Cuando Malcolm X conoció a los nazis

La extraña alianza entre la Nación del Islam y el Partido Nazi Americano.

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29 mayo 2015, 5:25am

Miembros del Partido Nazi Americano escuchan el discurso de Malcolm X en un mitin de la Nación del Islam el 25 de junio de 1961 en Washington, D. C. Hoja de contactos © Eve Arnold/ Magnum Photos

El domingo 25 de junio de 1961, diez miembros del Partido Nazi Americano se presentaron en un mitin de la Nación del Islam en Washington D. C. El fundador del partido, George Lincoln Rockwell, lideraba la comitiva que llegó al Uline Arena, un estadio de 23.000 metros cuadrados que albergaría poco después el primer concierto americano de los Beatles. Rockwell era un tipo de mandíbula cuadrada, más estirado que el palo de una escoba y con un mirada despiadada, el arquetipo de villano de Hollywood. La revista Esquire lo definió como "mucho más alto que Hitler", en un artículo que, por otra parte, lo ponía de vuelta y media. "Y mucho más atractivo", añadía. El estadio Uline estaba prácticamente lleno. Los nazis estaban en inferioridad de 800 a uno.

Pero los fascistas no habían acudido a inmolarse. Los guardas de los Frutos del Islam, el brazo paramilitar de la NDI, los cachearon y los ubicaron en las primeras filas del auditorio. Sus uniformes de color marrón y los brazaletes con la esvástica destacaban en medio de los trajes de chaqueta y corbata que eran mayoría. A pesar de que hacía 32 grados, Rockwell y sus hombres aguardaron durante horas a que comenzara el acto principal del evento. No hay constancia de que nadie esbozara siquiera una sonrisa ante lo absurdo de aquella situación.

Elijah Muhammad, el líder de la NDI que debía pronunciar el discurso principal de la noche, tuvo que cancelar su asistencia por motivos de enfermedad. De manera que, según explica el historiador William Schmaltz, fue Malcolm X quien se dirigió al público, a lo que siguió un llamamiento a realizar donaciones que hizo especial hincapié en los caucásicos que había en la auditorio. Rockwell dio 20 dólares. Cuando la fotógrafa de la revista Life Eve Arnold se levantó para hacerles una foto a los nazis, se dice que Rockwell –seguramente alertado por los musulmanes de la ascendencia judía de Arnold– le dijo: "Haré una pastilla de jabón contigo". (A lo que ella contestó: "Mejor eso que una lámpara").

Y es que ambos grupos compartían un abierto antisemitismo. Mientras Rockwell llevaba su odio hacia los judíos al terreno de lo grotesco, Muhammad se apoyaba en una serie de teorías racistas, entre ellas la farsa de que los judíos habían financiado la trata de esclavos. (Malcolm X era más cauteloso en su antisemitismo, por lo que solía hacer alusión a las teorías de Muhammad en lugar de ofrecer las suyas propias). En 1961, hacer declaraciones públicas de odio hacia los judíos era una ofensa aún peor de lo que es hoy en día. A casi diez mil kilómetros de distancia, en Israel, el juicio de Adolf Eichmann había cautivado la atención el mundo y había hecho crecer el interés de la opinión pública por las atrocidades del Holocausto.

Otro de los caballos de batalla que compartían era la segregación racial. El discurso de Malcolm X de aquella noche se titulaba "Segregación o muerte". Dentro del estadio, Rockwell declaró ante los periodistas: "Estoy completamente en sintonía con su programa, y tengo el máximo respeto hacia Elijah Muhammad". La cuestión sobre adónde debían ir los negros americanos –la NDI quería quedarse con una porción del territorio norteamericano, le PNA quería deportarlos a todos a África– era, dijo, su única discrepancia con los musulmanes.

Aquello no era del todo cierto. Los nazis y la NDI también discrepaban en cuanto a si los negros eran seres humanos. Durante sus tres años de carrera como nazi declarado, Rockwell se refirió repetidamente a los afroamericanos como "negratas con aros en la nariz" y dijo que eran "básicamente animales" e incluso "no mejores que los chimpancés". Con aquella alianza, Rockwell colocaba un enorme asterisco en su propia supremacía racial.

Lo interesante es que la NDI tenía antecedentes en este tipo de pactos. Seis meses antes, Muhammad había enviado a Malcolm X a una reunión secreta con el Ku Klux Klan de Atlanta. A imagen y semejanza de la cumbre que el activista negro Marcus Garvey tuvo con el Klan en 1922, los dos grupos sellaron una extraña tregua: los segundos dejarían en paz las mezquitas a cambio del apoyo de la NDI a la segregación racial.

Pero aquella reunión tenía un objetivo definido, aunque fuera menor. La alianza con los nazis no le aportaba ningún beneficio a los musulmanes. Las diferencias entre Malcolm X y Rockwell eran de índole existencial. Mientras que el primero había dejado atrás una vida de delincuente para convertirse en una celebridad a nivel nacional, el segundo se había afanado por convertirse un paria –además de arruinarse y destrozar su familia en el proceso–, pasando de ser un oficial condecorado de la Marina a un perturbado dirigente nazi en solo seis años.

Y es que ambos grupos compartían un abierto antisemitismo.

El evento de Washington contrastaba amargamente con la escasa convocatoria que atraían las reuniones de Rockwell. Ocho mil personas de público era algo que él solo podía imaginarse en sueños. La imponente bóveda del edificio se le insinuaba como el tipo de arquitectura fascista que le esperaba en su inalienable destino (a lo largo de su vida pública hizo referencia en repetidas ocasiones a que pensaba presidir Estados Unidos en 1972). Para el líder nazi, aquella alianza suponía un paso más en sus grandilocuentes y absurdas fantasías. "¿Os imagináis un desfile de los nazis americanos en plena Union Square –les dijo Rockwell a sus seguidores en un escrito– protegidos de los alborotadores judíos por una falange formada por los fornidos soldados negros de la guardia de asalto de Elijah Muhammad?".

Así como Malcolm X era una figura compleja, Rockwell se identificaba a sí mismo como un personaje caricaturesco. Su razonamiento era que, dado que los medios de comunicación estaban controlados por judíos, la lucha política de la extrema derecha estaba condenada al fracaso si se realizaba por las vías convencionales.

"Lo intenté, pero nadie me hizo caso", explicó en una entrevista sobre sus actividades políticas antes de hacerse nazi. "En cambio, nadie puede ignorar un desfile nazi".

Siguiendo esta lógica, el PNA se dedicó a producir una amplia variedad de artículos de merchandising dirigidos al joven fascista. Uno de ellos, El diario de Anna Fink [en inglés, fink significa soplón, esquirol], consistía en 16 páginas de imágenes de atrocidades del Holocausto con pies de foto satíricos que se anunciaba en The Rockwell Report, el panfleto oficial del partido, como "humor enfermo", en una rocambolesca alusión a revistas como Mad y a cómicos judíos como Lenny Bruce cuyo estilo de humor "degenerado" sin duda hubiera merecido el desprecio de los nazis.

Una de las consecuencias de la zafia campaña de marketing de Rockwell es que tan solo consiguió reclutar individuos extraordinariamente ineptos, hordas de nazis que él mismo definió como "increíblemente estúpidos". Y aun así, continuó poniendo el objetivo entre lo peor de lo peor de la sociedad. El PNA se mofaba del grupo pro-derechos civiles Viajeros de la libertad, que se desplazaba por el país en autobús, con una furgoneta Volkswagen a la que bautizaron como el "Bus del odio". Además, durante las manifestaciones, los miembros de algunos piquetes se ponían gafas de Groucho Marx y narices de plástico. ¿Por qué querría la NDI, conocida por su férrea disciplina, mezclarse con semejantes energúmenos?

PARTIDO NAZI AMERICANO

El PNA fue fundado en 1959 por George Lincoln Rockwell en Arlington, Virginia. Rockwell fue asesinado ocho después por un antiguo miembro del PNA.

Una posible respuesta llegó ocho meses más tarde. El 25 de febrero de 1962, el PNA fue invitado a un segundo mitin de la NDI; esta vez se trataba de una convención en Chicago. Rockwell se dirigió al público después de Muhammad. Delante de unos 12.000 afroamericanos, el líder nazi se mostró moderado. "Ya sabéis que os llamamos 'negratas'. ¿Pero no preferís que os digamos a la cara lo que pensamos como los hombres blancos honestos que somos y no hacer como los demás, que os lo dicen a vuestras espaldas?".

Como orador, Rockwell sabía ser entretenido sin parecer particularmente autoritario. Su tono de voz no era el de un führer, y el Anfiteatro Internacional de Chicago tampoco era los Congresos de Nuremberg. Aunque, sin duda, no podía ignorar lo irónico de la situación; aquel era el público más numeroso que había tenido (y que tendría jamás).

"No tengo miedo de presentarme hoy aquí y deciros que detesto la mezcla de razas y que la combatiré hasta la muerte", continuó. "Pero, al mismo tiempo, haré todo lo posible por ayudar al honorable Elijah Muhammad a hacer realidad su loable plan de devolveros vuestra tierra africana. Elijah Muhammad tiene razón. ¡Segregación o muerte!." El público se debatió entre los aplausos de compromiso y los abucheos. Dos meses más tarde, Muhammad publicó un escrito en el periódico de la NDI en el que regañaba a su rebaño por aquel gélido recibimiento: "Si dicen la verdad, ¿qué nos importa? ¡Hacemos el esfuerzo y aplaudimos!".

Estas alusiones a la "honestidad" y a la "verdad" nos dan una pista sobre los verdaderos motivos de la alianza. Rockwell y Muhammad se veían el uno al otro como hombres honestos, dispuestos a decir la verdad –o sus versiones de la misma– a cualquier precio. Dependían de esa imagen si querían que el público comprara su producto, y ambos ganaban en credibilidad mostrándose como tipos dolorosamente francos. Rockwell le era útil a la NDI como herramienta de reclutamiento, y su presencia física le servía a Muhammad como testimonio de su propia autenticidad.

Malcolm X, en cambio, no participaba en esta trampa, y le hizo saber a Rockwell que su aprecio no era mutuo. Cuando el público aplaudió a los nazis por donar 20 dólares en 1961, Malcolm X soltó una risotada en el micrófono y dijo: "Le acaban de dar la mayor ovación de su vida, ¿verdad, señor Rockwell?".

A medida que el movimiento de los derechos civiles dejaba atrás los difíciles años 50 y comenzaba a conseguir avances a principios de los 60, los dos se vieron eclipsados por la figura de Martin Luther King Jr. Los nazis, aturdidos ante el alud de victorias legislativas que se derivaban de las acciones de King, pasaron al ataque. Malcolm X, por su parte, viendo cómo la distancia entre la retórica de la NDI y los éxitos de la acción no violenta no hacía más que crecer, decidió suavizar su tono.

Rockwell y Muhammad se veían el uno al otro como hombres honestos, dispuestos a decir la verdad –o sus versiones de la misma– a cualquier precio.

Después de dejar la NDI en 1964, Malcolm X utilizó la alianza del movimiento con el Klan para cargar en contra de Muhammad. Al año siguiente, le envió un telegrama a George Lincoln Rockwell:

Por la presente le advierto de que el movimiento separatista de los musulmanes negros de Elijah Muhammad ya no puede impedirme que combata a los supremacistas blancos, y de que si sus provocaciones racistas contra mi gente aquí en Alabama resulta en alguna clase de daño físico al Reverendo King o a cualquier otro americano de color que tan solo tratan de ejercer sus derechos como seres humanos libres, que usted y sus amigos del Ku Klux Klan deberán enfrentarse a represalias físicas más severas...

Tres años más tarde, los dos estarían muertos, presuntamente asesinados por sus antiguos aliados.

Pero el fantasma de aquella alianza aún está presente hoy en día. La Nación del Islam, bajo el auspicio de Louis Farrakhan, mantiene vínculos de colaboración públicos con el supremacista blanco Tom Metzger. Además, hace una década que el Partido Nazi Americano colgó en su página web una sección para "simpatizantes no-arios" como una "herramienta para los no-blancos que quieran contribuir a nuestra lucha" donde se incluyen formularios para realizar donaciones.

La alianza póstuma de Malcolm X aún fue más extraña: que la sociedad supremacista blanca contra la que lucho en vida reivindicara su figura. El gobierno de Estados Unidos le dedicó un sello de correos.

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