Fotos por Gustavo Mendoza Lemus.Apenas cumplía 15 años. A diferencia de muchas chavas de esa edad, no quería una fiesta aburrida con mi familia ni un vestido rosa; quería rockear. Era el año 2001 y el mítico Café Iguana era el sitio ideal para ello.Por primera vez pisaría el mejor antro de Monterrey, según mis amigos más grandes que ya lo conocían. Ese día se realizó una tardeada con acceso para todas las edades para ver a Jumbo, grupo regiomontano medio fresa que ofreció dos conciertos en el mismo lugar, uno para menores y otro más tarde para los mayores.
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Desde el primer instante, sentí una fuerza de gravedad atrayéndome al lugar. Grupos de chavos platicaban y reían sentados en las mesas hechas con pedazos de azulejos multicolores. El lugar era como un laberinto, del que necesitaba conocer su fin. En un cuarto, un acuario y un Cristo gigantes, además de máscaras africanas decoraban los muros. Las otras paredes lucían formas tribales en rojo y azul que complementaron la atmósfera.El fácil acceso a través de las empedradas calles del Barrio Antiguo en el Centro de Monterrey era también parte de la magia de esa casa ligada al número 927 en la calle Diego de Montemayor.En el patio, alrededor de 300 personas se amontonaron y esperaron la aparición de Jumbo en el escenario, quienes tocaron todas las canciones de su primer álbum, Restaurante, y el cover “Lo dudo” del disco Tributo a José José. Al finalizar, intenté esconderme en la terraza hasta que empezara el segundo concierto pero Pablote, un sujeto de dos metros de estatura, tez morena, cabeza rapada, con tatuajes y perforaciones, encargado de la seguridad del bar, me detectó de inmediato y me pidió que me fuera a mi casa. Con tristeza lo hice, pero desde entonces me hice adicta al Café Iguana. Muchos fines de semana los pasé ahí, en el Café Iguana conocí a uno de mis novios, lloré por algún otro, hice amigos y disfruté de los conciertos.
Desde su inauguración el nueve de mayo de 1991, el Café Iguana fue el impulsor del rock y demás géneros como el punk, hip hop, metal, reggae y otros, en la ciudad. Por ahí pasaron los mejores de la música alternativa nacional e incluso hasta internacional, vi bandas como Tijuana No, Los de Abajo, Easy Star All Stars, Disolución Social, Arturo Meza, Alika, Cultura Profética, Misfits, The Whitest Boy Alive, El Gran Silencio, Celso Piña, Lost Acapulco y más.
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Nada más que en 2009 empezó a calentarse el asunto. Se decía que en los sanitarios de hombres del Café Iguana, integrantes de los Zetas vendían drogas. El Café Iguana no fue el único que no se pudo defender. Todo el Barrio Antiguo sufrió la violencia. Dos años más tarde, en el marco de la celebración de su 20 aniversario, el 22 de mayo de 2011, ocurrió una balacera perpetuada por cuatro hombres en la entrada del lugar, tres de ellos equipados con armas cortas y uno con cuerno de chivo.Adentro, en la sala de conciertos, todavía se escuchaba el beat del dj regiomontano Redline, cuando los sicarios asesinaron a cuatro hombres afuera, entre ellos Pablo César Martínez Pablote, de 36 años, y Fermín Gerardo Sánchez El Enano, de 31, que trabajaron de seguridad en el Café Iguana durante 18 y 10 años, respectivamente. Los otros dos eran albañiles de Tlaxcala clientes del Café Iguana, según la información de un noticiero.Minutos más tarde cuando las ambulancias ya habían arribado al lugar, los sicarios regresaron y se llevaron el ensangrentado cuerpo de Pablote y de los dos supuestos albañiles, El Enano alcanzó a esconderse detrás de un auto estacionado. Hasta la fecha no se sabe nada de Pablote.Entonces, cerraron el café definitivamente y por un rato, todo valió madre. Aunque el que quiere rockear, rockea donde se pueda.Un par de años más tarde y once después de la tocada de Jumbo, cuando llegué por primera vez, el miércoles 12 de junio de 2013, más de 500 personas acudieron a la primera noche de la resurrección del Café Iguana.
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Esta noche, algunas personas se ven temerosas de entrar al ver los 42 impactos de bala que aún permanecen en la fachada verde olivo del Iguana, pintada de nuevo hace un par de meses. Atraviesan la puerta donde aún está un moño negro para recordar a Pablote y al Enano. En la ventana de la entrada, se divisan unas velas encendidas, flores blancas y dos inciensos, cuyo aroma se entremezcla con el de las rebanadas de La Pizzaguana, que ya están listas para servirse en la sala grande de conciertos (estrenada por Rata Blanca en el 2003). La excusa para abrir el Café Iguana fue la proyección de la cinta Feel The Reggae, como parte de la Semana de Cine Documental del Barrio Antiguo. La película, dirigida por Luis Ramos, aborda la evolución musical del grupo Viento Roots ante el clima de violencia en Nuevo León.Al igual que aquella presentación de hace once años, este también es un evento para todas las edades. Chavos y chavas adolescentes, con impresión e incredulidad, toman sus primeras fotos del Café Iguana como si estuvieran en un museo. No hay niños pero una chica carga en su espalda a su bebé, mientras se toma una coca con hielos. Que haya menores de edad significa que no hay venta de cerveza, ese líquido dorado que mengua la ansiedad y el calor, primordial en todas las fiestas, razón por lo que varios sedientos optan por algún otro lugar con venta de alcohol, no obstante, el Iguana luce lleno.
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Volver al Café Iguana, para muchos fue una experiencia extraña, de no ser por los huecos de balazos que aún están ahí y de las nuevas generaciones que asistieron a verlo, pareciera que sigue completamente igual, los mismos amigos en el mismo lugar. Todavía se guardan esos recuerdos que algunos consideraron el Café Iguana como su segunda casa.
Cuando la proyección finalizó, abrieron el telón dejando ver a Viento Roots iluminado por una luz verde, el color del reggae.Aun sin cerveza y con un calor intenso, no fue impedimento para que los asistentes bailaran y corearan junto con el grupo las rolas que tocaron.Hacía mucho tiempo que no se veía tanto movimiento en el Barrio Antiguo. Personas entran y salen. Dentro del Café recorren los cuartos, los escenarios, el patio, la terraza, una de esas personas es Foni, el dueño del Café Iguana, un hombre de 46 años, delgado, de tez blanca y con la cabeza rapada, que siempre mantiene una sonrisa en su rostro. Nervioso y emocionado a la vez, se encarga de que todo esté bien.Los ocho integrantes de Viento Roots, el primer grupo que se presenta en el Café Iguana después de dos años sin actividad, abren el show con la canción “El secreto” para luego seguir con un repertorio de más de una hora con las canciones “Let the Fyah Burn”, “Si te vas”, “Paleta de colores”, “Pasará”, “Pensando claro”, “La bruja” y “Sale el sol”.Al terminar, Azrael, el cantante de la banda habla de la situación a la que se ha sobrevivido en Monterrey y dijo unas palabras de aliento para los chavos que los escuchaban con atención. Durante los últimos años muchos perdieron amigos y familiares, que fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados en manos del narco, quienes colapsaron la libertad y acabaron con el Barrio Antiguo y gran parte del corazón de Monterrey. Sin embargo, de la oscuridad nace la luz y parece que el Café Iguana está naciendo de nuevo.Sigue a Alma Vigil en Twitter: @almillavigil
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