¿Es empoderador para una mujer vender su virginidad?
Imagen vía picjumbo por Viktor Hanacek
Feminismo

¿Es empoderador para una mujer vender su virginidad?

Una modelo americana de 19 años acaba de hacerlo por casi 3 millones de euros. Y dice que para ella ha sido empoderador.
17.11.17

"La tendencia a vender la virginidad es una forma de emancipación". Eso piensa Giselle, que tiene 19 años, es americana y tendrá sexo por primera vez con un desconocido que le ingresará más de 2,5 millones de dólares en la cuenta a cambio. La joven invertirá el dinero en pagar la matrícula para sus estudios y en viajar, y se confiesa muy sorprendida por las personas que alzan la voz contra esta práctica.

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No es la primera vez que una mujer subasta su virginidad. Lo insólito es que lo haga en nombre del empoderamiento femenino, un argumento, que, por otra parte, lleva tiempo siendo empleado por algunas prostitutas que defienden que la abolición del patriarcado y la existencia de la prostitución no son incompatibles.


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Pero si la abolición del sistema patriarcal pasa o no por la prohibición de una actividad que nació con él, la prostitución (que uno sea el sistema de discriminación más antiguo del mundo y la otra la profesión más antigua del mundo quizá no sea casualidad) es algo que se le queda corto al tema que ha puesto sobre la mesa Giselle.

Primero porque su caso va un paso más allá de la cosificación de la mujer que necesariamente implica la prostitución: vender la virginidad conlleva, además, vender la "inocencia", también desde esa perspectiva arraigada en el imaginario colectivo (machista) que relaciona sexo con pecado y su práctica con la pérdida de la candidez femenina.

Y, segundo, porque la joven ha puesto en venta su primera vez convencida de que estaba contribuyendo con su granito de arena en la lucha por los derechos de las mujeres.


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María Blanco, autora de Afrodita desenmascarada. Una defensa del feminismo liberal, cree que estamos ante un tema complicado. "Puede que, efectivamente, para muchas mujeres el hecho de controlar su propia virginidad y venderla pueda ser algo empoderador, puesto que son propietarias de su cuerpo. Ante eso no tengo nada que decir. Otra cosa es que a mí me parezca moral o inmoral, pero eso no viene al caso, no es relevante".

Y continua "Si ella lo hace porque de esa manera se empodera, fenomenal. Nadie tiene nada que decir en ese caso. Por supuesto que también pienso que con 19 años igual estás metiendo la pata, porque puede que seas demasiado joven. Pero también eres demasiado joven para beber alcohol, tomar drogas, quedarte embarazada, votar, casarte… Entonces tampoco hay que tratar a los jóvenes como si fueran imbéciles. El comportamiento se perfecciona porque a veces acertamos, y a veces no, y podemos rectificar. Entonces tampoco creo que haya que ser muy paternalista", afirma.


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Lidia Falcón, feminista histórica, escritora y fundadora del Partido Feminista, opina justo lo contrario. "Esto es la prostitución de siempre. Las vírgenes siempre han valido más. Pero lo de los dos millones no me lo creo. Forma parte de la campaña (de mafias, proxenetas…) para inducir a muchachas a pensar que pueden sacar un beneficio de que un señor las folle por primera vez. El hecho de que haya unas cuantas 'voceras' de las mafias de la prostitución, que cobrarán por ello, y su argumento de que se trata de algo empoderador, induce a pensar que es libre, que es algo emancipador además".

Falcón afirma que "Estamos en el proceso más perverso, que es acogerse al sagrado término de libertad para difundir la mercantilización del cuerpo de las mujeres, la falta de dignidad de las personas. El mercado capitalista, aliado estrechísimamente con el patriarcado, está dispuesto a comerciar con lo que sea. El día que podamos tener varios brazos y puedan trasplantarse, habrá quien tenga que venderlos. Y habrá voceros que digan que lo hacen por voluntad propia, en nombre de la libertad".


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Para María Blanco, la prostitución, que engloba casos como el de Giselle ("el precio mayor o menor no define la prostitución, sino el hecho de cobrar", afirma), debería legalizarse. "Para mí la prostitución debería ser completamente legalizada, pero debería haber también muchísima información. Personalmente, me parece inmoral, pero con mucha información y, sobre todo, asegurándonos de que todas las mujeres pueden tener expectativas no solo de sobrevivir miserablemente sino de mejorar en la vida para no tener que prostituirse por necesidad, debería ser legalizada", opina.

Y añade que "el precio tan alto de esta venta de virginidad indica que hay muchos hombres demandando esto. Que, por otro lado, igual también habría que señalarlos y educarlos a ellos. Porque, ¿qué tipo de persona compra la virginidad de nadie (de chicos o de chicas)? No es solo que ellas se cosifiquen, es que hay hombres que lo buscan. Y ya te digo que yo no lo prohibiría, pero esta sociedad necesita un buen 'meneo' de valores", concluye.

Lidia Falcón cree, contrariamente, en la abolición de la prostitución. "Como cualquier mujer puede ser objeto de comercio carnal, todas somos prostitutas. El desprecio, el desdén, de la cultura hacia la mujer crece y se expande en parte gracias a la prostitución. La prostitución induce a una cultura machista, y lo más doloroso me parece que algunas feministas, o algunas mujeres que se llaman a sí mismas feministas, la defiendan. Los únicos que se han empoderado con la prostitución son los mafiosos, los capitalistas y los machistas. Se están haciendo con todo el mundo en nombre de los sagrados términos de la libertad y la libre elección."

Mientras María y Lidia defienden sus posturas encontradas, Giselle aguarda a que se "cumpla el sueño" (citando sus palabras textuales): recibir más de dos millones y medio de euros a cambio de ser penetrada por primera vez. Al mismo tiempo, solo dentro de nuestras fronteras, 40.000 mujeres son explotadas sexualmente. Víctimas del mismo sistema patriarcal contra el que, según dice, está luchando Giselle vendiendo su virginidad.