El gato sagrado

William S. Burroughs encontró, por fin antes de morir, el amor y la redención gracias a sus gatos.

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31 Octubre 2012, 10:23am

William S. Burroughs con su gato Ginger en el patio de su casa en Lawrence, Kansas.

El escritor William S. Burroughs hizo público su amor por todo lo felino en su libro The Cat Inside, en el que se refiere a los gatos como "compañeros psíquicos" einnatos "enemigos del Estado". En la entrada final en su diario, escrita poco antes de fallecer, Burroughs hablaba del amor como el definitivo curalotodo. La cita aparece destacada en mi documental William S. Burroughs: A Man Within. Lo que se me pasó mencionar en la película es que el amor en concreto al que se refiere es el que sentía por los gatos. La entrada, un poco más completa, dice así:

Lo único que puede resolver conflictos es el amor, como el que sentí por Fletch y Ruski, Spooner y Calico. Amor puro. El que siento por mis gatos presentes y pasados. ¿Amor? ¿Qué es? El más natural calmante que existe. AMOR.

Burroughs estuvo suscrito varios años a Cat Fancy, revista de la que guardaba cientos de números en su biblioteca particular. En mayo de 2010, su agente, James Grauerholz, propuso a otra revista afecta a los gatos un artículo sobre el inquebrantable amor del escritor por sus mininos. Los editores de la revista debieron sorprenderse bastante ante la propuesta, que empezaba diciendo así.

Aunque se tiene a William S. Burroughs como uno de los más importantes escritores del siglo XX, su genio artístico se ha visto a menudo relegado a un segundo plano por las historias acerca de su estilo de vida: fundador del movimiento beat; su adicción a las drogas y su homosexualidad; el disparo accidental que recibió su esposa durante un número de Guillermo Tell y, posteriormente, su estatus no oficial de padrino del movimiento punk rock. De todas las salvajes historias que abundaron en la vida de Burroughs, la mejor (y más secreta) llegó al final: que antes de morir encontró por fin el amor y la redención gracias a sus gatos.

Los editores de la revista, de forma absurda, desestimaron la propuesta, y ahí quedó el tema. Todo y así, la última risa fue de Burroughs: una rápida búsqueda en internet de los términos Cat Fancy's HQ da como resultado la dirección "3 Burroughs Drive", en Irvine, California (el escritor era de la creencia que el número 3 posee poderes especiales).

Ya cercano el ocaso de sus vidas, el poeta Allen Ginsberg le preguntó a Burroughs si deseaba ser amado. "Depende... ¿Por quién o por qué?", replicó. "Por mis gatos, sin duda". Teniendo en cuenta declaraciones como esta, no es una sorpresa que a lo largo de los años cuidara de una larga lista de gatos en su hogar en Lawrence, Kansas. En cierta ocasión, hablando con un joven amante de la posibilidad de un ataque nuclear, Burroughs afirmó que lo que más le preocupaba de un ataque era lo que les pasaría a sus gatos.

Además de la devoción que sentía por sus amigos de cuatro patas, Burroughs sintió asimismo un gran amor por todo lo relacionado con la ciencia, el ocultismo, la magia y la subversión de la tradición y los sistemas de control. Recibió una educación reglada en la universidad de Harvard y durante un tiempo estudió medicina en Viena, antes de abandonar la carrera para iniciar una vida como escritor.

Roger Holden, inventor, vive en Lawrence y fue buen amigo de Burroughs. Compartía con el escritor su amor por los gatos, por la ciencia y por desafiar los convencionalismos. Roger empezó a interesarse en la ciencia a través de los ordenadores; en concreto "a la síntesis sonora de audio digital y el primer buffer de vídeo basado en un chip de memoria de silicona" (es decir, la televisión digital). Roger inventó una cámara robotizada que se emplearía para filmar tomas de los libros que aparecían en la serie infantil de televisión Reading Rainbow, y ha trabajado durante años en un sistema de proyección holográfica inspirado en R2D2 que él confía en que se pueda presentar al público a finales de este 2012.

Los dos hombres colaboraron en varios proyectos durante los años en que el escritor vivió en Kansas; entre esos proyectos estaban los estereogramas 3D (conocidos más tarde como imágenes Magic Eye, ese ubicuo fenómeno en los años 90), expuestos en 1996 en el Los Angeles County Museum of Art como parte de la exposición Ports of Entry.

Aún más importante para su estrecha amistad resultó el hecho de que cuando Marigay, el querido gato blanco de Burroughs, cayó enfermo, Roger se hizo responsable de eludir a la medicina establecida tradicional y salvar mediante métodos alternativos la vida de la criatura a la que Burroughs consideraba "el gato sagrado".

Roger Holden en su domicilio en Lawrence, Kansas. Foto de Barrett Emke.

VICE: ¿Cómo llegó usted a ponerse a cargo de los gatos de Burroughs?

Roger Holden: Yo me dejaba caer por su casa cada dos meses, más o menos; cenábamos y hablábamos de cosas de que nos interesaban a los dos. Ovnis y cosas así. William se percató de que me importaban mucho los gatos y me preguntó, "¿Estarías interesado en tener un gato si yo alguna vez te diera uno?" Le respondí que sí, sin duda. Un día me llamó y me dijo que tenía un gato que se había encontrado en el porche de su casa. El animal había sobrevivido a un accidente de automóvil de algún tipo y lo había llevado a un veterinario, que le devolvió la salud. Entonces me lo ofreció y yo lo acepté. Le puso de nombre Porch, por habérselo encontrado en su porche. Durante los años siguientes y hasta que murió el gato en 1995, William se hizo cargo de las facturas del veterinario de Porch. El veterinario, cada vez que enviaba un informe médico o una factura, se refería al gato como Porch Burroughs. Yo siempre hice lo mismo: le puse Burroughs de apellido a cada gato que me regaló. Porch contrajo leucemia felina. Era muy triste verlo. Intentamos curarlo con medicina tradicional, pero finalmente murió. Me dije a mí mismo que si alguna vez William me regalaba otro gato y el animal contraía una enfermedad, intentaría buscar algún tipo de tratamiento alternativo.

Mucha gente del pueblo conoce la historia de cómo llegó a ser dueño de Marigay, el "Gato Blanco" de Burroughs. ¿Cómo fue?

En enero de 1997 recibí una llamada de William. Me dijo que estaba buscando un hogar para un gran gato blanco. Me preguntó si le podía ayudar, porque al parecer ese gato no se llevaba bien con los otros. Un par de días después me pasé por su casa para recoger al minino; William fue a su librería y cogió un libro titulado El gato en los misterios de la magia y la religión, de M. Oldfield Howey. Lo abrió en un capítulo dedicado a la historia de los gatos en la magia antigua y dijo, "Este es Margaras, el Gato Blanco; el gato sagrado", y que tenía que leer un apartado en el que se daba una perspectiva general del gato con relación a la magia y la historia. Me di cuenta de inmediato de que este "Gato Blanco" que había encontrado era, según el punto de vista de William, muy especial. Algunos conocieron al gato como Marigay, pero más adelante yo le cambié el nombre por el de Butch Burroughs. Dejaba a Butch que vagara a su aire por las calles de Lawrence, y lo cierto es que era un pendenciero. Pero dentro de casa siempre fue muy amistoso.

William falleció en agosto de 1997 y, coincidencia o no, justo en el período de su muerte Butch desapareció. Lo encontramos tres días después en un refugio de animales. A su regreso aún seguí dejándole que vagabundeara por las calles, pero un día, en primavera de 1999, un pastor alemán le atacó y persiguió justo hasta el porche de mi casa. Creí que no había pasado nada, pero al día siguiente vi que tenía un mordisco muy feo. Lo llevé al veterinario favorito de William. Allí le curaron la herida, pero también descubrieron que Butch padecía leucemia felina en fase terminal. Le quedaban unas semanas de vida. Decidí, como me había prometido años atrás, que esta vez buscaría un tratamiento alternativo. Entré en un periodo de profunda meditación, de contemplación, sobre todo acerca de mi fe en el universo y en mi amistad con William. Confiaba en que, de algún modo, quizá por intuición, me llegaría una respuesta. Busqué en internet y hallé varias soluciones complicadas y tratamientos que proponía gente de todo tipo. Alguien afirmaba de un modo un poco vago que a su gato lo habían tratado con una mezcla herbácea llamada té essiac y que había tenido unos notables efectos sanadores.

La última foto conocida de Butch Burroughs, tomada unas semanas antes de su muerte. Imagen de archivo por cortesía de Roger Holden.

Por lo que sé, el té essiac era una medicina habitual entre los americanos nativos. Hay que destacar que el gato se encontró en la casa de Burroughs, que estaba muy cerca de Haskell, una de las pocas universidades indígenas americanas nativas. ¿Es correcto?

Sí. Investigué ese té y descubrí que se basaba en una fórmula desarrollada por un hombre-medicina de la Nación Ojibwe. Me pareció que la mejor manera de empezar el tratamiento sería con una variedad llamada FlorEssence, que es una mezcla de ocho hierbas. Especialistas de la compañía me aconsejaron que le diera a Butch una cucharada sopera o dos al día, con un cuentagotas o mezclado con alguna comida suave. De darse algún resultado beneficioso, más adelante podría ir reduciendo la dosis. Tres semanas más tarde, el veterinario le hizo unos tests sanguíneos a Butch y determinó que el número de leucocitos había aumentado notablemente. Tanto, de hecho, que el doctor dijo que habían empezado a llamar a Butch Burroughs "el gato milagroso".

¿Cómo reaccionó usted a esto?

Me entusiasmé mucho. Me concedí dos o tres meses antes de decidir si aquello había sido un éxito o no, pero para entonces Butch ya estaba casi completamente curado. Su vida entre 1999 y 2005 fue sana y robusta, lo cual, en mi opinión, se puede atribuir al uso de té essiac. Me habían dicho que como mucho viviría tres meses, pero duró más de cinco años.

Tomó usted la salud y bienestar del gato en sus propias manos, y esto es un concepto muy burroughsiano: cortocircuitar las estructuras de control para descubrir formas alternativas de tratamiento. Burroughs siguió esta línea de pensamiento con cosas como la magia, el acumulador de orgones, la Wishing Machine, la Dream Machine, la apomorfina y el yagé como tratamientos para la adicción, etc. Creo que a él habría apoyado su forma de actuar con Butch. ¡Menudo éxito!
Lo veo como un éxito compartido entre William, el gato y yo. Mi forma de actuar estuvo directamente inspirada en Burroughs. Habíamos hablado en muchas ocasiones de métodos para mejorar la salud suprimidos o poco conocidos. Hablamos, por ejemplo, de los orgones, de la vitamina B1, de las frecuencias Rife y de ciertos ejercicios abdominales yoga. Tenía esas charlas en la cabeza cuando decidí buscar soluciones para el Gato Blanco. De seguir vivo en el plano físico, estoy seguro de que William querría que se hicieran públicos los potenciales beneficios de subvertir los métodos de sanación aprobados oficialmente.

Una imagen al microscopio de la leucemia felina, una enfermedad común y, por lo general, incurable que Roger Holden eliminó con la ayuda del té essiac. Foto cortesía del CDC.

¿Cree que lo de Butch pone de manifiesto fallas en la medicina establecida, al menos en el apartado veterinario?

Sí. Yo confío en que mi experiencia con el Gato Blanco y el té essiac contribuya a que se haga una investigación científica de su potencial uso en el tratamiento de las enfermedades crónicas. Creo que podría ser muy beneficioso tanto para la gente como para los animales, pero la burocracia científica se interpone en el conocimiento de la verdadera efectividad de estos tratamientos. Es lamentable que hoy en día nos lleguen constantemente informaciones de que los únicos medicamentos autorizados contienen agentes químicos que provocan terribles efectos secundarios. ¿Qué bien se supone que hace tener "mejor acceso" al sistema sanitario si tus únicas opciones de tratamiento son las que te dan las grandes corporaciones farmacéuticas? ¿No sería genial si el legado del Gato Blanco, Marigay, fuese un simbólico rayo de la luz blanca de la verdad que desafiara a los todopoderosos centros de control?

A mí me parece que Burroughs veía a médicos, veterinarios y curas como posibles agentes de un sistema de control organizado mucho tiempo atrás para mantener a la gente contenta y obediente a través de medios generadores de dinero, como los antidepresivos o la religión. Supongo que, para que la llamada "ciencia" avance, debemos a veces hacer nuestras propias investigaciones al margen del sistema de pensamiento aceptado.

Y yo no podría estar más de acuerdo. Por otra parte, he de decir que él tenía el mayor de los respetos por el veterinario y había tenido muy buen trato con él. La ciencia que yo practico es de un tipo que la gente puede explorar y que, de hecho, algunos ya exploran por su cuenta. Por ejemplo, animo a todos a que busquen las recientes noticias acerca de que el extracto de própolis de abeja podría potencialmente ser de ayuda para reducir el tamaño de los tumores de cáncer de próstata.

Como Burroughs escribió en The Cat Inside, "Joe pone una gatera encima de la mesa de la sala de juntas. Con cuidado extrae de ella un gato blanco. Los miembros del consejo se arrastran debajo de la mesa, gritando, "¡EL GATO BLANCO! ¡EL GATO BLANCO!" El apéndice a esto podría ser: "El Gato Blanco había expuesto el fraude, el veneno, los tratos obscenos. Nuestro dinero y poder y control se disolverán".

¿Dónde descansa ahora el Gato Blanco?
Está enterrado junto a los otros gatos de William, en el cementerio de gatos de su patio trasero.