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18+

Algunas personas nos cuentan sus peores experiencias sexuales

Penes rotos, sangre y malos olores.

Ilustraciones por Daniela George.

EL PEOR SEXO QUE NUNCA LLEGUÉ A TENER

Cuando salía con un novio al que odiaba, conocí a un chico que tocó con su banda en mi fiesta de cumpleaños en 2007. No sé cómo empezamos a hablar y cómo terminé amándolo vía chat. Él tenía novia y yo tenía novio, así que obvio no iba a pasar nada nunca. Un día fui a una fiesta de disfraces vestida de Cindy Lauper. Todos decían que parecía novia fugitiva. Ahí estaba él, no se había disfrazado. Tiempo después llegué a la conclusión de que no lo hizo por amargado. Empezamos a hablar y terminamos besándonos. Más tarde llovió y nosotros en la calle llenos de barro decidimos ir a su casa para no sufrir más (yo con un vestido de novia de los 80 y los ojos pintados de azul). Nos subimos a un taxi en el que me abrazaba todo el tiempo como si nos conociéramos hace años. Llegamos a su casa tipo 6 AM y nos recibió su mamá, súper amable por diez segundos, hasta que se dio cuenta en la situación en la que estábamos y empezó a gritarle a su hijo: "No piensas que vas a dormir todos los días con una chica diferente, ¡¿no?!" Así fue como él me llamó un taxi y se despidió de mí en la puerta de su casa. Ése fue el peor sexo que nunca llegué a tener.

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EL DÍA QUE SE ME ROMPIÓ EL PITO

No estaba circuncidado y nunca jamás me había presentado problema. Jugaba al sexo cuando era un mozalbete, como todos jugamos, con mi novia de entonces. Jugando, pues, a coger, llegó el infierno: una mala penetración por falta de lubricación hizo que el prepucio se tensara tanto que sufrió un desgarre espantoso. Sangré como loco la primera vez. Una vez contenida la hemorragia, seguí con mi vida. Por idiota, traté de volver a coger y se vino de nuevo el charco de sangre. Entonces fui al doctor. Me trató un urólogo republicano del Hospital Español. En su consultorio tenía una enorme bandera comunista como adorno. Que un urólogo tuviera eso en su consultorio me ha parecido siempre la mejor parte de la historia. Soy un hombre con circuncisión ahora. No sé si son pocos los que hayan experimentado ambos estilos de verga, pero puedo decir que la circuncisión es una obra maestra de la ingeniería viril. Hágansela a todos sus hijos.

EL NIÑITO INTENSO DE LAS REDES SOCIALES

Hace ya un tiempo conocí a un chico mucho menor que yo en una fiesta. Me había parecido "simpático" o quizás me había parecido que me podía vengar de mi ex con él. Nos agregamos a Instagram, nos mandamos mensajes, me di cuenta de que estaba en el límite de ser menor de edad, empezaba a decirme cosas lindas y terminó por intensearme. Cada día más intenso. Un día terminó en la misma fiesta que yo, luego en el mismo auto volviendo a casa, y finalmente en mi cama. La persona más insistente que algún día conozca. Tuvimos el peor semi-sexo del mundo gracias a que él era un bebé, y se parecía demasiado a mi hermano menor, y no paraba de decirme cosas sobre que su ex novia era una perra. Yo fría y dura como nunca en mi vida. Tuve que correrlo "amablemente" de mi casa y eliminarlo de todos los medios de internet. Todavía me arrepiento de haberle hablado la primera vez. Terminó por contarle a todos que cogimos horrible. Mi cabeza, mi peor enemigo. Aprendí que insistir no significa poder llegar a sacar lo mejor del otro.

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OBJETO VIOLADOR NO IDENTIFICADO

Yo tenía un muy buen amigo en mi antigua colonia. Seguido salíamos a fiestas juntos. Una noche de peda, en la que yo me había ligado a un cubano, decidimos ir a mi casa a seguirla. Estuvimos un rato platicando y luego cada quien se fue a dormir. Mi amigo a un sillón en mi sala y yo a mi cuarto con el cubanito. Como mi lámpara de escritorio no servía, decidimos mejor apagar la luz para empezar a cachondear a gusto. No tengo idea de a qué hora entró mi amigo, ni cuánto tiempo estuvo ahí. Yo me percaté del jadeo extraño hasta que mi ligue me dijo: "Hay alguien parado ahí atrás". Salimos de la cama y lo corrimos en ese momento. Aunque no creo que haya visto mucho, la cosa fue incomodísima. No lo quiero volver a ver.

LA MAMADA QUE ME LLEVÓ A LA DESGRACIA

En la secundaria fui con tres amigos a Veracruz a pasar las vacaciones de Semana Santa. Todo normal: alcohol barato y una dieta a base de sabatinos y sopas instantáneas. Una noche le pedimos a un taxista que nos llevara a un lugar diferente. Entre cervezas calientes y muchas hormonas, después de un rato convencimos a tres chicas de que regresaran con nosotros al hotel. A los cuatro nos gustó la misma, así que para evitar malos entendidos yo decidí que le haría caso a todas menos a ésa. Teníamos un solo cuarto, entonces tuvimos que aprovechar las instalaciones del pequeño hotel al máximo. Dos amigos su se quedaron en el baño con la chica codiciada. Mi ligue y yo salimos hacia la zona de la alberca. Ya para esas alturas yo sólo tenía una toalla blanca en la cintura. Los besos se hicieron fajes, el faje se convirtió en una mamada y la mamada me llevó a la desgracia. La chica tenía brackets. No se los habían puesto hace mucho. Un mal movimiento hizo que su dentadura de metal se atorara en el frenillo de mi pene y salió mucha, mucha sangre. Corrí a buscar a mis amigos con la toalla toda llena de sangre. Me dijeron que me lavara con alcohol. No se si fue lo mejor pero me dolió un chingo. Pude parar la hemorragia por un rato y regresé para terminar lo que habíamos empezado. Tenía muchos condones a la mano porque cuando empezábamos a coger se llenaban de sangre muy rápido. Pasamos un buen rato, aunque la sangre lo enrarecía todo. Después de eso aprendí a cuidarme mucho más y pensarla dos veces antes de invitar a salir a una chica con brackets.

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DAR BUEN SEXO ORAL NO ES TAN CHIDO CUANDO INTENTAS EXPLICÁRSELO A UN POLICÍA

En base a que prácticamente todos los hombres con los que me he acostado resaltan mi habilidad para dar buen sexo oral, debo aceptar que nací con el don de hacerlo bien. Suena bien, pero a veces no es tan chido (para mí). Una vez, después de salir un par de ocasiones con un "Trophy guy", un típico caso de "me gusta tu cuerpo pero todo lo que sale de tu boca hace que me duela la cabeza", me decidí a hacer lo propio para poder aplicar la bomba de humo y nunca tener que verlo de nuevo. Todo me salió mal. Llegamos a su cuarto lleno de parafernalia de los Steelers hasta donde no te imaginas que puedes ponerla. Empezamos bien, hasta sospeché que telepáticamente sabía qué era lo que yo quería que me hiciera. Luego soltó una frase que he escuchado ya varias veces: "Con esos labios seguro la chupas muy rico, ¿puedes?". Después de un rato de diversión me dijo que estaba a punto de venirse y movió mi cabeza de una forma muy rara que me puso incómoda. Cuando intenté separarme, en un acto reflejo para evitarlo, me estrelló la cara con su rodilla. Nunca me habían dado un putazo tan cabrón como ése. Me empezó a sangrar la nariz a chorros y terminamos en la sala de urgencias. Lo peor fue tener que explicarle lo que había pasado al policía que llamaron las enfermeras por que creyeron que mi "novio" me había dado un puñetazo en la cara.

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COGER ES UNA BUENA RAZÓN PARA IRSE DE PINTA

Cuando iba en la universidad, el amigo de uno de mis ligues insistió en que faltara a clases para que fuéramos por tacos y un helado. Le dije que sí porque la escuela me quedaba a dos horas de camino y de todas formas ya se me había hecho tarde. En fin, por una u otra razón, llegamos a su casa, me invitó unas chelas y empezamos a fajar. Ya cuando íbamos a coger me dijo que no le gustaba hacerlo con condón y lo mandé a la chingada. Al final se lo puso y ya empezamos. Fue horrible porque tenía el pene más pequeño que he visto, pero dije: "Bueno, no hay pedo, igual y es chido en otras cosas". Pero no. No se movía. Yo tenía que hacerlo todo. Ni siquiera podía mantener la erección porque, según él, con condón no se siente nada. Pasó tanto tiempo y yo estaba tan aburrida que dije: "Ay ya, quítatelo y termina". Lo hice porque estaba demasiado aburrida y ya me quería ir. Terminó, nos vestimos rápido y salimos casi corriendo de su depa. Ya afuera, me dijo que era el depa de su novia y que no quería que nos vieran sus vecinos. Creo que nunca me había sentido tan mal de haber faltado a la escuela.

UNA DOMINATRIX QUE TERMINÓ DOMINADA

Siempre he dicho que no me atraen los niños más chicos que yo, pero cuando lo vi en una fiesta, dije: "de aquí soy". Durante alguna época de mi vida jugué a ser una femme fatale, y cogerme a un estudiante de Ciencias políticas cuatro años más joven sonaba como algo que debía tachar en mi lista de mujer seductora. Jugué un poco con él. Lo dejaba solo de repente, me iba a bailar con mis amigas, lo ignoraba y luego le hacía tantito caso. Finalmente se acercó y sin preguntarme me dio el mejor beso de mi vida. Me encantaba el chamaco, me encantaba. Entonces me dijo: "te invito a mi casa, ahí tengo condones". Herví. Acepté. Fuimos a casa de sus papás porque estaban de viaje. Nos fumamos unos toques y en el taxi me acariciaba las piernas mientras me explicaba que él era un hombre dionisiaco. Me quitó los tacones y puso sus manos sobre mis pies fríos. Ya en su casa, nos dimos besos, miles. Me quitó el vestido, le quité la camisa. Estaba por tener el mejor sexo de mi vida, lo sabía. En eso le desabroché los jeans para meter la mano y sentí un pito chiquito y aguado. Le di unos jalones y se paró a medias. Se puso el condón y se la jaló un poquito más. Yo estaba calientísima y me desesperaba. Le sugerí meternos a la regadera y obedeció. Cogimos un poco en la regadera. Estuvo muy incómodo. Me entraba agua a los ojos, me dolían las rodillas, fue tan feo que hasta nos cagamos de risa. Saliendo de la regadera cogimos en el piso: misma historia. En su cama: también. Durante dos horas tuvimos intentos fallidos de tener —dejen buen sexo— algo de sexo. Yo hice mil intentos para pasarla bien, él ni siquiera me tocó y yo ni me percaté. Al final nos acostamos en su cama y platicamos. Yo lo sentía atormentado y triste. Eso me daba ternura. Al día siguiente pasó lo mismo. Él era frío y eso me encantaba. Cogimos en la mañana, duró dos minutos. Me confesó que la noche anterior se había dado unos pases de cocaína y un poco de MDMA, entonces asumí que esa era la razón para su disfunción. Durante un año el chavito y yo fuimos amantes. Jamás me habló, jamás hizo un esfuerzo por verme, jamás logró que se le parara bien, jamás me dio un orgasmo ni intentó hacerlo. Cogíamos cada vez que nos encontrábamos pero mientras más a menudo pasaba, más patán era conmigo y más ganas tenía yo de estar con él. Nunca más volví intentar a ser la femme fatal que no soy.

EL OLOR DE LOS FANTASMAS

Había una morra que quería conmigo. Yo quería con su amiga pero no me pelaba. Un día en una fiesta, entre el pedo y la soledad, me animé. Fuimos a su casa porque su papá no estaba. Empezamos a coger y todo normal, hasta que se puso en cuatro y su olor llegó hasta mi nariz… Un hedor tan fuerte que me bajó el pedo, la erección y hasta las ganas de vivir. Terminé dedeándola hasta que se vino y yo fingí mi orgasmo. Habíamos ido en su carro, así que me quedé a dormir. Al otro día me dio ride a mi casa y fue súper incomodo porque encima, ya se creía que habíamos empezado una relación. Me buscó durante dos meses más. Su olor me sigue atormentando hasta ahora.