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Historias Nocturnas

A la chingada la policía

Bajé la ventana de lado del pasajero, y le hablé a una chica pecosa y pantalón de piel de color blanco con unos tacones de plataforma. “Hey, mija, ¿cómo va todo? ¿quieres ganar dinero?”

Scot Sothern es un fotógrafo de Los Ángeles y un gran admirador de prostitutas. En las últimas dos décadas, Scot se ha acostado y/o fotografiado a una gran cantidad de sexo  servidoras. Sus fotos han estado exhibiéndose en galerías en Estados Unidos, Canadá y Europa. Las imágenes de Scot generan escandalo y te hacen querer saber más. Así que decidimos darle una columna a Scot para que nos explicara más acerca de sus fotos. La idea es simple: Elegimos una foto de los archivos de Scot y él nos explica exactamente qué chingados ocurrió cuando tomó la foto.  Bienvenido a “Historias nocturnas.”

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Son las cuatro de la madrugada de un domingo, pero para los que seguíamos despiertos aun era sábado. En las calles Western y Hollywood Boulevard, donde había un lugar con un espectacular gigante de un hot dog, pero ya no está. Extraño todos los sitios emblemáticos de Los Ángeles, la ciudad que amo. Al sur de Western, le pisé en luz preventiva en el Bulevar de Santa Mónica y luego, a tres cuadras, me topé con gente en atuendos que parecían decir: “cógeme”. Vi a la policía de Los Ángeles contra esquina de un McDonalds. Un par de bullies en su patrulla hablando con las chicas y espantando a los güeyes. Los güeyes se van a casa calientes, las chicas se van a casa sin dinero. Soy un vaquero buscando convertir lo malo en bueno. Giré a la izquierda hacia Romaine y luego me detuve para ir a un Taco Bell. Las chicas en la calle se me quedaron viendo con gran confusión. Los policías seguían en el carril junto a mí. Los ignoré, bajé la ventana de lado del pasajero, y le hablé a una chica pecosa y pantalón de piel de color blanco con unos tacones de plataforma. “Hey, mija, ¿cómo va todo? ¿quieres ganar dinero?” De manera lenta se acerca. Volteando a ver a los policías y a mí. —¿Eres policía?

—No. ¿Y tú?

—Aquí hay policías—. Y apuntó hacia ellos, en caso de que no lo hubiera notado. —Sí los vi. Métete, vamos a dar la vuelta. —Quiero tomarte una foto. Te doy 30 dólares.

—Sí, está bien—. Abre la puerta y se mete al coche. —Sabes que esos policías están viéndonos, ¿verdad? —Sí, ya sé pero no estoy rompiendo ninguna regla, a la verga con ellos. Ponte el cinturón, no quiero que me vayan a multar.

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Conduje y la patrulla de la policía salió del callejón para seguirme. En el primer cruce se me emparejó, prendió la sirena y me hicieron parar el coche. Un policía con cara de meco me vio. Bajé mi ventana, y empezó el interrogatorio.

—¿A dónde vas?

—Sólo dando la vuelta, no voy a ninguna parte.

—¿Quién es ella?

—Una amiga.

—¿Cómo se llama?

Le pregunté a la vieja cómo se llamaba, y ella me dijo:

—Su nombre es Roxanne.

—Si es tu amiga, ¿por qué le tuviste que preguntar su nombre? —Nos acabamos de conocer.

Su cara se encendía y pensé que sería bueno dejar de joder al policía, antes de que me disparara. “Acabo de conocer a Roxanne y vamos a tomar algunas fotos”.

—¿Fotos?

—Sí—. Le mostré mi cámara y flash. —No estamos rompiendo las reglas. Soy un fotógrafo, esto es lo que hago.

Él no dice nada, sólo me ve y yo le pregunto si ya habían terminado sus preguntas, si ya me podía ir. El policía subió su ventana y yo me fui. Nos siguieron por una cuadra y luego se fueron.

—¿Cómo te llamas tú?— me preguntó Roxanne. —Scot.

—¿Realmente quieres tomar fotos? —Sí, ¿está bien?

—Pues sí, yo creo. Que chingón eres, la manera que le hablaste y lo que le dijiste. Yo odio a los policías. —He hecho cosas más inteligentes. Pero tengo algo contra los policías, me hacen sentir que soy un morro otra vez.

—Odio a los policías— dijo una vez más Roxanne. —No se puede ganar dinero cuando se la pasan acosándonos. La calle llega a una curva y cambia de nombre. Hay un lindo parque con una canchas de tenis. No hay estacionamiento en el parque, una fila de coches y sigo buscando un espacio para estacionarme.

Roxanne dice: “La razón por la cual la policía no quiere que ganemos dinero es porque las putas no pagamos impuestos, los policías no ganan dinero y quieren que nosotras tampoco”. Estamos en un lindo barrio familiar y los residentes no quieren vicios ni drogas en sus calles. Esa es la razón principal por la que los policías acosan a las chicas. Me estacioné en doble fila enfrente de una casa tipo hacienda con jardín. Todos duermen, menos nosotros.

Encontré un buen lugar en el parque y Roxanne me muestra que no trae calzones puestos. Tomé tres fotos y le pagué por su tiempo. De regreso en el coche, ella me ofrece sexo, pero yo quería un descuento. Le dije que me encantaría y le prometí que pensaría en ella cuando me la estuviera jalando pero que hoy no quería tener sexo. La llevé de regreso a donde la encontré y los policías estaban ahí de nuevo. Roxanne me da un abrazo antes de salir del coche, y mientras me alejaba, podía escuchar que le decía al policía cara de meco que sólo nos fuimos a tomar unas fotos y que no había nada que él pudiera hacer al respecto. Me fui a casa sintiéndome orgulloso de mí mismo.