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La pura puntita

Qué puto libro

Entrevistamos a Guillermo Osorno sobre la vida del Nueve, y su nuevo libro, 'Tengo que morir todas las noches'.
30.7.14

Nana (izquierda) y Alejandra Vogue (derecha).

Guillermo Osorno es un periodista mexicano, editor de Gatopardo y autor del libro de crónicas Tengo que morir todas las noches publicado por Debate.

Lo primero que quise saber de Tengo que morir todas las noches, fue del coming-out en el prólogo. Es interesante porque parece que la gente todavía tiene que hablar de eso, aunque la primera vez que leí a Guillermo mencionar su gay fue en la famosa crónica que hizo del #Yosoy132, un documento muy chido para los que no topan quién es él, donde pueden entender su nivel de periodismo y me parece también que es una aproximación muy cercana a los personajes del movimiento. Por esos días hubo un ola de coming-outs mediáticos, desde Frank Ocean y Anderson Cooper, hasta el hermoso clavadista Tom Daley. Pero cuando nos juntamos en el café con fama de que roban bolsas en la placita de la Roma donde vive, me dijo que había escrito de ello anteriormente y que en realidad era una estrategia deliberada.

"No es la primera vez que escribo de eso, pero es la primera vez que cuento el día que salí del clóset. Entonces no es un coming-out en el sentido estricto, en realidad es una estrategia narrativa que tiene dos funciones:

“Una es colocar al lector en los dilemas que tenía alguien como yo en esa época para que pueda entender mejor el famoso bar Nueve, no a Guillermo Osorno. Y la segunda, para dejar plantada una voz narrativa que está en el primer capítulo, la voz que te va a contar el resto de la historia y retomarla en el último capítulo, donde vuelvo a la voz en primera persona y hago una reflexión sobre lo que ha pasado. A mí sí me ha intrigado que algunos periodistas me han dicho ‘valiente’ por escribir ese prólogo. Creo que no es una valentía moral, sino menos es una valentía formal porque es un truco narrativo y es una estrategia del narrador. La historia obviamente es cierta y es una manera también como de inscribirme en esta historia que te voy a contar. Pero el #ComingOut si ha llamado mucho la atención".

El día de la presentación de Tengo que morir todas las noches en el Museo Universitario del Chopo llegué 20 minutos tarde y un poco mojado. El auditorio estaba lleno con todos los amantes del Nueve, y el staff improvisaba una pantalla y banquitos para los dates que habían quedado fuera. Los presentadores elogiaron el libro en sus temas: narrativa, rigor periodísitico, música underground y cultura sexual. Me cagué de risa cuando Julian Herbert se burló de la homofobia gay ‘tan de moda’ en las columnas #gay para #str8s de las publicaciones gentri.

El mítico Henri Donnadieu, gerente del famoso club y personaje principal en la historia, autografió mi ejemplar y Osorno me lo dedicó “lleno de fiebre ochentera”.

El libro además de ser una narración envolvente, rica en jugos y lista para ser los capítulos de un #PUTO #HIT drama in Mexico City, ha llamado la atención por su valor de archivo.

Guillermo Osorno señala que sí hay una labor de arqueología en la que lo ayudaron varios investigadores, el primero de ellos fue Diego Flores Magón que encontró unos registros en la prensa que Osorno no tenía contemplados, no sabía que existían. Esos primeros descubrimientos de Diego ayudaron a Osorno a pensar que una parte importante del libro era dejar constancia del registro que había dejado el paso de estas personas por su época y que en el fondo estaba mucho más registrado de lo que se pensaba, también mucho más inscrito como en la cultura mainstream de lo que se imaginaba.

"Es interesante por ejemplo, que el propio Henri Donnadieu y desde antes, con Óscar Calatayud, quien fue el primer gerente del bar, estuvieran muy preocupados por aparecer en las páginas de sociales y contrataran a un publirrelacionista que les estuviera generando notas. En ellas se hablaba del bar gay, del club gay de la Ciudad de México en 1978, 1979 y eso ya me parecía muy revolucionario. Luego también se dejaron registros porque aparecían en la nota roja", dice Guillermo.

VICE: Algo que queda muy evidente y que me parece interesante es esta onda de la fiesta como espacio hiperpolítico, donde la gente muestra su verdadera naturaleza y la sociedad confronta y testea muchas cosas. Específicamente cuando hablas del club en Acapulco, el primer club abiertamente gay del país, en un momento donde es el puerto al jet-set.
Guillermo Osorno: Claro. Ése es el comentario, la gente ejercía el derecho de divertirse en sus propios términos, simplemente estando en ese lugar y consumiendo poppers e incluso drogas más duras, fajándose y ligándose, agarrándose el pito y todo lo demás.

Era un espacio de enorme liberación y los que fueron al Nueve lo recuerdan con muchísima magia. Las celebridades del momento —Sean Connery o Grace Jones—, iban y se divertían en los mismos términos y eso lo conectaba con una corriente más global de vida nocturna y de fiesta. La noche también tiene esta función metafórica de ser un espacio de libertad y de liberación y yo creo que en medio de una sociedad tan en crisis, caótica como la sociedad mexicana en los años ochenta, el Nueve te daba esta sensación de ser un espacio privilegiado en donde te podías inventar una escena o disfrazarte y ser alguien. Poder así conversar con el mundo, porque la mañana siguiente eran crisis y devaluaciones y fraudes electorales y todo lo demás.

En el Chopo los vatos hablaban del Nueve como un espacio importante para ellos como #str8s, donde las mujeres se iban a refugiar del acoso de los mirreyes para poder bailar chido y donde los más raros iban a bailar y convivir. ¿Por qué el clasismo era valor estético en ese momento? ¿Todo mundo quería ser fresa y aspiracional?
Sí, fresa y aspiracional. Las discotecas más desmesuradas y grandes se abrían en el Estado de México porque en la Ciudad de México había cierta prohibición, pero se hacían como verdaderos circos, templos. Había escándalos porque había tigres enjaulados y era una cosa muy extrema y muy clasista. En relación a esa escena, el Nueve ofrecía un espacio alternativo realmente muy interesante. Era más chico, más familiar, te daba esta sensación donde todos nos conocemos y somos chidos, y estamos haciendo algo efervescente y único en esta ciudad envuelta en tantos problemas, también en relación a esa escena, el Nueve es interesante.

Y toda esta gente que no es homosexual, pero que termina siendo gente gay cuando están en ese momento en esa fiesta.
Henri lo que tenía muy bien plantado era esta idea de romper el #GhettoGay, que era importante exponerlo a otras cosas. Y luego ya obviamente con la inclusión de Rogelio Villareal y Mongo, por medio de La Regla Rota, eso abre la puerta a toda la generación de los ochenta, de los nacidos en los 60 que ya eran jóvenes 80 y que comienzan también a inventarse una escena alternativa. Ese jueves que era particularmente #hetero —por ponerlo en términos de género— se va a desdoblar a los otros días, porque muchos de los que iban los jueves, terminaban regresando el viernes, sábado y domingo, y entonces mezclándose en una fiesta más grande.

Una cosa que también es interesante es la presencia de #transgénero en el sitio, es un momento particularmente brillante para los transexuales y travestis, en parte por la presencia de Xóchitl, líder informal de la comunidad gay. Era una mujer muy poderosa y por medio de Xóchilt entraba mucha gente muy enriquecedora. Henri tenía un teatro cabaret #drag que también hacía que eso fuera muy atractivo y donde el cambio de sexo, performático, ritual, nocturno era también un parte importante de la conformación de la noche. No es casual que la portada sean dos transgéneros: Alejandro Vogue y Nana, cuya historia más o menos se cuenta en el Nueve. Nana era un prostitua de escándalo, era muy muy guapa y era muy muy glamourosa y encontraba en las noches del Nueve un refugio. Era muy hermosa, la gente la seguía muchísimo.

El #underground. Entiendo que en este momento la cultura que se estaba proponiendo ahí era contracultura, prácticas que se encontraban al límite o la periferia, pero al mismo tiempo en estas noches estás hangeando con celebridades de Televisa y gente del entretenimiento que ya está asimilado. Ahora el underground se percibe más en términos de consumo, no tanto de cultura.
Hay que decir en descargo de Televisa que los 80 fue un momento bastante creativo en materia de televisión mexicana. A diferencia de ahora, donde todos los guiones son importados y las telenovelas son un refrito, de un refrito, de un refrito, en los ochenta había bastante más imaginación televisiva. Había muy buenos escritores y excelentes dramaturgos que estaban haciendo las telenoveleas de entonces. Eran de escándalo Cuna de lobos, El extraño retorno de Diana Salazar, también los actores y actrices de Televisa eran mucho más interesantes. Seguimos pensando en  Lucía Mendez y en Rebeca Jonnes y siguen siendo referencia. Incluso Thalía y Sasha que llegaron a la última época del Nueve son mucho más interesantes. Bueno en descargo de Televisa quiero decir que había mucho más imaginación y era un momento muy brillante, la última etapa del Tigre Azcárraga que tenía en efecto sus cosas buenas y sus cosas malas, y sí en efecto, los productores, los actores, eran parte de la misma escena.

También porque Henri fue un productor de teatro y se vinculó con ellos. Hay una escena que no cuento, en donde alguien levanta una pistola en medio de la noche y grita “¡Que muera Luis Dellano!” Luis era un gran productor de telenovelas y sobre todo manager de Timbiriche. Todo mundo se fue pecho a tierra, pero Luis De Llano estaba ahí.

Mi capítulo favorito es el cinco. Donde haces una escena perfecta de meterte a la pista de baile, ver los outfits de la banda, escuchar el soundtrack, sentirte ahí bailando y de repente BANG! termina con el drama más cabrón.
Sí, con un acuchillamiento.

Al final termina siendo hasta un doble asesinato. Está cabrón porque habla también que como hoy, como homosexual puedes ser asesinado en República de Cuba, cerca de lo que sería EL bar gay de la Ciudad de México.
Sí bueno, eso ha pasado.

Hay momentos en el libro donde te confrontas a la pistola, al asesinato, a una violencia extrema.
Pues sí había peleas y había violencia. Hay un asunto que no he podido comprobar y me intriga mucho, que es si había un asesino serial. Más o menos se deja ver cuando Henri tiene que ir a ver las fotos de otros homosexuales que habían muerto y había cierta investigación policial alrededor, él se da cuenta que muchos de los clientes del Nueve pues estaban ahí destazados en sus propias salas. Y luego pues yo creo que también la presencia tanto de cocaína como de heroína, hacía que ciertas ocasiones el asunto se saliera de control. Hay balazos, hay peleas, la propia presencia de chicos de raíz más punk provocaba encuentros. No lo cuento tampoco, pero a veces se hacían presentes Los Panchitos, que eran el grupo marginal más punk de la Ciudad de México y tenían también un lugar en la escena. Por otro lado, había judiciales homofóbicos que tenían como algún problema tal que se hacían presentes, se hacían pasar como policías, pasaban noches enteras en el Nueve, a lo mejor tenían pulsiones homosexuales, pero siempre las disfrazaban como de violencia.

Sobre lo que significa tener un lugar. Calatayud, Henri, Jacqueline Petit, todas estas personas que hacen que suceda, al final tienen una inteligencia criminal cabrona, ¿sabes? Para poder ser dueño de la noche tienes que ser un mafioso y ser parte del sistema de la corrupción, pagarle a todo mundo y eso tampoco ha cambiado.
Sí, eso es una de las cosas que no ha cambiado, es decir, ya no te extorsionan por ser gay como te extorsionaban en los 70, sino que ahora es parejo, nomás te extorsiono porque eres dueño de un sitio. Como era el PRI entonces, tanto Jaqueline Petite como los dueños del Nueve buscaban la protección oficial, el favor personal, encontrar el resquicio entre las autoridades para que no los molestaran.

Claro, ésa es la historia de cualquier persona que tiene un club. Cómo poder mantenerlo.
De cualquier manera el Nueve lo clausuraban con alguna frecuencia pero Henri siempre encontraba maneras de abrirlo de nuevo. Aún así cuando hubo que abrir el Metal buscaron a Edith González para que los llevara con el regente de la Ciudad de México que les dio un permiso muy amplio para operar este lugar de cinco mil metros cuadrados.

Cambiaron las autoridades, se fueron Ramón Aguirre, se fue Enrique Jackson, quien dió el permiso, el delegado de la Cuauhtémoc y después obviamente ese acuerdo se rompió. Las propias autoridades, de una manera pienso homofóbica, decidieron que ese lugar no podía tener cabida en la Ciudad de México. Lo cerraron y los trataron de volver a extorsionar, les pidieron un millón de pesos o algo así, pero ellos ya no quisieron.

Entonces los clubs y los teibols tienen una vida que va con los sexenios y las administraciones. Y pues se tienen que ir adaptando y amafiándose. Y eso para traerlo ahorita, en este momento que tu estás describiendo la Zona Rosa está cabrona, es un área de cierta libertad, y si ahorita pensamos con esta ola de #CLAUSURADO que acaba de pasar con relación al Heaven, la misma zona está en justo el polo opuesto.
Después del Heaven After pues se convierte en una zona como bastante oscura, el Heaven after simbólicamente es terrible porque demuestra que todo esto que nosotros en la Ciudad de México pensábamos que sucedía en el margen, en realidad sucede a una cuadra de Reforma. Y siempre la reacción de las autoridades me parece muy hipócrita porque su impulso es entonces cerrar, y eso lo que crea entonces es más extorsión y más pánico y más miedo. Y una sensación policiaca, pienso que debería haber soluciones más inteligentes y respuestas más inteligentes que nada más el manotazo policiaco frente a estas crisis y la Zona Rosa está padeciendo muchísmo eso.

Si el gobierno del DF toma pasos como el #MatimonioDF tiene que además crecer como administración de igual manera en otros aspectos.
Si bueno tiene que hacerse igualmente iluminado en el tema de la vida noctura y en el tema de los permisos, y bueno esta cosa que tu ves, lo que no ha cambiado, osea la ciudad ha cambiado mucho, el prestigio de la ciudad es otro, lo que sea. Pero lo que no ha cambiado es el tema de la extorsión en la ciudad nocturna. De hecho me parece igual, la lógica sigue siendo la misma. Reglas poco claras, cambian todo el tiempo, y eso le permite a la autoridad sacar, extraer más dinero y mantener a todos los jugadores como en el límite y no me gusta.

La ciudad si se ha mediatizado hacia fuera y maquillado… (pensemos en la oficina de PR que es Laboratorio para la ciudad, o la instalación de la Oficina de Turismo Lésbico Gay en 2010)
Si tu piensas cuál era el prestigio de la ciudad en los ochentas pues era horrible, era una ciudad donde nadie quería vivir. Las crónicas de la época pues son la narración del desastre, esta el temblor, la explosición de la gasera donde murieron cientos de personas, el transporte público no funcionaba, había una contaminación alarmante, la ciudad se había extendido a unos niveles inabarcables. Y como que todos los capitalinos nos sentíamos ahogados y parte del algo que no funcionaba. En el 2014 el prestigio de la ciudad es otro. Quién sabe cuánto ha cambiado pero es cierto que la narrativa sobre la Ciudad de México se ha modificado sustancialmente.

Lo que quiero decir es que además el libro está escrito desde el 2014, osea con esa narrativa de cambio, esa narrativa nueva que tiene la ciudad, no sé que tan cosmética o real sea, pero si está narrado desde este polo de la historia y no desde los años 80.

Henri es promotor y empresario, un productor cultural y un poco tú también haces ese mismo tipo de trabajo y estás a punto de abrir un lugar, un proyecto cultural. ¿Quieres decir algo sobre esto?
Iba a utilizar la palabra sorprendente, pero en realidad sí lo he pensado. Cómo un libro me lleva a poner en acto algunas ideas de lo que investigué en un proyecto que estoy haciendo. Evidentemente sí hay una conexión entre un asunto y otro. #HorizontalMx es un proyecto que nace como proyecto político y proyecto cultural, en segundo lugar tendrá un centro cultural y tal vez en tercer lugar un centro de consumo. Como que los veo en ese orden y lo del Henri era al revés, eso era energizar la ciudad desde la vida nocturna con actividad cultural y que se convirtiera en ciertas aristas. Un lugar donde pudiéramos pensar ciertas películas o ver ciertas escenas que normalmente no veíamos.

En ese sentido Henri estaba adelantadísimo, porque justo ahorita la tirada comercial es eso: espacios comerciales como infraesctructura para que haya producción cultural.
Sí, tampoco está muy explícito en el libro, pero en la última concepción cultural de Henri, él ya estaba pensando en hacer becas. Tenía una colección de arte, llegó a comprar hasta Francis Alÿs, tenía un programa para patrocinar revistas culturales; él ya estaba a punto de dar el siguiente paso. Pero en efecto, eso se hubiera puesto más cabrón y hay una depresión generacional de los que llaman los hijos del Nueve, que eran los que se iban a beneficiar de este programa cultural, de este dinero, que si se aplastaron después del cierre del Metal. Para ellos esto cayó como un manotazo muy fuerte a su proyecto. Y eso es antes de Conaculta, antes de muchas iniciativas que ahora hacen la creación mucho más sencilla. Henri estaba ofreciendo soluciones a estos asuntos.

***

Pedimos la cuenta, nadie intentó robar mi mochila blanca, recuerdo que Marcelo Ebrard vive en la misma plaza y le digo a Osorno: “¡Vas a tener que ser mafioso!” Se caga de risa. Luego le cuento de Wildnessel documental de Wu Tsang que narra la historia de un bar de vestidas en Los Ángeles y cómo entra en contacto con la fiesta de electrónica y performance que organizaba con Asma y Daniel de NguzuNguzu y Total Freedom. La voz que narra la historia pertenece al club, como espacio. Nosotros hicimos el after cuando Wu vino a proyectarla. Sus ojos enfocan y lo invitó a mi siguiente fiesta. ¿Sabes? se está volviendo un evento gay, o al menos str8-friendly. Luego decidimos acompañar la nota con algunos cachos de los videos encontrados.

Henri mandaba grabar estos videos sobre todo para dejar un registro de la Kitsch Company pero también se grababan otras cosas. Una de ellas es la noche que se narra en el libro donde el camarógrafo en realidad está dejando un registro muy valioso de comportamientos, sonidos, moda, tendencias. Porque de alguna manera él ya tiene esa mirada, y la gente que él enfoca es la que le va llamando la atención.

Fiesta de aniversario.

Tito Vasconcelos, Jaime Vite y Miguel Ángel de la cueva en el show Marilyn Forever