Feminisme

Estoy harta de que las víctimas de violación tengan que compartir su trauma

Esta semana, cientos de miles de sobrevivientes compartieron sus historias, usando el hashtag #MeToo. ¿Cuántas campañas de concientización necesitamos antes de obtener apoyo real?
LC
traducido por Laura Castro
21.10.17
Foto de GIC vía Stocksy.

Recientemente, mis actualizaciones en las redes sociales se inundaron de personas que decían #MeToo, compartiendo públicamente, algunos por primera vez, que habían experimentado acoso y agresión sexual.

Esta campaña viral dio inicio como resultado de un llamado a la acción por parte de la actriz Alyssa Milano, quien tuiteó que si todos los sobrevivientes "escribían 'Me too' [a mí también] como estado, podríamos darle a la gente una idea de la magnitud del problema". El mensaje de Milano, que fue promovido por primera vez por la activista Tarana Burke hace 10 años, resonó a escala internacional; para la tarde del lunes, el hashtag había sido tuiteado más de medio millón de veces y se había convertido en el tema de más de 600,000 discusiones en Facebook.

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Viendo historia tras historia compartida en mis actualizaciones, me impresionó el gran número de sobrevivientes que había. Como defensora de la lucha para terminar con la violencia de género, escucho historias de sobrevivientes todos los días. Sé exactamente cuán generalizadas están las agresiones sexuales. Aun así, me conmovió la repentina y abrumadora solidaridad que estaba presenciando y la gran cantidad de mujeres denunciando el hecho.

Sin embargo, me seguía preguntando: ¿Quiénes son esas "personas" que no tienen una idea clara de la magnitud del problema y qué se supone que deben aprender de los sobrevivientes que están poniendo sus traumas al descubierto? Una parte de mí está completamente harta de que los sobrevivientes tengan que revivir sus ataques en público, una y otra vez, para "probar" que el acoso sexual y la violencia sexual están en todas partes.


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Al leer mis actualizaciones, empecé a experimentar una agotadora sensación de deja vu. ¿No hicimos todo esto el año pasado con el

hashtag viral #WhenIWas

, que pedía a las personas compartir sus propias experiencias para "revelar qué tan tempranamente comienzan el sexismo, el acoso, la violencia sexual y la discriminación?". ¿Y el año anterior con

YesAllWomen

después del tiroteo de Elliot Rodger por motivos misóginos? ¿No hicimos esto después de Bill Cosby, y después

de la infame cinta de "grab them by the pussy" de Trump

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? ¿No vimos una avalancha de apoyo por parte de los hombres prometiendo que serían diferentes cada una de estas veces?

Este ciclo —una revelación terrorífica pero poco sorprendente de la violencia sexual, seguida de la manifestación colectiva de trauma y enojo— comienza a sentirse más como un ritual diabólico que como una praxis política.

Pero después de todo eso, la violencia sexual sigue siendo un secreto incontrolable del conocimiento de todos, un supuesto depredador sexual fue elegido presidente, y las sobrevivientes en todo el mundo una vez más están compartiendo sus dolorosas historias sólo para demostrar que las violaciones suceden. Este ciclo —una revelación terrorífica pero poco sorprendente de la violencia sexual, seguida de la manifestación colectiva de trauma y enojo— comienza a sentirse más como un ritual diabólico que como una praxis política.

Vivimos en un país donde una de cada cinco mujeres experimenta una violación o un intento de violación a lo largo de su vida. Una de cada seis mujeres ha sido acosada. Una de cada cuatro ha sido abusada físicamente por una de sus parejas íntimas. Las mujeres que no han experimentado estas formas extremas de violencia, reportan haber sido acosadas en el trabajo, manoseadas en el metro, piropeadas en la calle.

Todas las mujeres y personas trans de la tierra (y bastantes hombres) experimentan acoso y violencia sexual. Si los así llamados aliados no lo saben aún, es porque no quieren saberlo.

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Cada lugar de trabajo, grupo comunitario y campus tiene sus propios Harvey Weinsteins, y para cada Weinstein, hay incontables personas que lo toleran e ignoran. Si #MeToo inspira a los aliados a dejar de ignorar la violencia sexual en su círculo, entonces está bien. Pero los sobrevivientes han estado denunciando estos abusos por años, y he visto a demasiadas personas guardar silencio sospechosamente cuando llega el momento de hacer que los abusadores reales de sus vidas asuman las responsabilidades de sus actos.


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MeToo es fácil de apoyar porque se centra en los sobrevivientes, no en las personas responsables del acoso y el abuso. Todos están del lado de los sobrevivientes, teóricamente, aunque no tanto en la práctica. Todos condenarán la violencia sexual cuando el perpetrador no tenga rostro ni nombre, pero según mi experiencia, ese apoyo tiende a desaparecer una vez que la sobreviviente nombra a su abusador, presenta una queja en RH contra el supervisor que la manoseo o simplemente le pide a sus amigos que no inviten a su violador a sus fiestas. La concientización funciona hasta que se exige que se castigue a los culpables. (Un ejecutivo que trabajó para Weinstein durante años supuestamente le envió un mensaje de correo electrónico a una mujer que Weinstein había acosado en LinkedIn: "Discutí con él por su abuso hacia las mujeres 3 semanas antes del incidente contigo", dijo. "Incluso le escribí un correo electrónico por el cual me clasificó como policía sexual". Al parecer, ese fue el límite de su defensa).

Muchos hombres dicen que apoyan a los sobrevivientes y luego se quedan de brazos cruzados cuando más los necesitamos. Por eso no es de sorprender que los movimientos para acabar con la violencia de género estén liderados por los propios sobrevivientes, y, vale la pena señalar, que estamos ganando. Algo esta cambiando. Los estudiantes sobrevivientes han obligado a las escuelas a tomar en serio la violencia sexual en los campus. Los agresores poderosos, desde Weinstein hasta Roger Ailes y Bill Cosby, han sido destronados. Estoy segura de que esto es sólo el comienzo.

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Los ejercicios de concientización como #MeToo son poderosos e importantes, pero no porque algunos aliados putativos puedan ver nuestras publicaciones y finalmente tratar a las mujeres con compasión y humanidad. Importan porque nos vemos unos a otros, nos enojamos y nos organizamos. Y tal vez #MeToo logré que las mujeres en general reconozcamos que todas somos vulnerables a menos que nos unamos. Si todas hemos experimentado el acoso y la violencia sexual, las sobrevivientes no están solas. Más bien, somos un ejército.

Entonces, obviamente, #MeToo. Pero lo más importante, ¿qué vamos a hacer al respecto?


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