Cultura

Fui un culero por toda una semana para ver si mi vida mejoraba

Según estudios científicos, ser culero te da popularidad, poder y riqueza.
15.7.16

Imagen por Adam Mignanelli.

Soy una persona amable. Ser culero no está en mi naturaleza. Si pido café sin endulzar y el barista me lo da con endulzante, lo acepto como señal de que merezco algo dulce. En general, me gusta esa parte de mí.

Sin embargo, tengo 33 años de edad, estoy desempleado, soy soltero y vivo solo con un gato. Dada la vida de tragicomedia de media hora que actualmente protagonizo, creo que estoy haciendo todo mal. Hay culeros por todos lados y, al parecer, les va muy bien. De hecho, una de las dos personas más populares de Estados Unidos en la actualidad es rey de los culeros y ha llegado hasta donde está siendo nada más y nada menos que un culero.

La realidad es que a los culeros siempre les va mejor. De hecho, hay evidencia científica que respalda esta afirmación: un estudio realizado en 2012 reveló que la gente considera "dignas de respeto y admiración" a las personas arrogantes o demasiado seguras de sus capacidades. Otro estudio reveló que, cuando una persona rompe las reglas de forma intencional o se comporta de forma grosera, los demás lo perciben como una demostración de poder y asumen que esa persona es importante. Una serie de experimentos realizada en 2012 reveló que los hombres que se consideraban condescendientes ganaban menos dinero que los hombres no condescendientes. Si crees lo que dicen estos estudios, ser un culero te da popularidad, poder y riqueza.

Cuando me enteré de esto, empecé a preguntarme si ser un imbécil podría hacer que mi vida mejorara. Por eso, decidí portarme como un culero por toda una semana para ver qué tanto podía lograr.

No pasó mucho tiempo antes de que se presentara una oportunidad: una cita muy, muy mala. Salí una vez con un tipo y un mes después me seguía mandando mensajes diciendo que yo era "perfecto" y que esperaba verme pronto. Al final quedamos en ir a comer. El plan era que yo llegara a su casa y ya de ahí irnos juntos al restaurante.


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Caminé hacia su departamento y vi que la puerta estaba abierta. Me imaginé que estaba limpiando o, como soy una persona muy ansiosa, muerto. Cuando me acerqué, lo vi recostado en el sillón recibiendo una chupada de un hombre obeso y mayor.

"¿Qué?", preguntó como si lo hubiera descubierto comiendo cupcakes en la noche.

Salió a hablar conmigo. Se subió el cierre y dijo "Planeaba masturbarme para ti cuando llegaras pero entró este güey y quiso chupármela. Creí que te iba a gustar".

El yo no culero se habría despedido amablemente y e ido inmediatamente. ¿De qué sirve gritar? ¿Para que hacerlo sentir mal si no va a cambiar nada? Pero el nuevo yo culero tenía otros planes.

"¿Qué de nuestra única cita te hizo pensar eso? Eres asqueroso", le grité mientras los vecinos contemplaban la escena como si yo fuera Sharon Stone en Casino. "Lo mínimo que podías hacer era avisarme que alguien más te la estaba chupando. Ojalá te salgan verrugas genitales. Muérete, pendejo".

Aunque me sentí un poco mal por decirle pendejo, la culpa no duró mucho. Era increíble ser un culero. Resulta que también hay evidencia científica que lo respalda: en un experimento llamado "Agresión, exclusividad y logro de estatus en las redes interpersonales", el sociólogo Roger Faris observó a un grupo de alumnos de secundaria durante tres años para entender qué los hacía populares. Faris utilizó anuarios escolares, documentos y registros de quién participó en las ceremonias de la escuela para separar a los estudiantes en cuatro categorías: élite, amigos de la élite, seguidores, y todos los demás. Después investigó todo lo que hicieron los estudiantes en esos años para entrar en las diferentes categorías.

Faris descubrió que los estudiantes con grupos grandes de amigos se esforzaban mucho para entrar en la categoría de "élite", que se caracteriza por la exclusividad. Según el estudio, los miembros de la "élite" conservaban su rango gracias a sus agresiones verbales hacia otros estudiantes (que incluían rumores, burlas e insultos). Eso significa que ser culero con otros niños hace que te sientes en la mesa de los chicos cool y ser amable hace que te sientes con la chusma.


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Después de mi pésima cita, traté de seguir siendo un culero pero se presentaron muy pocas oportunidades. Claro, siempre estaban las clásicas, como poner mi pie en el asiento frente a mí en el cine, ignorar a unos cuantos en una conversación grupal o usar más espacio del que necesitas para estacionarte en la calle. Pero en general, seguí con mi vida normal, sin provocaciones.

Si tuviera que citar uno de esos momentos mundanos, sería el del gimnasio. Hago CrossFit (algo que, por naturaleza, me vuelve un pendejo). Un día, durante un ejercicio de pareja, mi compañero se la pasó diciendo que no sabía usar la máquina de remo. Después de muchos "consejos", le grité que se los metiera por el culo. Después del ejercicio, me preguntó "¿Por qué me gritaste?" como niño que no entiende por qué lo regañaron. Misión cumplida.

Mi perfil de citas en línea, que antes incluía una foto de mi rostro y una descripción normal y amable de lo que me gustaba y lo que quería, cambió a una foto de mi pecho y una descripción que decía: "Dudo que me vayas impresionar. Solo enseño mi rostro si se me da la gana. Si no respondo, trata de comprender la indirecta".

Hubo muchos que me dijeron que era un pendejo por mi perfil (y se enojaron todavía más cuando no les respondí). Pero también recibí mensajes de muchos tipos de la "élite" que nunca me habrían hecho caso con mi perfil anterior. Le seguí la corriente a unos, ignoré a otros (en especial a los más arrogantes) y descubrí que un poco de misterio y una dosis de actitud te puede llevar muy lejos.

Aun así, después de una semana de ser abiertamente hostil, intencionalmente exclusivo y expresamente arrogante, terminé exhausto. Puedo decir con honestidad que prefiero ser amable. La atención fue divertida y el sentimiento en general fue increíble pero creo que el deseo de ser aceptado y respetado lo supera todo. Además, si no eres parte de la "élite", tienes más gente de quién burlarte, algo que se disfruta mucho más que ser un culero en silencio por diversión.

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