citas hablar de problemas salud mental
Ilustración por Titia Hoogendoorn 

No tengas miedo a contar tus problemas de salud mental en una cita

Cinco personas nos cuentan su forma de gestionarlo y cómo reaccionan sus citas.
TH
ilustración de Titia Hoogendoorn
MA
traducido por Mario Abad
28.11.19

Las personas con problemas de salud mental sabemos muy bien hasta qué punto estos pueden afectar a sus relaciones. Por eso no es fácil sacar el tema cuando estás conociendo a alguien. ¿Y si se asusta?

Yo padezco síndrome de la cabeza explosiva, que hace que oiga ruidos fuertes y breves antes de quedarme dormido o de despertar, y desde hace tiempo también sufro ataques de pánico recurrentes. Para mí no es fácil hablar de ello con alguien que me gusta. Una vez me quedé a dormir en casa de un ligue y de repente, en plena noche, me puse a gritar y él no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Al final, cuando ocurre algo así, no te queda más remedio que explicarte. Pero ¿cuál es el mejor momento para contarle a alguien tus problemas? ¿Te sinceras en la primera cita o te lo guardas hasta que pase algo? Pregunté a varias personas cómo gestionan sus problemas de salud mental en el ámbito de los encuentros.



Merel (33 años); sufre trastorno bipolar

Yo suelo mencionar mi trastorno en la segunda cita, con una frase tipo: “Estoy muy a gusto contigo, pero antes de seguir, quiero que sepas una cosa de mí”.

Yo me acepto como soy, y quiero que la persona de la que me enamore acepte quien soy y no quien finjo ser. A mí me parece importante sincerarse al poco tiempo, porque así sé si será capaz de lidiar con mis episodios maniacodepresivos. Aun así, no lo mencionaría en la primera cita, porque también me gusta que me vean con la mente más abierta. Además, para un rollete de una noche, no hace falta que lo sepan.

Una vez estuve casi un año ingresada en un hospital psiquiátrico. A veces la gente se asusta cuando lo menciono. Tener un trastorno bipolar tampoco significa nada, pero cuando digo que he tenido tendencias suicidas o que he estado ingresada, la reacción es de asombro. Cuando veo que pasa eso, ya sé que la cosa no va a funcionar y soy yo misma la que pone distancia de por medio.

Sebastiaan (34 años); tiene trastorno de estrés postraumático (TEPT) y episodios depresivos recurrentes

En internet se puede encontrar mucha información sobre mis problemas de salud mental. Aparezco en vídeos informativos sobre el suicidio y a veces concedo entrevistas sobre salud mental para ayudar a romper el tabú. Solo tienes que buscar mi nombre en Google y ya lo sabes todo.

Alguien con quien salía se enteró de esa forma. Quedó muy sorprendida, y en cierto modo lo entiendo. Es mucho que asumir. Aun así, yo no siento la necesidad de contarlo de inmediato, porque si lo hago, la gente me encasilla. Yo creo que has de compartirlo cuando creas que es el momento, ya sea en la quinta o la décima cita.

Si voy a mostrarme vulnerable ante alguien, tengo que saber que puedo confiar en esa persona. Yo nunca lo cuento en la primera cita porque eso impediría que se fijara en otras de mis cualidades, como mi bondad o mi sentido del humor.

Manuela (27 años); tiene autismo, trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y trastorno de la alimentación

Además de autismo, TOC y trastorno de la alimentación, me han diagnosticado trastorno límite de la personalidad, depresión, déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y ansiedad social. Muchas veces digo que vengo con el pack completo.

Me cuesta mucho lidiar con lo inesperado; no soy capaz de aguantar un cambio repentino en la programación de mi día, me quedaría bloqueada. También tengo una serie de rutinas repetitivas en lo que respecta a la alimentación. Antes de comer, tengo que hacer ciertas cosas y siempre como a la misma hora y viendo un programa de televisión concreto. Tampoco como en público. Si no me ciño a esas normas, me siento fatal.

Yo siempre hablo de mis trastornos mentales en la primera cita. Lo único que no menciono es el trastorno alimentario, porque me parece más tabú que el TOC, por ejemplo. Cuando hablas del TOC, la gente se imagina armarios meticulosamente organizados, una visión que no deja de ser atractiva. Pero un trastorno alimentario se ve como algo más restrictivo para las relaciones sociales. Por eso no hablo del tema hasta que me invitan a cenar. Llegados a ese punto, ya no me queda alternativa. He tenido dos relaciones largas. La más reciente terminó después de dos años y medio. Nos conocimos por la aplicación Happn. Para mí, estas aplicaciones son mejor que salir con alguien, porque yo me sobreestimulo fácilmente. He conocido a chicos que no quisieron salir conmigo

cuando les dije que me cuesta salir de casa. Me pareció muy feo. En todo caso, y pese a las reacciones negativas que recibo a veces, yo sigo hablando de mis problemas en la primera cita. Si la otra persona no lo lleva bien, entonces es que tampoco funcionaría a la larga.

Brenda (37 años); sufre autismo y trastorno de la alimentación

Mi novio y yo llevamos dos años juntos. Nos conocimos en una web de contactos. Le conté mis problemas mentales en la primera cita. Los dos queríamos una relación seria, por lo que me pareció que se merecía saber con quién estaba saliendo. No tienes por qué hablar de lo que te han diagnosticado cuando sales con alguien, pero puedes comentarle a tu pareja de qué forma podría afectarle tu conducta en el día a día. Yo al menos lo gestiono así. Le expliqué que, si teníamos varias cosas planeadas para hacer un día, necesitaba espacio entre cada compromiso. O que a veces necesitaba tumbarme y relajarme un rato por la tarde porque, si no, sufría un sobreestímulo y me entraba ansiedad, me costaba comer y podía ponerme de mal humor.

No me da miedo hablar de mis necesidades específicas. Además, sería muy poco práctico que él no las conociera. Al saber de mis problemas, actúa en consecuencia. Por ejemplo, si estoy ocupada, dejo de comer y él me recuerda que lo haga, lo cual es beneficioso para ambos.

Maartje (24 años); sufre TEPT

Desarrollé TEPT tras sufrir varias experiencias traumáticas, entre ellas abusos sexuales durante la infancia. Esto afecta a mis relaciones sentimentales, obviamente.

Llevo más de dos años con mi novio. Lo conocí cuando estaba de vacaciones en Francia. Él ya sabía de mí porque yo soy bastante abierta a ese respecto. También tengo el cuerpo lleno de cicatrices de autolesiones que no puedo esconder.

Esperé un tiempo para decirle que había sufrido abusos sexuales porque, por experiencia, sé que nadie reacciona bien ante eso. Una vez un chico me dijo: “Pues eso significa que no te puedo llevar a conocer a mis padres”.

Cuando conocí a mi actual novio, ya había dejado de autolesionarme y estaba mucho mejor, pero aún tenía miedo de que me rechazara. Por suerte, mi novio no me juzgó.

Cuando salgo con alguien, para mí es importante hablar de salud mental porque forma parte de quien soy, como mi pasado. Por otro lado, hablarlo es cada vez menos importante porque he mejorado mucho. Durante una época, sufría episodios disociativos. De repente, me entraba flojera y me desplomaba al suelo. Por motivos prácticos, era importante que la gente supiera de mi problema; si no, habrían llamado inmediatamente a la ambulancia cuando realmente no haría falta.

Cuando estoy con alguien, quiero saber si hay algo que deba conocer sobre esa persona. Pero eso no quiere decir que espere que me dé un diagnóstico completo en la primera cita. Yo creo que cada uno debe hacer lo que crea más conveniente. Si es importante, se habla, pero sin que nadie se sienta presionado a hacerlo. Uno es más que sus problemas de salud mental.