El TÍo Al Que Le Pillo Farla

Todos tenemos nuestros camellos de cabecera, a quienes llamamos “nuestros dealers”. Pero, aparte de sus números de teléfono, las horas a las que suelen pasar la mandanga y dónde suelen estar el sábado a la 1:30 de la madrugada, ¿qué sabemos realmente de ellos? Conocí a mi “dealer” actual a través de un amigo común. Llevo cerca de un año llamándole con regularidad, y en este espacio de tiempo ha demostrado ser un tipo amistoso en el que puedo confiar. Supuse, pues, que no le importaría que me sentara con él a charlar un rato. Supongo también que le ayudó a decidirse mi promesa de que esta vez le pillaría el doble de lo habitual.
Vice: ¿Cómo va todo?

Mi dealer:

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¿Qué querías ser de niño?
¿Y te gusta lo que haces ahora?
¿Cuál es el secreto para pasar drogas sin convertirse en un lunático paranoico?
¿Alguna vez ha tenido que hacer un pase que te diera mala espina?
¿Tienes contacto con tus padres? ¿Saben a qué te dedicas?
Entonces, ¿qué le has contado a tu madre?
O sea, que tenías un curro legítimo antes de empezar a mover mandanga.
¿Alguna vez has tenido que dejar de pasarle a un cliente porque se estaba saliendo de madre?
¿Y qué hay de los clientes raros? ¿Tienes muchos de esos?
¿Y tú vas?
OK, última pregunta. Sólo para acallar los rumores de una vez por todas. ¿La coca que nos metemos está cortada con laxantes infantiles?
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