Ser una ‘sugar baby’ me hizo adicta al sexo
Cultura

Ser una ‘sugar baby’ me hizo adicta al sexo

Pasé de hacerlo cuando me apetecía a hacerlo siempre que podía. Y de ahí al momento en el que el sexo —o más bien el orgasmo— era lo único que importaba y no necesitaba saber nada de la persona​.
11 Agosto 2016, 3:00am

Los ligues por internet siempre me han fascinado. Y por una buena razón: todo lo que pasa en internet puede quedar en secreto. Tuve oportunidad de conocer a hombres mayores gracias a la intimidad que proporciona la correspondencia con ellos por ordenador. Sexualmente, siempre me han atraído los hombres de 40 años para arriba. Pero no buscaba una relación epistolar ni espiritual. Solo me los quería follar. Y la forma más fácil de follar hombres mayores es a través de una de las muchas páginas web que permiten conocer sugar daddies.

Pero antes de alimentar mi lujuria, llevaba una vida como cualquier adolescente de bachillerato. En ese entonces, no era exactamente una monja pero nadie me había dicho cómo estaba el tema. O al menos no a la cara.

Los chicos con los que me acostaba eran torpes y en poco tiempo me cansaba de ellos. El sexo nunca duraba más de cinco minutos

Era una chica como cualquier otra: estudiaba, fumaba, bebía y follaba. Mi vida sexual era relativamente desenfrenada pero, a toro pasado, podría decir que durante esos años me aburría bastante.

Los chicos con los que me acostaba eran torpes y en poco tiempo me cansaba de ellos. El sexo nunca duraba más de cinco minutos. Además, cuando terminaba, me preguntaban cosas absurdas como "¿Te ha gustado?". Siempre mentía.

Ahora me río cuando pienso en todos esos momentos vergonzosos que tuve que aguantar antes de empezar a acostarme con hombres mayores. Porque hay que ser paciente cuando le explicas a un adolescente que no puede penetrarte el clítoris y él lo vuelve a intentar de todas formas, sin darte placer.

Creo que mi paciencia se acabó cuando un idiota me metió el dedo en el ombligo. En la universidad fue cuando puse fin de una vez por todas a todos esos encuentros sexuales fallidos.

En una ciudad en la que no conocía a nadie, sentí que podía hacer lo que quisiera sin que nadie se enterara. No tenía idea de cuánta razón tenía

Me mudé al sur de Francia, a Montpellier. Concretamente, me inscribí en la Universidad de Artes Paul Valéry. "Paul Va" es conocida como una universidad para los raros—los que están en humanidades— y lo cierto es que sí tenía una buena colección de inadaptados. Esto produjo un cambio en mi forma de vida. En una ciudad en la que no conocía a nadie, sentí que podía hacer lo que quisiera sin que nadie se enterara. No tenía idea de cuánta razón tenía.

En mi nueva vida, empecé a conocer hombres que eran más mi tipo, o sea, mayores. En los bares que frecuentaban mis amigas no podía encontrar lo que me gustaba. Y como quería mantener esta parte de mi vida en privado, empecé a buscar un verdadero sugar daddy en la soledad de internet.

Según Wikitionary, un sugar daddy es un hombre mayor que mantiene a una chica mucho más joven que él a cambio de favores sexuales. A veces puede sonar a prostitución, excepto que durante los breves encuentros con ese hombre, se establece una relación que se parece más a la de una pareja tradicional, pero sin las desventajas.

Cuando me inscribí a sugardaters.fr, la página más popular para encontrar sugar daddies o sugar babies en Francia, me llegaron montones de mensajes.

En realidad no lo hago por el dinero. A veces pido un perfume, un bolso, un masaje o simplemente un fin de semana agradable. Se podría decir que esos pequeños detalles cambian aspectos de mi estilo de vida pero, más que nada, alegran mi rutina

Según las fotos de perfil, la mayoría eran hombres de entre 40 y 50 años con muchas ganas de follar. Algunos de ellos estaban casados; me los imagino entrando en la página a media noche, mientras sus mujeres los esperan en la cama.

Centré mi atención en los que estaban dispuestos a pagar para llevarme de vacaciones un fin de semana. Poco después encontré a la persona más adecuada a lo que estaba buscando.

En la página hay todo tipo de hombres. En el nivel más bajo, están los más desesperados. Lo primero que te dicen es que tus fotos "hacen que se les ponga dura". Son insoportables. Pero la mayoría te escriben de una forma educada y tratan de hacerte creer que están interesados en tu personalidad.

Debo aclarar que la idea del sugar daddy millonario que se va de viaje todos los fines de semana y tiene cuatro yates y nueve villas no es real. O al menos, no que yo sepa. En general, son hombres de cuarenta y tantos con dinero, a veces mucho, pero no a un nivel extremo. Normalmente son gerentes, ingenieros o médicos y quieren abandonar temporalmente la rutina de la vida matrimonial sin tener que divorciarse.

Acostarse con un hombre es como meterse una raya de coca: genera adicción. Como era de esperar, follamos todo el fin de semana. Salí de ahí con un bolso nuevo y 300 euros

El primer tío que conocí me invitó a Aix-en-Provence, en la región de Bouches-du-Rhône. Me dijo que tenía una casa allí, a la que iba muchos fines de semana para "relajarse". Es decir, para follar con mujeres que no son su esposa, como lo demuestra la marca de bronceado de su dedo anular. Debo admitir que eso no me causó ninguna molestia. Todo estaba claro desde nuestra primera conversación: yo no había ido para echar una partida al Scrabble. Y él tampoco.

Después de presentarnos y los 15 minutos obligatorios de conversación, nos fuimos a la piscina. No había llevado bañador. De hecho, fuimos directos al grano. Nos desnudamos y follamos. Esta vez no tuve que fingir ninguno de mis orgasmos porque el tipo era muy bueno.

Acostarse con un hombre es como meterse una raya de coca: genera adicción. Como era de esperar, follamos todo el fin de semana. Salí de ahí con un bolso nuevo y 300 euros.

Aunque a la gente le gusta describir la relación entre una sugar baby y un sugar daddy como prostitución, en realidad no lo hago por el dinero —pero eso no quiere decir que lo rechace si se me ofrece—. A veces pido un perfume, un bolso, un masaje o simplemente un fin de semana agradable. Se podría decir que esos pequeños detalles cambian aspectos de mi estilo de vida pero, más que nada, alegran mi rutina.

No tengo los recursos para mudarme a un piso más grande, pero tampoco tengo ganas de hacerlo.

Pasé de hacerlo cuando me apetecía a hacerlo siempre que podía. Y de ahí al momento en el que el sexo era lo único que importaba y no necesitaba saber nada de la persona

Como mi primera experiencia fue tan positiva, decidí que no quería pararme ahí. Me propuse conocer la mayor cantidad de hombres posible. Escribí a alrededor de diez hombres que tenían un perfil similar al que conocí en Aix-en-Provence. Y en poco tiempo, empecé a conocer a uno nuevo cada semana.

Al aprender poco a poco cómo funcionan los sugar daddies, comprendí que una relación dura una media de tres meses. Después de eso, se vuelve rutina. Nunca hice una lista pero creo que conocí entre 80 y 100 hombres a través de la página Sugardaters.

Al principio era solo por placer. Pensaba, ¡Genial! ¡Voy a conocer a este tío el fin de semana! e intentaba hablar con él antes de verlo, aunque fuera un poco. Trataba de averiguar con quién iba a acostarme. Con el paso del tiempo, desarrollé una dinámica. Pasé de hacerlo cuando me apetecía a hacerlo siempre que podía. Y de ahí al momento en el que el sexo era lo único que importaba y no necesitaba saber nada de la persona.

Mientras que antes cada nueva pareja era increíble, la ausencia de una pareja es lo que ahora me parece increíble —increíblemente molesto—. Si no tengo un orgasmo, me aburro

Me di cuenta de ese cambio cuando empecé a desnudarme antes incluso de que mi cita llegara a casa. Y lo corroboré cuando empecé a ir a clubs swingers de dudosa reputación. En ese momento me dije a mí misma, Vale, tienes un problema.

Además, la facilidad con la que conocía a hombres nuevos me volvió indiferente. Pensé que tenía que subir mis estándares. Empecé a salir con tres hombres por semana. Mientras que antes cada nueva pareja era increíble, la ausencia de una pareja es lo que ahora me parece increíble —increíblemente molesto—. Si no tengo un orgasmo, me aburro.

Durante el orgasmo, siento que una ráfaga de endorfinas me recorre el cuerpo. Cuando empecé a plantearme la posibilidad de que sufría una adicción al sexo, pensaba que las endorfinas eran mi droga.

De hecho, creo que más bien soy adicta a los orgasmos y no tanto al sexo. Por eso no me interesan los hombres sin experiencia. Trato de satisfacer esta adicción con sexo constante para sentirme satisfecha. Siempre es temporal.

Estos últimos meses, después de estabilizar mi consumo de hombres, empecé a buscar más por internet pero, sobre todo, en clubs de swingers. No me importa la belleza física, me importa la experiencia. Me gustan los hombres casados porque eso me da cierta garantía.

Después de mi primer trío, tuve mi primera orgía (todo en la misma noche). Hace poco, participé en lo que podría describirse como un "gangbang doble"

Sexualmente, sin tener la pretensión de decir que he probado de todo, podría decir que siempre trato de ir más allá. Los clubs de swingers son de mucha ayuda en esta búsqueda constante. Durante los primeros meses, cualquier acto pervertido me excitaba, pero en poco tiempo evolucioné a prácticas más intensas.

Después de mi primer trío, tuve mi primera orgía (todo en la misma noche). Hace poco, participé en lo que podría describirse como un "gangbang doble" y me dejó satisfecha, al menos durante un rato. Vi como un grupo de hombres se follaba a una mujer mientras llegaba mi turno.

También, desde hace un tiempo, siento una atracción especial por los glory holes. Un pene que sale de un agujero en la pared te penetra sin necesidad de ver el rostro del dueño del pene. Es una buena forma de echar un polvo rápido.

Al igual que todas las chicas, me gustaría enamorarme, tener una familia, etcétera. Lo que no sé es cuándo

Llevo un año así. Me siento obligada a reconocer que no me va a ser fácil dejar este "mal hábito". Ya lo tengo muy arraigado. Además, ahora es una parte muy importante de mi vida. Hay gente que pasa el rato jugando a la videoconsola. Pues yo lo paso acostándome con cuarentones desconocidos. Convertirme en una sugar baby también me convirtió en una adicta al sexo.

Al igual que todas las chicas, me gustaría enamorarme, tener una familia, etcétera. Lo que no sé es cuándo. La vida de un estudiante en Francia es inestable, en especial la mía. Sin embargo, cuando mi situación sea estable y esta adicción termine, voy a buscar una pareja y vamos a comprar una casa, tener hijos, un perro y, con el tiempo, nos vamos a divorciar.

Aunque, por ahora, no veo cómo escapar de mi rutina. Nunca tengo suficiente. Me conozco a mí misma; sé que me aburriría muy rápido si mi situación fuera distinta.