verano

Cumplir años en verano es una auténtica mierda

Una recopilación de cumpleaños veraniegos, el mejor o el peor momento para celebrarlo, según cómo se mire.
18.7.19
Cumplir años En Verano
Ilustración por Teresa Cano

Cumplir años en verano no es solo abrazos con mucho sudor, turistas por todos los lados y locales sin aire acondicionado. Cumplir años en la época estival es, cuanto menos, frustrante, al menos para alguien a quien le importe eso. Este año he tenido que cambiar la fecha como tres veces porque todo el mundo está de vacaciones, de festival o haciendo cosas más interesantes que ir a tu fiesta de mierda. Pero es más traumático cuando eres un niño. Nunca olvidaré un cumpleaños en concreto, cuando era pequeña, creo que cumplía como 8 o 9 años más o menos.

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Mi madre siempre celebraba una fiesta en el parque de al lado de mi casa, con banderitas colgadas de los árboles, un mantel de cuadros rosa y una tarta hecha con un montón de donuts y gominolas. Sabía que algunos de mis amigos, como siempre, no podrían venir, pero los que estaban confirmados tampoco aparecían. Pasaron 20 minutos, 40, una hora, hora y media… Yo había asumido que nadie vendría a mi fiesta y me puse a llorar acurracada en el banco.

No, no hace falta que sientas pena por mí, al final aparecieron algunos amigos, solo que todos se habían puesto de acuerdo en llegar tarde los muy capullos. Así que hubo un final feliz, supongo. Sea como fuere, yo siempre envidié a aquellos afortunados que cumplían en invierno, con fiestas por todo lo alto de 20 niños y muchos regalos.

Ahora estoy a punto de cumplir 30 años. No sé muy bien por qué ahora está muy en boga montar un fiestón por todo lo alto para celebrar algo que debería hacernos llorar. Es como si fuera la nueva mayoría de edad. En los últimos meses el algoritmo de Mark Zuckerberg ha hecho que en el feed de todas mis redes sociales aparezcan artículos suicidas del tipo “cosas que debes hacer antes de cumplir 30”, “cómo cambiará tu cuerpo a partir de los 30” o “el dinero que tienes que tener ahorrado con 30 años”. En fin, que después de varias semanas quejándome por todos estos problemas ridículos del primer mundo, contacté con varias personas para que me contaran su historia.


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Del armario al puticlub

"Mi anécdota sucedió cuando cumplí 19 años. Yo cumplo el 8 de agosto y no tenía absolutamente nadie con quien celebrarlo, aunque no tenía muchos amigos por aquel entonces, así que no era muy difícil. El caso es que a mis primos, dos tipos con los que no tengo nada que ver, les di pena y me llevaron de fiesta. Pensé, ¿por qué no? Aunque no sabía a qué tipo de fiesta se referían. Me llevaron a un puticlub de carretera que olía a rancio y en el que se te quedaban las manos pegadas a la barra. El caso es que me regalaron un encuentro sexual con una prostituta que era muy guapa pero iba muy mal vestida. Yo todavía no había salido del armario, y por supuesto no quería salir ese día y de esa manera, así que aguanté el tipo y acepté el regalo". — Joaquín, 27 años

La peor canción de cumpleaños de la historia

"Cumplo el 13 de agosto, pero la verdad es que siempre me ha molado mucho. Vivo en un pueblo precioso con la playa más larga y más bonita de Galicia. En mi cumpleaños siempre suelo organizar una acampada en la playa con todos mis amigos, es realmente guay. Pero la cosa cambió cuando me mudé a Barcelona. La gente escapa de Barcelona en agosto. Un año las dos amigas que se quedaron en la ciudad me organizaron una fiesta sorpresa en una terraza. Para que no me sintiera sola, imprimieron todas las fotos de las que faltaban y las pegaron en la pared. Además, cada una mandó una nota de voz cantando el cumpleaños feliz y una de ellas las mezcló todas para que sonasen al unísono cuando me sacasen la tarta. Es la peor canción de cumpleaños que he escuchado nunca, pero la intención es lo que cuenta (supongo)".

— Nerea, 28 años

De abuelos y piñatas

"Odio las piñatas. ¿Sabéis por qué? Porque en uno de mis cumpleaños, todos mis amigos estaban de vacaciones y a mi abuela se le ocurrió llamar a sus hermanas y a sus vecinos para llenar el salón. Así que cuando cumplí 11 años celebré una fiesta llena de viejos que se pasaron toda la tarde jugando a las cartas y al bingo. Creo que alguno no sabía ni que era mi cumpleaños. Como no había niños pequeños, cuando lleguó la piñata todos los ancianos se agacharon para coger las gominolas. Luego, por supuesto, me las devolvieron porque ellos tenían el azúcar demasiado alto para comérselas. Fue muy triste". — Jose, 33 años

La piscina

"Cumplir en verano y ser pobre es una mierda. Había una tía en mi clase que tiene una casa con piscina y todo el mundo iba a su cumpleaños. Es como aquel capítulo de Los Simpsons en el que Martin Prince compraba amigos gracias a su enorme piscina. Mi madre, para contrarrestar, al año siguiente compró una piscina hinchable y la puso frente al portal de mi edificio, y organizó juegos como carreras de sacos en las que teníamos que llevar una patata sobre una cuchara sujetándola con la boca. Ahí me di cuenta de que, además de que mi madre es muy guay, no necesito dinero para divertirme (aunque sinceramente, ayuda un poco)". — Carla, 24 años

Los regalos son peores

"Los cumpleaños en verano esconden la perfecta radiografía de la clase social española. A mí siempre me jodió cumplir en verano por una cosa muy sencilla: siempre tenía regalos peores. Me pasaba el año viendo como al resto de mis amigos les regalaban la caravana de la Barbie, bicicletas o coches teledirigidos. Así son los regalos de tus amigos ricos. Pero en verano, esos niños bien se van a sus segundas residencias en Jávea o de vacaciones a Punta del Este. Así que siempre me quedaban los regalos cutres de mis amigos de la clase proletaria como yo. Es un pensamiento muy superficial pero a un niño le importan esas cosas. Es como el techo de cristal de los cumpleaños". — Paula, 38 años

El pezón de la prima

A mí siempre me ha encantado cumplir en verano, y podría decirse que gracias a eso guardo un buen recuerdo de mi despertar sexual. Como hacía mucho calor (soy murciano) mi madre siempre me preparaba una guerra de globos de agua. Gracias al agua, pude vislumbrar por primera vez la forma perfecta de un pecho, coronado por un bonito y erizado pezón. Era mi prima segunda, ¿eso no es raro no? — Fer, 23 años

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