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Cultură

Las fuercitas para mujeres son el futuro del feminismo

Las luchadoras de brazos de LA son fuertes (obviamente; se dedican a las fuercitas, por dios). Son inteligentes. Siempre saben qué decir. No soportan pendejadas. Son a lo que princesas enclenques como yo deberíamos aspirar.

Fotos por Jamie Lee Curtis Taete

Toda mi vida me han dicho que debo tener miedo. Ser chica, y petite para acabarla de joder (metro y medio, frágil, pulmones jodidos de tanto fumar y una fuerza casi nula), es la cruz con la que debo cargar.

La gente me mira incrédula cuando les digo que camino por Los Ángeles, a toda hora. Me dicen que no debería hacerlo. Que debo tener más cuidado. Sin embargo, vivir con miedo es tan agotador como hablar del tema. Lo resiento. Resiento el hecho de que la gente espere verme preocupada. Resiento la idea de que, si alguien me atacara, la culpa sería en parte mía por no tener “cuidado”. Resiento el hecho de ser la trillonésima mujer en resentir todo esto.

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Fui atacada una vez, caminado por la banqueta en Issaquah, Washington. Un hombre corrió hasta mí y se estrelló; mi reacción inmediata fue hacerme bolita y esperar lo peor. No tengo una guerrera en mí. Pero debería tenerla si quiero algún día deshacerme de este miedo que me aplasta desde arriba. Por eso, yo y otras mujeres débiles de mi calibre, podríamos aprender muchas cosas de la temerarias mujeres de LA LAW (las luchadoras de brazos de LA).

La mujeres de LA LAW, la rama angelina de CLAW (el colectivo de luchadoras), son fuertes (obviamente; se dedican a las fuercitas, por dios). Son inteligentes. Siempre saben qué decir. No soportan pendejadas. Son a lo que princesas enclenques como yo deberíamos aspirar.

Una noche de lunes, en un bar genérico, las vi enfrentarse. Las puertas abrieron antes de que cayera el sol. La luz del atardecer le daba a todo el lugar (mesas repletas de trofeos, una pantalla con el logo de LA LAW, mujeres caminando con vestidos de graduación y disfraces de monja satánica) un aire realmente bizarro.

Nunca había estado en un evento de estos. No tenía idea de lo que vería. Un trio de fans cubierta de spándex se acercó para pedir mi apoyo para “The Hammer”, quien asumí era una de las luchadoras. La líder del ring me informó que “[The Hammer] venció a dos hombres en fuercitas el día de ayer. Y como seguro sabes, los hombres suelen tener una mayor fuerza corporal que las mujeres”. Estuve de acuerdo.

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Las cosas estaban por empezar. Lana Bootay, la anfitriona, subió por la rampa de acero hasta el escenario. La acompañaba el coanfitrión, un hombre bien engelado con lentes de sol a puerta cerrada. Sin pensarlo dos veces pidió al público que “cerraran el puto hocico”. Esta fue la primera, pero no última vez que pidió esto al público. Era una mujer grande, y no cabía duda que ella estaba a cargo. Obedecimos. El show comenzó.

Crystal “Double Stuff” Hills, vestida de reina del baile desquiciada, fue la primera contendiente. Una corona destellante y el dedo medio levantado mientras caminaba por el escenario. Un miembro de su equipo, una chica con un listón que decía: “Cortaré a una perra”, la siguió, secándose las lágrimas dramáticamente con un pañuelo. La pompa del evento fue muy similar a la de la lucha libre en general; groserías, mentadas de madre y actos de fanfarronería de sobra.

La retadora de Hills, Maria Juana, subió al escenario disfrazada de un enorme porro. Rodeada de sus cholas, una de las cuales lamió su disfraz viciosamente, esta mujer sabía hacer una entrada. Mientras ella y Hills se enfrentaban, alguien en el fondo gritaba “¡Ve por ella, reina!” El término “reina” aplicaba a cualquiera de las dos.

Al final, Maria Juana se fumó a Hills. Y una por una, la competencia siguió su curso.

La hermana Patrician Pistolwhip, la monja satánica, hizo su sacrílega entrada, sus seguidores con el rostro cubierto de sangre y cruces invertidas.

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Su retadora, Dirt Diggler, traía un disfraz de construcción y conos naranjas en las tetas, y disfrutó de una buena cantidad de crema batida en la boca, cortesía de un miembro de su equipo, justo antes del duelo. Fue, sin exagerar, uno de los momentos de empoderamiento más fuertes que haya visto.

Ganó la hermana Patrician. Más tarde, Dirt recibió el premio a la “Peor Perdedora”.

Wayne Fucking Kramer (de MC5 y fundador de Jail Guitar Doors, la organización que recibiría las donaciones del evento) tocó un rato durante el intermedio; después de lo cual el público hizo una reverencia estilo “No somos dignos”.

Lady Angélica, una mujer vestida de blanco con una espada, compró a los jueves con un angelical pastel de malvavisco y chocolates. Pero esto no la salvó de la paliza que The Hammer tenía reservada para ella.

The Hammer, con sus pantalones dorados, hizo la danza Hammer luego de vencer a Lady Angélica. No ganó la final, pero se llevó el título de Mejores Seguidores.

Less Slim More Shady, la campeona, fue presentada como alguien que “literalmente no es buena en nada más”. Según Bootay, “impresionó tanto a las chicas la vez pasada que se consiguió una novia” (arriba en la foto).

Pero, según parecía, la única manera de conservar a la chica, era ganando de nuevo.

Lo hizo. Mientras levantaba su trofeo al aire, un hombre junto a mí sacudió la cabeza en shock. “Es invencible”, comentó. “Es invencible”.

Como saben, los hombres tienen mayor fuerza física que las mujeres. Pero estas no son la mujer promedio. Son mujeres extraordinarias. Al final del evento, la organizadora, Amanda McRaven, anunció lo orgullosa que estaba de “estar en una hermandad con ellas”. Me sentí muy orgullosa de haber visto esa hermandad, aunque sea por una noche. Ver estas hazañas me hizo sentir fuerte por parentesco, cual Ave Fénix enfermo que surge de las cenizas del cigarro. Se enfrentarán de nuevo en octubre. Ahí estaré, lista para participar.

@bornferal