Hace ya seis años que Nego Moçambique publicó La Rumba Computer, esa joyita de empaque artesanal tan coqueto como estorboso (la caja llena de cables de colores exige un sitio especial en cualquier colección de discos, el equivalente a unos cuatro cd’s normales) que resume (y rezuma) en trece maravillosos tracks toda la tradición del jazz funk y demás afropsicodelia setentera en la línea de Parliament/Funkadelic, Afrika Baambata o el Herbie Hancock de «Head Hunters», siempre con un twist electrónico que hace que todo suene taaan actual, como si hubiera sido compuesto hoy…
¿Pero qué digo? ¡Si sólo han pasado seis años…! No cuarenta, o los veintitantos que se supone dura una generación… Estoy tan adiestrado por quienes venden los teléfonos celulares y ponen tiempos de caducidad cada vez menores a esos putos aparatejos, que hoy siento que ha pasado una eternidad desde que esa colección de trece rolitas geniales cayó en mis manos. O desde que caí hipnotizado viendo a Nego soltar samples de manera delirante y menearse como un dios detrás de su trinchera de compresores, sintes, samplers y demás hardware aquella noche en Pasagüero como parte de Mutek.
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Aunque, ahora que lo pienso, sí ha pasado de todo desde aquel 2007, suficiente como para creer que fueron más de seis los años que han pasado. Sobrevivimos a la epidemia de un virus inexistente; vimos pasar crisis tras crisis creyendo con fervor que había periodos de jauja entre ellas, cuando en realidad era una sola y sólida crisis que cual bola de nieve crece y crece; toleramos un simulacro más de ejercicio democrático el año pasado y vimos rodar tantas cabezas hasta que aprendimos a saltar sobre ellas con la misma indiferencia que ya lo hacíamos con los indigentes
Las cosas han cambiado tanto en los últimos seis años, que me descubro cayendo en vicios típicos de nuestra época: hoy que decido echar un vistazo en la red para ver qué ha sido de Nego Moçambique, y tras ver que su rastro es escaso, que el sello Segundo Mundo (el que editó tanto su primer álbum como La Rumba Computer) parece no existir más (seguro quebraron luego de la dichosa cajita), que el último track que subió a su soundcloud fue hace siete meses o que no hay noticia alguna sobre su posible o probable regreso discográfico o algún mixtape de esos paliativos que nos haga saber que vive, me descubro pensando si todavía seguirá haciendo música…

Mi inconsciente ya cree, como muchos lo hacen, que el mundo de la música se reduce a aquellos que tienen una vida activa en las plataformas de más reciente hype (si descubro que alguien sólo tiene myspace, doy por hecho que se jubiló hace años o que seguramente hoy dedica sus días a la creación de críos, más que de cualquier otra cosa. Me descubro cayendo en el error de creer que estoy al tanto si mi «infalible» radar me hizo conocer ya tooodas las versiones de «Get Lucky» que han sido capaces de publicar muchos de los fanáticos del dueto francés. Y estoy a punto de dar por muerto a mi querido Nego, o por lo menos perdido en las garras de algún trabajo de 9 a 6, cuando caigo en cuenta de que aquel último track que subió a soundcloud (a finales del 2012) fue un remix a Zuzuka Poderosa.
Sigo la pista y la pesquisa da muy buenos frutos. Todo indica que Nego vive allá arriba, en Norteamérica, y ha estado colaborando muy de cerca con Zuzuka, e incluso acompañándole a programas de radio. Y ella ha anunciado gira europea acompañada de mi Nego. Qué tranquilidad. Nego Moçambique sigue activo. Mientras decide echarle ganitas y publicar algo nuevo, no queda más que seguir dándole play a esos trece cortes donde Nego consiguió concentrar no sólo montones de música negra y guiños a todos sus héroes musicales, sino donde logró disponer toda su experiencia previa como b-boy y pixador en beneficio de breakbeats y funk que obligan a menear la bunda.