
Rubén Martín Giráldez: Soy de la opinión de que todos deberíamos tener la oportunidad de morir. No, la duda que nos planteábamos era si titular el libro ¡Despidan a esos cabrones! O ¡Despidan a esos hijos de perra! (ésta era bonita, no me lo negarás) y si debíamos conservar los signos de exclamación, pero nos decidimos por algo menos duro y malsonante. De las conversaciones con la editora de Alpha Decay, Ana S. Pareja, surgió también el acuerdo de normalizar la apariencia del libro —que está escrito sin signos de puntuación, prácticamente— para no convertirlo en un producto completamente prohibitivo. Entendemos la necesidad del bocajarro, amamos la estética del bocajarro, de la palabra a quemarropa; pero no queríamos reducir más el número de lectores posibles del texto. ¿No crees que hacerse crítico cultural es la mejor forma de conseguir libros, discos, entradas, camisetas, sexo y drogas gratis?
Ni idea, la opción de vida más ambiciosa y bien ejecutada que se me ocurre ahora mismo es la de Xuxa Meneghel (reconozco que he estado a punto de decir Mengele): del porno a la canción infantil. Imagino que, como mínimo, camisetas gratis debe de conseguir a espuertas. Siempre he odiado los reportajes que empiezan con "Estamos aquí el ministro de Justicia y yo desayunando un chocolate con churros en el bar Perico, en una bonita mesa tapizada de verde esmeralda, con ribetes amarillos". A Green le falta el cliché del "Soy crítico y me saco la polla". En las fiestecillas literarias, ¿quién la tiene más grande? ¿Los escritores o los críticos?
No estoy de acuerdo, el libro de Jack Green es todo polla. De hecho, ahí radican sus defectos y su falta de objetividad, que, en mi opinión, son también sus mayores virtudes. Sería muy difícil bastir una crítica después de perseverar en todas las restricciones que impone Green. El panfleto es un enorme vaso de ira, Green es un Maldoror con rayos ortotipográficos en los ojos, pero pocas veces se aplica su propia disciplina: ¿por qué abomina de afirmaciones que él mismo describe como «una serie de golpes sarcásticos por debajo de la cintura»? Comete tantas injusticias como denuncia; su crítica está empañada (y animada, no digo que no) por el ensañamiento. No está mal, es posible que la crítica vivaz deba superar a la crítica desdeñosa, si es que son opuestas. Lo de las fiestas me es muy ajeno, lo siento. ¿No te parece que Pynchon y Salinger deben de estar ya un poco hasta las narices de que les endiñen la identidad de cualquier escritor que quiera permanecer en la sombra? Estoy empezando a pensar que ninguno de los dos existe; son el mayor logro de una agencia de dobles.
Bueno, precisamente, yo conocía el libro de Green después de hacerme con un ejemplar de The Letters of Wanda Tinasky, una serie de cartas al director, críticas y mordaces, que aparecieron en un periódico californiano —el Anderson Valley Advertiser, de la localidad de Mendocino—: la tal Wanda decía ser una desahuciada que vivía bajo un puente. Se atribuyó su autoría a Pynchon durante cierto tiempo, aunque mucho después se descubrió que las escribía el poeta de la generación beat Tom Hawkins. A quien habría que buscar de verdad es al autor de los blurbs firmados por Thomas Pynchon (bueno, algunos son más del tipo «el libro que supuestamente le gustó a Pynchon»), ése sí que no para. ¿Has podido dar con algún número de newspaper? ¿De qué más hablaba Green, además de poner a parir a los reseñistas de Gaddis?
Me puse en contacto con el crítico Steven Moore, que se había ocupado de la edición del texto de Green para Dalkey Archive en 1992; fue muy amable, pero me explicó que ya no conservaba sus ejemplares de aquella especie de fanzine: acababa de donar todo su archivo relativo a Gaddis a una universidad de Texas. Como finalmente no se iba a incluir material gráfico adicional en la edición de Alpha Decay, no he visto aún el aspecto que tenía newspaper. Por lo visto, las copias de Moore se deshacían en las manos. Sé que había crítica de libros, firmas invitadas, algún artículo autobiográfico, de opinión… La verdad es que Jack Green hace mucha gracia porque su fanatismo resulta sangrante y convincente, pero lo que él quería era que Los reconocimientos fuese leída como es debido. ¿Se atreverán los lectores de Green con Gaddis?
Seguro. Gótico carpintero, que acaba de publicar Sexto Piso, es una buena manera de comenzar con Gaddis: es su novela más corta (si no contamos la inacabada Ágape se paga) y tiene una obertura muy divertida. Creo que después saldrá JR y, a continuación Los reconocimientos, que será más o menos irresistible para unos y otros: «En la iglesia, sus feligreses prestaban atención a sus sermones por rigurosa costumbre, y a veces se veían sacudidos por algo incómodamente semejante a un vivo interés».