Publicidad
Cultura

Caminar como último acto de libertad que nos queda

Hablamos con Francisco Navamuel, el fotógrafo catalán que reivindica a través de Facebook y su obra el derecho de ocupar (y disfrutar) los espacios públicos.

por Fernando Bernal
12 Mayo 2015, 10:57am

Fotografía por Atilio Doreste

"No hay que olvidar que el trayecto es lo mejor del camino". Así se despide en nuestra entrevista Francisco Navamuel. El fotógrafo decidió crear un grupo en Facebook:Caminar como práctica anarquista, ética, estética y de pensamiento. Ahora reconoce que esta idea se le ha ido un poco de las manos. "Cuando te comento esto tiene que ver con el propio funcionamiento de la red social, en el que la información pasa a una velocidad incompatible con la reflexión".

En estos momentos el grupo cuenta con más de 4.600 seguidores. "Pero no siempre fue así. Arrancar el grupo costó más de tres años. El grupo contaba con unos 150 seguidores y decidí hacer administrador del grupo a todos. Actualmente, el grupo se autogestiona y seguimos creciendo, no solo en cantidad sino en calidad".

¿Y por qué esa necesidad de reivindicar el acto de caminar? "Sobre todo para mí es una manera de relacionarme con el territorio, de conocer en primera persona el espacio que habito, de reconocerme en las personas que voy encontrando cuando camino. Es una forma de conocimiento personal donde el espacio-tiempo confluyen al mismo ritmo que el pensamiento. Caminar tiene la capacidad de igualarnos, de hacernos ciudadanos en la medida que ocupamos y utilizamos un espacio y lo transitamos".

VICE: Entonces, ¿caminar va más allá del acto de desplazarse?

Francisco Navamuel: Caminar es un acto de libertad. Pero también de resistencia frente a las urgencias impuestas y las velocidades ajenas. Caminar se ha convertido en algo subversivo si no se practica para producir o para consumir y me niego a renunciar a esa capacidad transformadora y de conocimiento que recibimos cuando se camina, sea la manera elegida que sea: por placer, por obligación o por salud. Caminar tiene esa parte lúdica y pedagógica que tenemos que recuperar como fuente de conocimiento. Pero también entiendo el caminar como una experiencia estética. El paseo está asociado al paisaje y me interesa la percepción que cada persona tiene sobre cómo interpreta el territorio.

Y el grupo de Facebook, ¿cómo surge?

El grupo surge en un momento en el que comienzo a realizar una tesis doctoral en la que vinculo el caminar, la fotografía y el llamado 'Modelo Barcelona'. Desde el principio empecé a ser consciente de la cantidad de información que existía sobre el caminar desde disciplinas como la antropología, la sociología, el arte, el urbanismo. No todo lo que recopilaba para la tesis me era útil y pensé que ese esfuerzo de investigación y toda esa información no debía quedarse guardada en una pestaña del navegador. Decidí crear el grupo Caminar como práctica anarquista, ética, estética y de pensamiento porque pensaba que podría ser útil a otras personas el poner en común todo lo que generaba la investigación. Al mismo tiempo daba la oportunidad a otros caminantes a compartir sus experiencias, vivencias o conocimientos sobre el tema. Soy partidario de la transmisión de conocimientos de manera horizontal y el grupo permite esa transmisión no jerárquica que existe en espacios como la enseñanza reglada o la académica. Cualquiera puede compartir la información que considere oportuna, desde un paseo alrededor se su casa hasta el último proyecto participativo o la última publicación. Si bien Facebook no es precisamente un espacio de conocimiento, respeto y libertad, sí que permite este flujo de información compartida sobre un mismo tema.

Y el anarquismo del título.

Hay algo en la acción del caminar que lo vinculo con valores del anarquismo. Caminar es una manera de posicionarse en el mundo. Cada persona decide cuáles son los motivos que tiene para caminar, tiene libertad para decidir hacia dónde se desplaza y el mismo acto genera un bien en la comunidad. Las personas que caminan respetan y protegen los espacios por donde transita. Se es solidario con las personas que encuentras a tu paso. Caminar se ha convertido en un acto de resistencia y en muchos momentos de desobediencia, de compromiso y de acción directa. Caminar como experiencia libertaria, de respeto, conocimiento y reconocimiento del 'otro', caminar como acto de rebeldía, como respuesta a la especulación urbana. Caminar como penúltimo acto de dignidad, como último acto de libertad.

¿A qué te refieres cuando hablas de ética y estética?

La ética y la estética están íntimamente relacionadas en la medida que una experiencia estética está cargada de ética. La observación responsable genera pensamiento crítico. Como consecuencia de esa observación el ser humano ha materializado esa experiencia estética en objeto artístico por medio de la literatura, la escultura, la pintura, el dibujo, el sonido o como es en mi caso por medio de la fotografía. Caminar por tu entorno más inmediato te invita a mirar, a percibir, a conocer, a reflexionar y te permite ser crítico hacia las diferentes transformaciones que el poder fáctico impone. Ese conocimiento junto a ese pensamiento crítico genera un compromiso ético.

¿Se pueden cambiar las cosas con el acto de caminar?

Las cosas no se cambian por sí solas simplemente caminando. Se necesita el compromiso de una parte de la sociedad. Las personas que deciden caminar están en continuo cambio y ese movimiento genera unas sinergias que son capaces de transformar cualquier cosa. No basta con salir a la calle a caminar si no va implícito un grado mínimo de compromiso y de acción.

¿Necesitamos volver a ocupar los espacios públicos?

Necesitamos recuperarlos en la medida en que necesitamos socializar el espacio que ya ocupamos, y el desplazarse a pie ayuda a mantener ese equilibrio entre lo privado y lo público. Si algo caracteriza ese espacio público es la posibilidad de transitarlo con total libertad. Un espacio imperfecto y en continua transformación, donde el ser humano debe ser el protagonista frente a la especulación y a los intereses partidistas. El antropólogo Manuel Delgado llega a afirmar que el espacio público no existe en esta sociedad capitalista mientras se excluya de él a las personas y colectivos más vulnerables. Creo incluso que es necesario recuperar el espacio público como espacio de confrontación, donde dejemos de ser simples autómatas obedientes y materialicemos nuestros deseos. Una parte de urbanistas modernos, junto a ciertas políticas neoliberales, se han empeñado en proyectar las calles, las plazas, los barrios de tal manera que todo esté en orden, controlado y vigilado, de crear la ciudad perfecta con la intención de desactivar cualquier tipo de discrepancia y conflicto. Esto va en contra del propio concepto de ciudadano en la medida que se hace ciudad activando y socializando el espacio público.

¿Cómo ha influido tu pasión por caminar en tu proyecto personal?

Esa experiencia estética la materializo a través de mi trabajo artístico por medio de la fotografía y los registros sonoros. Pongo en práctica diferentes maneras de caminar, desde las deambulaciones perceptivas de los surrealistas, las derivas psicogeográficas de los situacionistas hasta las transurbancias que nos propone Francesco Careri con el grupo 'Stalker/Osservatorio Nomade'. De estas experiencias nace el proyecto WALKCELONA, en el que llevo trabajando los últimos siete años. Registro mis desplazamientos por la ciudad, que no dejan de ser pequeños momentos cotidianos, donde el conflicto está presente en sus calles, donde las contradicciones urbanas nos hacen errar en todas direcciones, donde los paisajes lingüísticos nos hace más humanos, sabiendo que la mayoría de las veces acaban censurados, generando muros de estéticas imposibles. Donde la arquitectura nos habla de cómo el espacio se convierte en tiempo y éste en historia, de lugares concretos que la cámara aísla y rescata de su anonimato para ser observados con la tranquilidad que la fotografía nos permite y que el ritmo de la propia ciudad nos arrebata.