FYI.

This story is over 5 years old.

La nube negra que nos une

El disco rayado de la pasión

Señores publicistas, déjenos en paz, es solo un partido de fútbol. Una diatriba de nuestro columnista Gabriel Mejía.

Por favor, señores publicistas, dejen de hacernos sentir que estamos en una especie de batalla en donde lo que se juega es el honor, el respeto y todos los valores de nuestra sociedad; donde el enemigo queda diezmado frente al coro unísono de nuestro himno nacional cantado por miles en algún estadio del tercer mundo, y los colores heróicos de nuestra bandera enceguecen al que se atreva, siquiera, a mirarlos de frente. Señores publicistas, por favor, déjennos en paz, es solo un partido de fútbol, es solo un torneo organizado por otra poderosa multinacional a la que, seguramente, nuestra bandera le tiene sin cuidado.

Publicidad

Dejen también en paz las palabras pasión, orgullo y respeto; guárdenselas para otras campañas, porque de tanto machacarlas les están quitando el significado. Por ejemplo, yo ya no estoy muy seguro de lo que es pasión. El diccionario de nuestra venerable Real Academia de la Lengua Española dice que la pasión es lo contrario a la acción, un estado pasivo del sujeto, ¿cómo así?, ¿no se trata la pasión de hacer cosas, de salir a la calle a comprar camisetas y cervezas, televisores y cornetas, volverse ruidoso y gritar?

Pero claro, la cosa no se queda ahí. La RAE también dice que la pasión es la perturbación o afecto desordenado del ánimo. Eso encaja un poquito más, creo yo, con lo que ustedes comunican. Lo que quieren decir, supongo, es que si el equipo de Colombia gana hay que perder la cabeza y perturbarse a tal punto que, endeudarnos para salir a comprar camisetas y cervezas, televisores y cornetas, no es un problema tan grave. Si el equipo pierde, hay gastos también porque uno está perturbado y perdido por la tristeza.

Señores publicistas, estoy cansado de ver idiotas saltando como entes frente a un televisor con el ánimo fingidamente desordenado. Estoy cansado de la mano en el pecho y las muestras impostadas de cariño entre las diferentes razas y clases sociales. Y, créanme señores publicistas, que no se los digo solo por este tiempo de fútbol, se los digo por las campañas de los candidatos, por la del Presidente, por la de un caldo de gallina y una gaseosa. Todo ambientado con ese orgullo patrio, que si ustedes se ponen a ver, señores anunciantes, no es más que una escenografía barata y bien desordenada.

No nos sigan haciendo creer que orgullo es una bandera y pasión, un sombrero vueltiao. No nos metan más escenitas de caras pintadas y rostros desencajados, de abuelas felices y jóvenes que son “pa las que sea”. Las abuelas no están felices y a los jóvenes nos toco ser “pa las que sea”, porque ya no nos hacen un contrato ni a palo y nos tocó volvernos toderos universitarios, toderos con cartón. Ustedes también lo deben saber. Seguramente, a más de uno en la agencia todavía lo tienen de “practicante”.

No digo que sus campañas tengan que hablar de la realidad, eso sería muy inocente de mi parte. A nadie le gusta que le vendan cosas con desgracias o con cosas feas. Pero porfa, bájenle ya a lo del orgullo patrio, bájenle a la pasión, a la sangre. Déjennos en paz.