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Cultura

Jóvenes musulmanes nos cuentan la primera vez que se emborracharon

“Vomité trocitos de pollo que salieron disparados sobre el top de su novia”.

por Mahmood Fazal; traducido por Mario Abad
17 Julio 2017, 4:00am

Ilustración: Ben Thomson


En Occidente, tomar una cerveza con tu padre es un rito de iniciación. Pero para la mayoría de musulmanes jóvenes —como mis amigos y yo—, este sueño es una fantasía tabú. Tabú, pero no impensable. Porque por mucho que a los chicos de moral intachable les encante negarlo, la mayoría de musulmanes con los que he crecido se han dado el gusto de probar el alcohol alguna vez antes de entregarse por completo a los preceptos de la religión.

De hecho, la mayor parte de mi juventud salí de fiesta con musulmanes. Es posible que la fascinación del fruto prohibido, la presión de tus amigos o el puro hedonismo les haya llevado a beber.

¿Quién sabe? ¿Quién juzga? Yo no. Pero mi incontrolable curiosidad me ha animado a buscar a aquellos que se han alejado del camino para preguntarles sobre sus flirteos con el pecado. ¿Por qué bebíamos? ¿Cómo era la experiencia y qué sentíamos después?


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Moey, afgano, 29 años; carpintero

La primera vez que bebí fue cuando mis primos mayores me sacaron de fiesta con motivo de mi 16 cumpleaños. Mi padre me dejó salir esa noche y fuimos al tejado de un parking delante de un KFC. Yo me bebí una cerveza.

Recuerdo estar tan nervioso antes del primer sorbo que sentí como si todo empezara a dar vueltas a mi alrededor y fuera a explotar. Le di un trago y me supo a mierda. Me dijeron que le pusiera limón para mejorar sabor. Seguía sabiendo a mierda.

A pesar de todo, seguí bebiendo. Después de haberme bebido cuatro, recuerdo cruzar la carretera para ir a una discoteca. Tuve que concentrarme muchísimo para caminar en línea recta porque sentía que en cualquier momento me iban a fallar las piernas. Solo me apetecía dar bandazos y tumbarme. Pero intenté quedar como un tipo duro ante los mayores.

"Los chupitos eran cien veces peores que la cerveza. Supongo que serían de tequila o algo así"

Me colaron en el local por la puerta de atrás y, cuando estuvimos dentro, mi primo Hakim me presentó a su novia. Nunca había visto una chica que estuviera tan buena; tenía el pelo rubio y llevaba un top. Me hablaba como si me encontrara adorable. Nada más me importaba mientras todos los que estaban allí me vieran hablando con ella. No sé por qué actué como si fuera mi novia.

De todas formas, Hakim me preguntó si quería "unos chupitos". Seguía actuando como un gilipollas ante su novia, así que dije, "¿Por qué no?". Los chupitos eran cien veces peores que la cerveza. Supongo que serían de tequila o algo así. No sé qué era, pero salió todo disparado sobre el top de su novia. Había trozos del pollo del KFC que nos habíamos comido, y todo el mundo se puso a reír. Todos menos ella.

"Después del incidente, mi padre no me dejó salir a partir de las doce hasta que cumplí los 21 años"

Salí de ahí con mi jersey nuevo lleno de vómito. Tuvimos que pasar por casa de un amigo de mi primo. Me cambiaron y me dejaron en casa apresuradamente poder volver a la discoteca.

Una vez en casa, me miré en el espejo y me sentí un desgraciado. Después del incidente, mi padre no me dejó salir a partir de las doce hasta que cumplí los 21 años.

Rezaba cinco veces al día por pura vergüenza. No quería volver a probar el alcohol. Aunque con los años me he ido tomando algún chupito (algo más suave) con los colegas.


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Abz, iraquí, 26 años; carnicero

La primera vez que bebí fue un día después de jugar a fútbol. Fuimos a casa de mi amigo egipcio, y los demás iban con el plan de beber y meterse en el spa. No quería hacer el ridículo y decirles que no bebía por motivos religiosos. Así que cedí a la presión y me tomé un par de copas que sabían a zumo de limón. Me empecé a poner contento.

Después, cuando me metí en el spa, empezamos a tomar chupitos. Los chicos me convencieron de que llamara a la tía más buena del instituto, pero a las pocas palabras me rechazó.

Intenté arreglarlo diciendo que su mejor amiga estaba más buena que ella. Triste y vergonzoso. Pasó de mí y me colgó delante de todo el equipo, así que seguí bebiendo.

"Mi única opción era quedar como un cobarde. Así que tan pronto como mi padre bajó de nuevo, me puse a llorar como una madalena"

Al llegar a casa, apestaba y no se me entendía al hablar, por lo que mi hermana, que estaba sentada a mi lado, se levantó y se fue. Más tarde mi padre pidió a todos educadamente que subieran a su habitación excepto a mí.

Eran las ocho y media o las nueve de la noche y en mi casa nadie se va a dormir tan pronto, así que sabía que me iba a caer una buena bronca. Mi única opción era quedar como un cobarde. Así que tan pronto como mi padre bajó de nuevo, me puse a llorar como una madalena.

Les conté que estaba deprimido, que no sabía qué hacía con mi vida y que todo el mundo me odiaba. Creo que, en el fondo, seguía un poco cabreado porque la chica me hubiera rechazado aunque, después de todo, no fue para tanto.

Noorzia, libanesa, 24 años; comisaria de arte

La primera vez que bebí alcohol fue cuando mi amiga Sarah se sacó el carné de conducir provisional. Fuimos a una tienda de venta de bebidas alcohólicas en coche porque ya había cumplido los 18. Pidió un paquete de cuatro combinados de vodka y volvimos a su casa. Su madre, muy enrollada, incluso nos preparó una tabla con quesos al llegar.

Nos pusimos una película y abrimos las bebidas. Recuerdo pensar que sería como veneno, como si el primer sorbo me fuera a llevar a los infiernos. También me acuerdo de que lo probé y me gustó el sabor. Era muy dulce y azucarado. Me sentía como poderosa. No pasó nada. Nadie acabó herido.

"Mis padres jamás compartirían todas esas experiencias que ofrece el mundo, porque han crecido en la creencia de que al morir les pasarían cosas malas"

Pasamos una noche genial sin hacer mucho, enviando mensajes de texto y hablando de chorradas. No me sentí nada avergonzada ni culpable, sino responsable y adulta.

Tal vez me sentí algo traviesa, pero me hizo replantear mi religión y sentirme enfadada porque mis padres jamás compartirían todas esas experiencias que ofrece el mundo, porque han crecido en la creencia de que al morir les pasarían cosas malas. A nadie le importa lo que pase al morir; si eres buena persona y tienes la conciencia tranquila, seguro que te irá bien.

Hassan, turco, 22 años; mecánico

¿Te puedes creer que tomaba drogas mucho antes de probar el alcohol? Cuando era pequeño, mi padre siempre hablaba de cuánto odiaba beber, así que ya lo tenía muy asimilado. Mientras todos salían y bebían, me iba a los baños a meterme rayas de speed. El efecto era rarísimo, porque de golpe veía a todos esos imbéciles borrachos mientras que yo estaba en un estado de alerta máxima. Probablemente también les comía la oreja.

Una noche, mi novia y yo tuvimos una bronca monumental por la que acabamos cortando, y mi camello había salido del país. Así que fui a la tienda a comprarme una botella de Johnnie Red, me senté en el coche enfrente de mi casa y me bebí la botella entera.

Sentía como me ardía la garganta, pero solo quería destruirme. A medio camino, recuerdo pensar ¿Qué cojones es esto? ¿Cómo puede ser que la gente beba esto para pasarlo bien? Me cabreé mucho y vomité por todo el coche.

"Tuvieron que despertar a mi padre a media noche para que me arrastrara a la cama. Me sentí como si hubiera traicionado a la familia"

Me desperté al día siguiente en mi cama con una resaca de muerte. Incluso di gracias a Dios por haber llegado a la cama de una pieza. Pero entonces entró mi madre llorando en la habitación. Pensé que alguien había muerto.

Se ve que me había desmayado en el jardín. Encontraron mi móvil y mi cartera fuera del coche, que tenía las puertas abiertas. Vaya panorama.

Tuvieron que despertar a mi padre a media noche para que me arrastrara a la cama. Me sentí como si hubiera traicionado a la familia. Creo que mi padre no me habló en un año. Aquello le dolió muchísimo. Todavía me suelta mocos y me echa miradas amenazadoras cuando alguien menciona el alcohol. Es mejor limitarse al speed.

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