Ni fiesta ni siesta: los españoles trabajamos demasiado (y mal)

Los horarios de trabajo en España son una locura comparados con otros países. Hablamos con el hombre que lleva una década intentando cambiarlos para mejorar nuestra productividad y calidad de vida.

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ene. 27 2015, 10:18am
En España seguimos con el cambio: de época, de partidos, de generación y hasta de clima. Pero nuestros horarios no. Eso no cambia. Somos de los pocos países de nuestro entorno que entra a trabajar pasadas las 9h y el único que se acuesta de madrugada después de leer libros o consumir pantalla en vena. Un país donde dormimos poco -53 minutos por debajo de la media europea- y follamos menos. Donde acecha el invierno demográfico y las parejas se rompen porque no se ven o duermen juntos sin hablarse en días. Donde los pocos hijos que deja caer alguna cigüeña despistada a través del manto de contaminación se aburren viendo la tele o dándole a la Play como aprendices de robot. Donde muchas mujeres y hombres, en una involución digna de Ray Bradbury, ya ni quieren, ni pueden, ni esperan tener hijos. Por no hablar del absentismo, el fracaso escolar, el estrés o la siniestralidad laboral.

Un país de retrasos

Todo guarda una estrecha relación con los horarios que organizan nuestra vida: la jornada en la oficina -si la tenemos, claro-. Y esa es la tesis que Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE), mantiene desde hace una década. Diez años en los que, según este pionero en un país de retrasos -horarios-, "los políticos nos han traicionado y no han querido hacer absolutamente nada con este tema". Esos mismos políticos que, "desde Cayo Lara, secretario general de Izquierda Unida, hasta Mariano Rajoy, presidente del gobierno y líder del Partido Popular, en las distancias cortas te dicen que el problema y la solución son de sentido común pero luego siempre se olvidan".

Buqueras hace una excepción: "Es verdad que hay hombres en puestos clave de partidos, empresas y sindicatos que consideran que oponerse a esto no sería políticamente correcto, pero la verdad es que no tienen la valentía suficiente para dar un paso adelante, es más, hacen todo lo que pueden para que no suceda nada... Eso sí, con los nuevos Reyes es diferente: nos han recibido en la primera audiencia de 2015 y eso es importante, y luego se han puesto nuestra pulsera amarilla para promocionar el cambio de horarios en España".

Salir más tarde y cobrar menos

No todo es malo. Según Buqueras, hay empresas españolas, "pequeñas y grandes", que "ya están aplicando horarios racionales", alguna también "del Ibex 35". Estas empresas "han mejorado la productividad, incluso algunas más de lo que pensaban, han reducido los gastos, entre ellos los energéticos, porque no es lo mismo estar hasta las 20h con todo encendido que apagar a las 17h". Aunque los pasos atrás abundan. Desde "los ministerios con las luces encendidas y la calefacción o el aire acondicionado enchufados hasta la noche", hasta patas y charcos dialécticos como del ex presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán [hoy en prisión] que, "dijo en una rueda de prensa que los españoles, en plena crisis, tendrían que hacer un esfuerzo y salir más tarde del trabajo y ganar menos".

Los datos, pese a las protestas y a la labor de concienciación de ARHOE, corroboran las palabras del ex propietario del Grupo Marsans: según la Encuesta de Coyuntura Laboral de 2013 -que antes era trimestral y ahora es anual- el presentismo de los españoles fuera de sus jornadas laborales pasó en los dos años anteriores del 45% al 85%. Más horas que se han ido apoyando, como vaticinaba Ferrán, en una reducción de los salarios.

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Ignacio Buqueras (izq.) dice que los políticos "en las distancias cortas te dicen que el problema y la solución son de sentido común, pero luego siempre se olvidan".

Sincronizados con Hitler

Sin tiempo -o con demasiado y mal organizado-, afirma Buqueras que "vivimos sumidos en una maratón laboral" que en su germen, en la raíz del problema, es un reflejo de nuestro pasado reciente: estamos fuera de nuestra zona horaria natural -meridiano de Greenwich-, que deberíamos compartir con Londres. El motivo es iluminador: llevamos así más de 70 años, en concreto desde 1942, cuando Franco decidió colocarnos -o colocarse él, mejor dicho- en la zona horaria de influencia alemana para hacer un gesto a Hitler. Desde ese año, llevamos una hora de retraso. "A Zapatero le dije 'oye, ya que estás con la Memoria Histórica, esto sería importante', y también se lo he comentado a Rajoy, pero nada".

Pero eso no lo justifica todo: ni "el presentismo", que Buqueras identifica como uno de nuestros grandes males -"esa cultura basada en abandonar la oficina solo cuando lo ha hecho el jefe"- ni las "comidas y cenas de trabajo demasiado largas" -con vino y negocios que se concretan después de varias copas- en las que "muchos directivos de otros países se quejan porque no entienden esa pérdida de tiempo". El presidente de ARHOE lo ha vivido en sus carnes: "Muchos te dicen que al día siguiente tienen que subirse a un avión a las siete de la mañana y que no pueden salir de una cena de trabajo tan tarde... o que han terminado esa cena preguntándose qué era lo que realmente habían acordado". En otras palabras: borrachos como pequeñas cubas.

Reuniones de café, copa y puro

Otro flanco son las reuniones de empresa, que en estas latitudes ibéricas siguen siendo, salvo excepciones, un caos imprevisible sin guión "ni orden del día ni hora de salida". Este factor, según Buqueras, "frena la competitividad y la eficiencia" y es "inaceptable". Aquí, de nuevo, las horas y la organización previa son relevantes: "No deberíamos celebrar ninguna reunión después de las 18h ni sin hora de finalización". Y no digamos si acabamos de llegar de meternos entre pecho y espalda un menú de dos platos con postre y café.

¿Competitividad es, como decía Ferrán, condenado por varios delitos financieros, "quedarse hasta más tarde" en el curro y "ganar menos"? La respuesta está en las horas de trabajo y en la productividad laboral de los países de la Unión Europea: según la OCDE trabajamos casi 300 horas más que nuestros vecinos alemanes pero nuestra economía es menos productiva. Vivir mejor es trabajar mejor, y viceversa: Buqueras, que este año "complejo y crucial" dejará su sillón como presidente de ARHOE a José Luis Casero, cree que "la jornada laboral ideal debería consistir en salir del trabajo a las 16:30h-18h y entrar entre las 7:30h y las 9h, con un desayuno previo fuerte y una parada para comer de no más de 45 minutos, siempre teniendo en cuenta la flexibilidad y que no es lo mismo una oficina que un taxista o una tienda".

Buqueras ha mandado una carta "a todas las formaciones políticas explicando la problemática". Ahora la pelota está en su tejado: "Hemos creado un grupo de trabajo para analizar todos los programas de los partidos y ver si finalmente incluyen alguno de estos aspectos, y luego, antes de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, ARHOE ofrecerá una rueda de prensa para que el ciudadano tenga las cosas claras a la hora de votar".

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