Las mujeres de las minas ilegales de oro de Perú

Se las conoce como las Hijas de Awichihita o pallanqueras, en referencia al dios protector de los mineros.

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15 Julio 2015, 9:21am

Las minas de oro ilegales de Perú, situadas a casi cinco mil metros por encima del nivel del mar, ofrecen una oportunidad de empleo peligroso y no regulado para los habitantes de la vecina localidad de La Rinconada. En esta zona, las temperaturas a menudo descienden por debajo de los cero grados y tanto las cañerías como el sistema de saneamiento son deficientes. Según las arraigadas supersticiones de sus gentes, las mujeres no pueden trabajar en las minas, por lo que su labor es la de rebuscar restos de oro entre los escombros. Se las conoce como las Hijas de Awichihita o pallanqueras, en referencia al dios protector de los mineros.

El fotógrafo peruano Omar Lucas viajó a La Rinconada para pasar un tiempo con estas mujeres. Contactamos con él por teléfono para que nos contara su experiencia.

VICE: Hola, Omar. ¿Qué te dijo la gente sobre La Rinconada antes de que fueras allí?

Omar Lucas:
Me dijeron que era un sitio frío y rocoso, pero al que podías ir a trabajar y ganar mucho dinero. Eso es mentira. La gente que se suele quedar lo hace porque no tiene más opciones, sobre todo la población rural. Los únicos que se enriquecen son los contratistas mineros.

¿Por qué las mujeres no pueden trabajar en la mina?

La gente cree que si ellas trabajan el oro desaparecerá. El machismo es muy común en Perú y hay creencias antiguas que lo refuerzan. Por eso tienen que trabajar a unos metros de la entrada de las minas, donde buscan oro entre los escombros que dejan los camiones.

¿Cómo es un día de trabajo de estas mujeres?

De la ciudad a la mina hay como 40 minutos o una hora. Lo primero que hacen es una ofrenda al dios Awichihita. Hacen un agujero en las piedras, donde depositan hojas de coca, licor de anís y un cigarrillo encendido. Después trabajan buscando oro desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde. A eso de las seis de la tarde llegan más
pallanqueras.

Son jornadas muy largas. ¿A qué riesgos de salud se enfrentan?

Las enfermedades más comunes que afectan a los mineros son los problemas respiratorios como la tuberculosis. Las mujeres sufren de muchas infecciones urinarias porque no hay cañería o agua limpia; trabajan hasta 12 horas al día y no tienen ningún seguro médico.

¿Reciben alguna ayuda del Gobierno?

El lugar se considera un tugurio. No tiene el estatus legal de una ciudad o un distrito y la población depende sobre todo de la minería. El Gobierno lo sabe y ha habido un proceso de formalización de la industria muy lento en los últimos años, pero nada más. La pobreza es extrema.

¿Cómo encuentran oro en la oscuridad?

Aprenden después de pasar ahí tantos días. Para mí todas las piedras eran iguales, pero una noche que fui con ellas me di cuenta de que podían reconocer qué camión llevaba oro. Creo que lo saben por el tamaño de las piedras.

¿Hay algún otro futuro al que puedan aspirar?

En la ciudad hay muchos bares y restaurantes. Me sorprendió la cantidad de cerveza que hay, está en todas partes. Vi camiones gigantes entrando todos los días. Hay prostitución, especialmente de niñas menores de edad, y no hay ningún tipo de control. Vi que había unos diez policías para dar servicio a una población de entre 50.000 y 70.000 personas, es ridículo.

¿Cómo te sentiste al retomar tu vida después de llevar a cabo una tarea como esta?

Definitivamente me afectó. La cámara tiende a ser una máscara que te protege, pero cuando te la quitas te afecta como persona. La pobreza en Perú y en Latinoamérica está en todas partes; incluso en la periferia de Lima puedes encontrar gente viviendo en las condiciones más precarias. Estar en contacto con estas realidades realmente te cambia la vida y te hace valorar las cosas de una manera diferente.

Entrevista por Laura Rodríguez Castro. Síguela en Twitter.