas: una chica esperando el camión, una mesera, cosas así. Tenía un par de cocheras que rentaba donde podía estacionar su carro y así la gente no lo reconocería y pensaría: “McQueen está aquí”. Solía ir a Cyrano’s, un lugar muy agradable para cenar en el Strip. Compró un Ferrari y lo estacionaba justo afuera de la puerta. La gente que venía del estacionamiento tenía que caminar a su alrededor para entrar. Todos estaban obligados a darse cuenta de que Steve McQueen estaba ahí. Incluyéndote.
Estuve una vez ahí, cuando salía con Jean Seberg, y él estaba a un par de mesas observándola. Ella sólo me decía, “Ese pendejo no deja de observarme. Me quiere coger o algo así”. [risas] Hablemos de Jack Nicholson. Cuando te entrevisté por primera vez, hace diez años, me dijiste que pensabas que era el último tipo que tendría éxito. ¿Cómo crees que lo haya logrado en contra de toda probabilidad?
Oportunidad. Jack hacía lo que fuera (para sobresalir). En los 60s, cuando los actores de Nueva York venían a Hollywood, para ellos era un basurero o algo parecido. Jack era de aquí. Esta era su casa, y, si ellos se negaban a un papel en una película de (Roger) Corman, él las hacía. Los encargados del elenco no contratan a nadie que no tenga experiencia en películas, así que Jack hizo muchas cosas para que su nombre comenzara a sonar. Era parte de un pequeño grupo con Warren Oates; Jack se las ingenió para meterse ahí en medio.

También tenía a una mujer muy fuerte detrás de él.
Estuvo casado con (la actriz) Sandra Knight por mucho tiempo, y ella ayudaba a dirigirlo. Pero era extraño, nunca la presentó. Una vez estaba tan ebrio que se estaba cayendo en la calle Melrose, y Wild Bill Elliott y yo lo llevamos a su casita en la calle Gardner. Lo dejamos en el patio de enfrente porque no se movía. Toqué la puerta, y ella salió. Esa fue la única vez que interactué con ella. De hecho, eso no es algo extraño; así viven sus vidas las personas en ese lugar. Todo es un secreto en Hollywood. Respeto que no tomes en cuenta eso. Has escrito, de una manera muy extendida, sobre los secretos de tu buen amigo James Dean, incluyendo su supuesta bisexualidad.
Jimmy se deprimía mucho. Una vez, entre la grabación de East of Eden y Rebel without a cause, recuerdo que estuvo jugando con una pistola. Un hermoso revólver Colt Peacemaker. Practicaba porque era derecho, e iba a grabar una película de nombre The Left Handed Gun, sobre Billy the Kid. Me confesó que no se sentía sólido. Esa palabra utilizó. Entendí lo que significaba. Acababa de hacer East of Eden, que hubiera sido el sueño de todo actor joven en la creación. En ese tiempo, Elia Kazan era el dios de los directores, y esta era una película de Steinbeck con un elenco increíble. Y fue la primera película que Jimmy hizo en un papel principal. ¿Adónde vas de ahí? Solo hay una dirección después de algo así.
Lentamente cuesta abajo. Eventualmente, se hubiera matado de una u otra manera. Leí algunas biografías de James Dean antes de leer la tuya. Pero tú eres su amigo, lo cual le da a tu libro ese ruido de verdad. No hizo ningún mito. Cuando llegué a la sección donde te describes, un tipo joven y heterosexual siendo sexualmente seducido por él, fue como un relámpago.
Okey, nunca le he dicho a nadie lo que estoy a punto de decirte. Conocí a este tipo llamado Jack Simmons de muy atrás, antes de que fuera a Nueva York en los 50s, y él era una persona inteligente y decente en muchos sentidos, pero un tipo raro. Muy fresco. Recuerdo que estábamos en el autocinema una noche. Había bebido mucho, y encontró un pedazo de film en el suelo y andaba corriendo por ahí imitando a Gloria Swanson (de Sunset Boulevard): “Mi película”. Después fui a Nueva York, y ahí fue cuando conocí a Jimmy. Me quedé ahí un tiempo y después finalmente regresé a LA. Jimmy estaba aquí y ya había grabado East of Eden. Y yo me sorprendí de ver que estaba con Jack Simmons. ¿Como qué estaba con?
James Dean se había convertido en todo para Jack Simmons. Jack se metió a Warner Brothers para conocerlo, atraerlo y acosarlo. Cuando finalmente se conocieron, Jack se lo dijo sin adornos: “Dejaría mi vida por ti. Me meto al lodo para que camines sobre mí”. Jack hacía cualquier cosa por él. Y Jimmy era una persona muy aislada. Odiaba ir a lugares y estar en público. Era un verdadero solitario. Así que era hermoso. Jack era el amigo perfecto. De hecho, fue el único amigo de Jimmy, su confidente. Ahora, esto es lo que quería decirte, algo que no le he dicho a nadie nunca: creo que Jimmy era mas gay que bisexual. Ese es mi sentimiento personal. Aunque haya indicado que era bisexual (en la biografía The Real James Dean) y todos mundo me odió por ello. [risas] Excepto, claro está, los homosexuales. A los fans no les gusta escuchar nada que distorsione la imagen de su adoración.
Ni siquiera he ido a Indiana (estado natal de Dean) por eso. Me odian en ese lugar. ¿Así que estás diciendo que James Dean dormía en su mayoría con mujeres, pero que en realidad le interesaban más los hombres?
No creo que se llevara a tantas mujeres a la cama. Elizabeth Taylor, que adoraba a los hombres gay, se acercó mucho a él sin que nada sucediera entre ellos. El guionista Bill Bast escribió un libro falso sobre su amistad en 1956. Todo fue pura mierda. Aunque habían sido amigos cercanos cuando los dos estuvieron en UCLA, Jimmy terminó con él y se fue a Nueva York con Rogers Brackett, que era director de TV y radio. Y, claro, Brackett era gay. Creo que Jimmy tuvo un amorío con él. El tipo se llevó a Jimmy a Nueva York y le ayudó a establecerse. Hizo muchas cosas por él. Esas cosas no están en el libro de nadie.

Okey, adelantemos a otra historia de LA que se ha convertido en parte de la psique estadounidense. Escribiste lo que muchos consideran como el mejor libro sobre Charles Manson, The garbage people. En ediciones posteriores has agregado reveladoras entrevistas con el miebro de la familia Manson Bobby Beausoleil, que fue condenado por el homicidio de Gary Hinman. ¿Cómo conseguiste esas entrevistas?
Después de que salió The garbage people, una de las chicas (de la familia Manson) me habló y me dijo: “Bobby Beausoleil quiere hablar contigo, y te va a escribir”. Me escribió unas coloridas cartas y quería que lo fuera a ver. En ese momento, estaba en el pabellón de la muerte. Así que fui y le hice una entrevista de dos días. Me dijo: “En realidad, no soy un seguidor de Charles Manson. Tengo mi propio séquito. Tengo mi propia onda”. Quería que escribiera un libro sobre él. Me dijo que había un editor en North Hollywood al que le interesaba publicarlo, y quería que yo fuera el escritor, lo cual era emocionante e interesante. Busqué a varias personas que lo habían conocido y después todo se desmoronó. Creo que Bobby nomás andaba de prostituto en Hollywood. Conozco a un par de personas que se juntaron con él en cuartos traseros y cosas así. Tenían sexo con él. Era un muy joven y guapo. Y, además, también era muy talentoso. Hizo una película en la que interpretó a un indio que andaba por todos lados con sólo un taparabos (The Ramrodder). Así que estaba Manson, que era chaparro y feo, pero famosamente carismático. Y, junto a él, Bobby Beausoleil, que era hermoso. Esa pareja sólo debió agregar puntos al atractivo de Manson.
Creo que le mamaba el pito a Charlie. Por supuesto que Bobby no va a confesar todo eso ahorita. Siempre está rogando por salir de la cárcel, intentando hacer todo lo que puede. Pero ni uno de ellos saldrá jamás. Cuando ocurrieron los asesinatos Tate-LaBianca, tú fuiste de los primeros en entrevistar a Manson. ¿Cuántas veces lo visitaste en la cárcel?
Nueve o diez. ¿Te permitían grabar las conversaciones?
No, Charlie no quería que nada se grabara. ¿Cómo te involucraste?
Después de los asesinatos, estaba sentado en una barbería cuando leí sobre ellos. Trabajaba para un productor, haciendo guiones para películas, y pensó que sería una excelente. Charlie todavía estaba en Independence, California, donde lo tenían preso por destrucción de propiedad del condado. Sin embargo, ya habían arrestado a algunas de las chicas por los homicidios, básicamente porque Susan Atkins le dijo todo a todos. Le encantaba hablar al respecto. Eso fue algo de lo siniestro. He hablado con muchas personas que han cometido homicidios, y no hay nada particularmente siniestro en ellos. Pero muchas veces, si te acercas mucho, si los ves a la cara, no es como si vieras a otra persona. Es como ver… a un perro. Eso era Susan Atkins. Siempre he tenido la impresión de que Manson, por más loco que parezca estar, es más racional de lo que parece.
Charile era un manipulador, y toda su vida la ha pasado manipulando gente. Físicamente no tenía manera de defenderse contra tipos de cien kilos en la cárcel, así que tuvo que encontrar una manera para sobrevivir. Manipula a quien sea para que haga cualquier cosa. Pero no pudo lograr que el hijo de Doris Day (Terry Melcher) financiara su carrera musical [risas], así que se encabronó. ¿Es cierto que tuviste un pleito con John Waters por la familia Manson?
John me dijo que, mientras yo pensara que (la miembro de la familia Manson) Leslie van Houten no debía ser liberada, no se podía conocer públicamente que éramos amigos. Ha tratado de sacar a Leslie de la cárcel durante siglos. La quiere fuera para poder meterla en una de sus películas pendejas.

¿Cómo conociste a Darby Crash? ¿Te gustaba el punk?
No era fan del punk, pero lo entendía. Una chica con la que salía en el 81, Jane Lee, era de la escena de Chinatown, los clubes de Santa Mónica, y Madame Wongs. Conocía a Lorna Doom (de the Germs), y pasábamos las madrugadas en la First Street, en el centro de LA. Una noche se quedó dormida en una banca para camiones y se cayó en la coladera. Un par de vagos intentaron robarle sus botas vaqueras cuando unas personas que acababan de salir del Atomic Cafe, incluido Darby Crash, intervinieron. Le dijo a los vagos que se fueran a la verga y la llevó a casa. Darby y otro tipo durmieron en el sillón y en el suelo, y al día siguiente fueron todos a desayunar al bar de junto, y el nombre de James Dean salió a la plática. Jane les dijo que era amiga de un escritor que lo había conocido. Después, Jane me dijo que Darby había dicho que era obligatorio e inminente conocerme porque saldría en una película sobre sus paralelos con Dean. ¿No tenías planeado trabajar en un proyecto con él?
Sabía quién era, quiénes eran the Germs, y conocía la escena punk y el mandar a la verga las restricciones. Darby llevaba un camino incendiario. Anarquía sin bombas. Jane lo llevó a mi departamento y bebimos cerveza, comimos tamales e hicimos un plato de crema agria, guacamole y ajo. Bebimos vino, y después Darby comenzó con una botella de Jim Beam. Me recordó a Jim Morrison cuando estaba con the Doors. Pero Darby trascendía, o descendía y estaba años adelantado y más arriba. En persona, era un chico brillante y creativo. Pero, a la hora de ejecutar lo que llamaba su arte, era salvaje, era un animal herido gritando como en una jaula de bambú. Cayendo, tropezando y gritando en algún mundo interno en explosión. ¿A ti te pareció que era una tragedia esperando suceder, como siempre lo retratan?
Hablamos sobre Rimbaud, su obsesión uniéndose de una manera perturbadora con mi obsesión. “Una película”, decía continuamente. “¡Una película!”. Tenía que interpretar a Rimbaud porque Rimbaud estaba dentro de él, buscándolo a través de sus brazos y nervios, y dijo que podía sentirlo en la punta de sus dedos. Sería un Rimbaud en cuero negro y estaría gritando su poesía a un ambiente sordo, como si hubiera sido “abandonado en medio del desierto”, como él lo dijo. No veía a Darby como una tragedia esperando suceder; lo veía más como una explosión ambulante autocontenida. Le presenté a un amigo actor, Chris Jones, que vivía en el piso de abajo. Y Chris se fue con Darby, que dijo que conocía a un vendedor de antigüedades que acababa de adquirir un busto de yeso de Adolfo Hitler. Tan pronto como se fueron y el aire se despejó, Jane me pidió mi opinión sobre sus ideas de Rimbaud, y si consideraría escribir un guión con él. Le dije que estaba impresionado. Entendí y sentí empatía por Darby, pero era como si fuéramos extranjeros hablando idiomas distintos. Sin embargo, dije que sí, que probablemente sí trabajaría con él. Pero no lo hice. Murió no mucho tiempo después de conocernos. Suicidio por sobredosis de heroína. Podríamos seguir por días con estas anécdotas, así que permíteme terminar haciendo la pregunta que la gente más me hace: ¿cómo le hizo Gilmore para conocer a todas esas personas?
Bueno, comencé cuando tenía quince años, y yo fui actor desde mucho antes que eso, de niño. Quería ser estrella de cine. La manera de convertirse en estrella de cine es conociendo gente. Te conectas. Adoro el hecho de que incluso de niño te metiste de lleno al glamour. Estabas hecho para eso desde el día en el que naciste, y la ciudad de Los Ángeles, probablemente, no sería lo mismo sin ti.
Por un largo tiempo, he tenido una relación de amor-odio con Los Ángeles. Escuché a gente como John Hodiak e Ida Lupino, que fueron mentores para mí en un tiempo. Los dos sugirieron independientemente de que me fuera a Nueva York, a Broadway, y después podría regresar a Hollywood a ser una estrella. Así que hice lo que dijeron. Pero ahora ya no quiero ir a Nueva York. No quiero ir a Louisiana. Ni a Arizona ni a Nuevo México. Estoy aquí, me voy a quedar aquí y me voy a morir aquí. Estoy en casa. El tráfico es horrible, pero ya no me importa. No importa. Me vale madres. Qué chingados.