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Cultura

Pánico satánico: la historia de la unidad policial antiocultismo de Sudáfrica

En septiembre de 1999, Rina Radloff, una millonaria de 51 años, fue encontrada muerta en su lujosa mansión de Sudáfrica. Había sido apuñalada. La policía encontró "dibujos extraños" en una habitación: estrellas de cinco puntas y figuras sombrías.

por Karl Kemp
17 Abril 2015, 5:52am

(Foto por Steve Isaacs vía)

En septiembre de 1999, Rina Radloff, una millonaria de 51 años, fue encontrada muerta en su lujosa mansión de Sudáfrica. Había sido apuñalada después de haber abierto la puerta de su casa. Un rastro de sangre llegaba hasta su estudio en el primer piso. Encima de su escritorio habían dejado una nota con una adivinanza sin sentido. La policía encontró "dibujos extraños" en una habitación de la planta baja: estrellas de cinco puntas y figuras sombrías.

Dos semanas después del asesinato, la policía recibió notas por fax que contenían detalles que solo el asesino podía saber. Se empezó a sospechar del exesposo de Radloff, quien se había casado con Antoinette Radloff, una mujer excéntrica conocida por su inclinación por lo "oculto". Las investigaciones comenzaron cuando Antoinette fue llevada a interrogatorio. Fue un largo proceso plagado de artículos sensacionalistas en prensa que aseguraban que ella era capaz de "transformarse" y de "mover cosas con los ojos", y terminó con su suicidio en diciembre de 2000.

Dos años después, dos jóvenes del municipio vecino fueron sentenciados a cadena perpetua tras haber sido acusados del asesinato de Rina. Estos confesaron que Antoinette los había contratado. Un extraño caso que terminó con un desenlace muy vulgar, si no fuera porque los medios locales pasaron algo por alto: fue el Dr. Kobus Jonker, alias "Sabueso de Dios", presidente de la Unidad Sudafricana de Delitos Relacionados con el Ocultismo, quien interrogó a Antoinette debido a la naturaleza "oscura" del caso.

Esta Unidad Ocultista era —y probablemente sigue siendo— la primera y única de su tipo. Jonker la fundó en 1992 a petición del ex Ministro de Orden y Justicia, Adriaan Vlok, durante los últimos siete días del Apartheid. No obstante, su origen se remonta a los años 80, con la proliferación de ritos satánicos inspirados en Dragones y Mazmorras.

El fenómeno afectó a los blancos sudafricanos —una comunidad con un fuerte legado calvinista y conservador— más intensamente que en ninguna otra parte del mundo, excepto, tal vez, Estados Unidos. Muy recientemente, a principios de los 2000, muchos niños afrikáans tenían prohibido leer Harry Potter , pues este contenía descripciones detalladas de conjuros. Tampoco podían comprar patatas Lays que tuvieran objetos coleccionables de Pokémon, ya que los niños supuestamente se mataban entre ellos para conseguirlos todos. Lo que habría sido una anécdota casi olvidada de paranoia mundial se había convertido en una cacería de brujas en Sudáfrica, auspiciada por el gobierno y aprobada por la comunidad; la Unidad de Crímenes Ocultistas canalizó toda esa sensación colectiva de paranoia, fanatismo y miedo durante su mandato.

Jonker es un cristiano renacido: al parecer, en algún momento de su vida presenció un ritual de sacrificio que lo dejó muy sorprendido, hasta el punto de despertar en gran medida su interés por la investigación de lo oculto. El caso Radloff no era su primera incursión en lo que él consideraba el bajo mundo del satanismo sudafricano, pero estuvo a punto de ser el último —se retiró después de haber sufrido un infarto en el año 2000—. Antes de eso, escribió varios libros sobre el tema, viajó por todo el país dando charlas en varias escuelas, escribió artículos para la revisa comunitaria policial SERVAMUS (Sirvamos) sobre cómo identificar a los satanistas, e investigó casos de asesinato que tenían supuestos nexos con el satanismo.

Jonker dice haber investigado hasta 250 casos al año durante los 90. Él creía que había cientos de satanistas activos en Sudáfrica. Según otro artículo de SERVAMUS, citado por el Sunday Paper City Press en septiembre de 2000, Jonker había recibido amenazas de muerte por parte de un grupo de satanistas que le había enviado por correo unas manos de babuino. La sección de la Unidad Ocultista en la página del Servicio Policial Sudafricano fue retirada en 2006. Sin embargo, gracias a la magia del internet, aún está disponible.

La página oficial ofrece una lectura desconcertante. En ella se alerta sobre un "posible discurso destructivo relacionado con lo oculto" con "cambios en la apariencia del dormitorio del niño", "que el niño de repente experimente confusión de género", "que le guste jugar a juegos de fantasía", "el rechazo a los valores de los padres", "que se cubran el ojo izquierdo con el pelo" y otras descripciones similares.

Como era de esperar, ser cristiano era uno de los requisitos para formar parte de la unidad.

Los artículos de las revistas de la época en que sucedió el caso Radloff pintan un retrato holístico de Jonker: un hombre que tiene en cuenta todas las posibilidades y que se mantiene firme en medio de un entorno escéptico. Supuestamente, Jonker logró disolver siete grupos satánicos al este de Ciudad del Cabo y solo otros dos grupos consiguieron esquivarlo. Según las anécdotas de aquella época, incluso encontró la cabeza de una mujer en el armario de un piso y vivió varios episodios de lo que Jonker llama posesiones demoníacas y denuncias sobre policías satánicos que irrumpían en la oficina de Jonker para sabotear su trabajo.

Kobus Jonker en la Unidad Ocultista (Captura de pantalla vía).

Jonker se mudó de los cuarteles de Pretoria a otra oficina (y probablemente el resto de la Unidad Ocultista también). Su notario se negaba a entrar a su oficina, repleta de horribles souvenirs de sus aventuras, como velas hechas de grasa humana, biblias encadenadas y cráneos de animales. Una placa en la entrada rezaba: " Onde Jesus Bloed", que significa "Bajo la sangre [protección] de Jesús" en afrikaans.

Una serie documental llamada Witness (Testigo) siguió las vicisitudes de Jonker y su adjunta, Rietta Everton, hacia finales del milenio, durante el inicio de la investigación del caso Rina Radloff. En el documental, se puede ver cómo registraban la vivienda y la posterior detención de Antoinette. No queda claro en calidad de qué actuaban Jonker y Everton, aunque el narrador sí hizo alusión sus actividades dentro de la Unidad Ocultista: trabajaban desde sus oficinas en Pretoria, pero recibían llamadas de todo el país para acudir a otros distritos, donde se encontraban con otros detectives para hablar de casos particulares. Sin embargo, no había pruebas de que alguno de esos crímenes estuviera relacionado con lo sobrenatural. La pareja trabajaba con indumentaria de civil y no se hacía mención alguna al tamaño, el presupuesto o la dirección de la unidad. Ciertamente no andaban pavoneándose como una especie de escuadrón tipo Cazafantasmas, sino que eran meros detectives llamados para casos especiales.

Curiosamente, sin embargo, Sudáfrica sí se tomó el satanismo muy, muy en serio, al menos entre ciertos sectores de la población. La fascinación con lo oculto no ha desaparecido, ni siquiera después de que el Doctor Attie Lamprecht —sucesor de Jonker en el año 2000— anunció en 2006 que la Unidad Ocultista había sido disuelta oficialmente y que había sido absorbida por otros departamentos dentro de los Servicios de Detectives. Esta disolución se debió a la consideración de que dicha unidad podría considerarse una violación del derecho de libertad de religión, garantizado en la Constitución post-Apartheid de 1996. Esto sucedió en vísperas de un escándalo ocasionado por varios grupos religiosos paganos y de otro tipo que acusaban a la unidad de confundir las prácticas e identidad paganas con rituales satánicos.

A pesar de las protestas de los grupos, el miedo permanece. Tomemos por ejemplo los siguientes casos: en 2012, se trató de boicotear el tour Born This Way de Lady Gaga por considerarse satánico y el año pasado, la estrella del pop Toya DeLazy fue acusada de satanismo por esta portada. La tragedia es que, en medio de esta red de sistemas de creencia alternativos que abarca el paganismo, el satanismo y las culturas africanas tradicionales con sus prácticas medicinales alternativas, hay personas que están siendo asesinadas, asaltadas o a las que se les está lavando el cerebro. Los asesinatos con tintes ritualistas o satánicos casi siempre son gran noticia en Sudáfrica. En muchos casos, Jonker ha sido llamado para acudir a juicios en calidad de "experto".

En 2012, la filtración de una nota interna de la policía reveló que la Unidad Ocultista parecía haber sido resucitada, aunque bajo un nuevo nombre: la Unidad del Servicio Policial Sudafricano de Prácticas Religiosas Nocivas.

Al redefinir los crímenes ocultistas como "delitos relacionados o que tienen su origen en una presunta creencia en lo sobrenatural que incita a la comisión de dicho delito", la unidad adquiere un aire más práctico que fanático. El énfasis está puesto en prevenir las cacerías de brujas, una práctica popular en sectores rurales, así como las prácticas rituales delictivas. Sin embargo, todo este esfuerzo por parecer sensato se ve en cierta forma socavado por la inclusión de "maldiciones cuya intención es hacer daño", "vampirismo", "intimidación espiritual, incluida la coerción astral" y "acusaciones de violaciones por parte del demonio Tokoloshe".

Otros informes apuntaban a que el Dr. Jonker había regresado para formar detectives y dotarles de las capacidades necesarias para combatir lo oculto. El enfoque esta vez pareció haber cambiado hacia las amenazas reales y tangibles de lo oculto y no a conspiraciones clandestinas de dudosa procedencia. No obstante, viendo cómo el Sabueso de Dios había formado a sus oficiales y cómo la lista de delitos ocultistas aún traía ecos del sentimiento de los 90, ¿cómo podríamos estar seguros?

Lo que acabó de enturbiarlo todo fue que el Parlamento no pudo dar a los miembros de la oposición estadísticas oficiales sobre el número de crímenes relacionados con el ocultismo. Dianne Kohler Barnard, de la Alianza Democrática, la oposición oficial frente al mayoritario Congreso Nacional Africano, fue la diputada que encabezó la carga.

En respuesta a un email sobre las estadísticas, Barnard dijo: "En 2012, el Servicio Policial Sudafricano restableció la Unidad de Delitos Nocivos Relacionados con el Ocultismo. Hicimos una pregunta el año pasado y la respuesta fue que se necesitaba recaudar información de las provincias. La pregunta planteada al Ministro fue cuál era el número de delitos relacionados con el ocultismo ocurridos en el último ejercicio económico después de publicarse los informes del Daily Sun alegando que la Unidad de Crímenes Relacionados con el Ocultismo iba a ser restablecida. Nos dijeron que la información aún no estaba disponible".

La triste realidad de la situación es que realmente hace falta una unidad que se encargue de los asesinatos relacionados con la muti (medicina tradicional sudafricana) y con los rituales. "Uno de los peores incidentes fue el de un niño de diez años a quien le sacaron los ojos y un hueso del brazo y le cortaron la nariz, las orejas y un hombro. Probablemente se tratara de un asesinato por muti", dijo Kohler Barnard.

Kohler Barnard volvió a remitir una nueva consulta al Parlamento a finales del año pasado y se reveló oficialmente que hay 40 detectives dentro del Servicio Policial Sudafricano que han recibido formación específica para lidiar con lo oculto, pero que no existe un grupo dedicado a dicha tarea. Esta es la situación actual en 2015: turbia, insegura, con un pasado turbulento y controvertido. Existe un grupo, pero no se sabe con certeza si se están abordando problemas reales o si están persiguiendo a los fantasmas de los años 80.

Sobre las preguntas acerca de la estructura de la organización, los costos de operación y logística, así como de las aspiraciones ideológicas de transparencia y contabilidad que esto ha generado sigue planeando una incógnita: ¿cuál es la verdadera función de esos 40 oficiales y cómo puede estar segura Sudáfrica de que no actuarán como lo hizo la Unidad del Ocultismo en los años 90, cuando Lamprecht y Jonker siguen estando involucrados en ella?

Sin estadísticas gubernamentales oficiales es imposible saberlo, lo que significa —al menos por ahora— que tendremos que arreglárnoslas con los nuevos hechos que tenemos.

@karlkemp8