Miguel Ángel Martín. Sociópata ilustrado

Sangre y heces: Miguel Ángel Martín meets el Marqués de Sade.

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26 Noviembre 2012, 3:18pm

Total OverFuck, Psychopathia Sexualis, Surfing on the Third Wave, Playlove… M. A. Martín (León, 1960) titula sus cómics como si fueran discos pero lo que cuenta en ellos es otro cantar, uno muy ajeno a modas y tenaz en su temario desde hace más de dos décadas: distopías, trampas sexuales, tecnología, alienación, psicosis… Y un futuro tan inmediato que, coño, que es que es ya.

En su faceta de ilustrador, ahora presenta una edición de Los 120 días de Sodoma donde secunda a uno de los hombres que más hacia dentro nos ha hecho mirar nunca. Cerca de ciento cincuenta dibujos reproducidos a dos tintas que dan cuenta de la literatura abismal de Sade. Línea clarísima para el marqués.

VICE: Tú siempre provocando, Martín.

Miguel Ángel Martín: Sade es un clásico. Ilustrarlo puede ser un atrevimiento pero nunca una provocación.

Pero parafrasear al Marqués es imposible, eso lo sabes...

No lo pretendo. Este libro no es más que mi pequeño homenaje personal al marqués y también a Pasolini por la excelente adaptación que hace de su obra en su película Saló, que también he tomado de referencia.

Edición con particularidades, cuéntanos.

Sí, la primera es que he hecho una selección del texto troceándolo a voluntad, y luego que la traducción es totalmente libre y adaptada al mundo contemporáneo. Hemos sustituidos a los cocheros por taxistas, por ejemplo, y aparecen también notarios, diputados, concejales y etcétera. Es decir, que los personajes viven y hablan como en el momento actual.

La obra de Sade todavía es vigente. Incluso quienes condescienden a ella o la pretenden desactivada están pronunciándose acerca de su poderío.

Sin duda, más vigente que nunca. Sus personajes son perfectamente extrapolables al mundo contemporáneo. Sólo eso ya lo convierte en un clásico.

¿Crees que el principal valor de su literatura estaría en su vigor antiburgués?

Es posible que con los cuatro personajes principales, un aristócrata, un juez, un banquero y un obispo, Sade pretendiera hacer crítica social o antiburguesa, pero, sinceramente, a mí eso me importa un rábano. Lo que me interesa es la brutalidad, la crueldad y las perversiones, es decir, el sadismo.

Estas 120 jornadas contienen pasiones y suplicios de una abyección bellísima. ¿Cuál sería tu favorito?

La cuarta parte del libro es mi favorita, la de las ciento cincuenta pasiones que incluyen la tortura y la muerte.

Uno de sus recursos es tan sencillo como dar todas las combinatorias, no dejar lugar. Nos conquista la fantasía erótica y criminal o no sé qué hace, pero no nos deja escapatoria.

Cierto. Además, toda la acción transcurre en el castillo de Siling, aislado entre montañas, con el puente de acceso cortado para impedir la salida. Una situación recreada miles de veces en el cine y las narraciones de terror.

¿Podemos decir que la transgresión es un asunto moral?

Para mí es algo lúdico, un divertimento. No sé si Sade pretendía ser transgresor o sólo ser él mismo. Yo nunca lo he pretendido. Todas las etiquetas que me han puesto son cosa de la gente, no mía, y creo que definen más a aquel que las pone que al que las lleva.

Elevar el crimen a categoría artística, eso hizo el Marqués y eso has venido haciendo tú en buena parte de tu obra. ¿Qué otros autores contemporáneos te interesan por motivos parecidos?

En cine, sin duda, principalmente dos títulos: Henry, retrato de un asesino, de John McNaughton, y Funny Games, de Michael Haneke, en sus dos versiones, tanto la alemana como la americana, ambas me parecen buenas. En música, Whitehouse y su tratamiento de la violencia, influida por los asesinos en serie, sin cuestionarlos ni dar sermones, han sido siempre una referencia para mí. Este libro es un pequeño homenaje a ellos también. En cuanto a literatura, poseo una pequeña colección de biografías de psicópatas de donde he extraído siempre documentación que he utilizado en mis cómics.

Martín, al margen: yo siento mucha vergüenza de mi generación, que es la siguiente a la tuya. ¿Tú cómo lo llevas?

Nunca me he sentido muy identificado con mi propia generación. Es lo bueno que tiene ser un sociópata, que eres más impermeable al paso del tiempo, ¡ja, ja, ja!

Los 120 días de Sodoma está editado por Reino de Cordelia.