Por qué a los borrachos les encanta repetir lo mismo todo el rato

¿Qué significan realmente estos bucles conversacionales tan detestables?

|
14 Enero 2019, 5:00am

Foto de portada vía Flickr | CC BY 2.0

Son las once de la noche, estás en un bar tomando algo con varios colegas, una cerveza, probablemente. Es viernes y la cosa se alargará, así que hay que ir con calma. “Te lo juro, el otro día fui al zoo con mi prima pequeña y fue la hostia, a ver, los animales están hechos mierda y da pena pero joder, vimos a un mono cagarse en las manos y luego el bicho intentaba tirarnos la mierda, a nosotros”, se ha acercado un conocido y te ha contado esta historia. Bien, buenas risas. El mono, la mierda. Un clásico.

Pasan un par de horas.

“Tío, el otro día fui al zoo y los monos se cagaban en la mano y me lanzaban mierda, estos bichos están completamente locos”. El mismo tipo te viene otra vez con esa anécdota. “Sí, sí, curioso”, le dices.


MIRA:


Ahora son las dos de la mañana. Estáis de camino a otro bar. Os paráis a comprar una samosa o algo. Mientras pagas se te acerca otra vez. “Los monos del zoo se cagan tío, y te lanzan su mierda. El otro día fui al zoo con mi prima pequeña y los monos nos lanzaban mierda”. El tío ya está bastante borracho, ha empezado la noche a base de cubatas y ya se sabe. “Vale, tío”, le comentas.

Parece que el amigo tiene ganas de comentar lo de los monos pese a que tú, en ningún momento, has colaborado demasiado para que la conversación avance. No le has lanzado preguntas ni dudas sobre el incidente, simplemente te has quedado callado asintiendo. Aun así, el tipo sigue insistiendo. Una y otra vez.

Cuando llegan las tres de la mañana el tipo ya te ha atrapado y te está repitiendo lo mismo cada quince minutos. Te das cuenta de que llevas como una hora hablando con un tipo sobre monos, sobre unos monos concretos. Es un bucle y cuando termina, intentas cambiar de tema de conversación pero cuando ese ser vuelve a abrir la boca solo es capaz de hablar de esos monos, y de la mierda. El tipo ha entrado en ese estado conocido como “el bucle del borrachito”.

¿Qué se esconde detrás de este cansino comportamiento? El doctor Fernando Caudevilla, médico experto en drogas, explica que la única explicación que puede haber para justificar este fenómeno es la afectación del alcohol sobre la memoria a corto plazo.

Esos momentos en los que una persona es incapaz de retener ni tan siquiera un segundo de lo que acontece a su alrededor o dentro de su cerebro. La repetición infinita es la opción que el cuerpo asume como más resolutiva para que esa información tan importante (lo del mono o lo que sea) se comparta y llegue a su destinatario. Un auténtico spam en la vida real, concretado en un solo destinatario o mandado masivamente a todos los individuos que rodean al borracho.

Muchas veces, en vez de ser información random, lo que el borracho que se ha quedado atrapado en “el bucle del borrachito” termina compartiendo emociones exacerbadas, como esas maratones de “tío, eres mi mejor amigo, te quiero mucho, ¿lo sabes, no?”, ya sabéis a lo que me refiero, todos hemos sido o hemos tenido amigos así de pesados.

Estas actitudes generan un rechazo evidente al resto de la población, sobre todo porque un borracho de estos es como que te lancen una red que impide que puedas relacionarte con otras personas y disfrutar del resto de la fiesta con normalidad y, cierta, diversión. Aun así, este cepo mortífero es, al final, una señal de alarma que nos indica que un individuo está tan borracho que sería mejor sentarlo en un sofá y obligarlo a dejar de beber. En el fondo, esta insistencia discursiva es un gigantesco grito de ayuda. No es que te estén diciendo “Joder, esos monos nos lanzaban sus propias heces”; lo que te están diciendo realmente es que “Ei, por favor, estoy reventado, llévame a una cama y no me dejes beber ni una gota más porque mi cerebro ya no se entera de nada”. El mensaje coge formas complejas pero en el fondo la tesis es la misma: ayuda.

Así que la próxima vez que te quedes atrapado en una conversación sin fin, no sientas odio. Gestiona la situación para acunar a ese pobre diablo. Lo agradecerías si fueras tú.

Sigue a Pol en @rodellaroficial.

Suscríbete a nuestra newsletter para recibir nuestro contenido más destacado.