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Cultura

Fútbol y curas: una mirada a la TVE que nos espera

TVE baila la yenka: un pasito técnico p'alante y dos pasitos ideológicos p'atrás.
10.8.12

Con media sonrisita, una ceja enarcada y unas paternalistas palmaditas en la espalda en plan, "Hala, hala, que no ha sido nada" imagino que le dieron puerta a Ana Pastor, periodista que ya había demostrado con creces su valía mucho antes de su notoria entrevista a Ahmud Ahmadineyad. "Me destituyen por hacer periodismo", ha declarado Ana, y ¿sabéis qué? La creemos, aunque con matices. La destituyen más bien, como a otros trabajadores del ente (curiosamente, El ente es también el título de una película en la que una mujer es atacada por una fuerza invisible; la vida imita al arte) por no hacer el periodismo que quieren los jerifaltes de las altas esferas; uno que vendría a ser una mezcla entre la publicidad engañosa y los recados del alcalde comunicados a grito limpio por el pregonero en la plaza del pueblo.

En Televisión Española, esa que pasa por ser la de todos, se está dando un curioso relevo: la sangre nueva que entra es en realidad sangre antigua, la sangre rojigualda de siempre, la que corre por las venas de los gavioteros con fondo azul. La cadena la llevan ahora los que hacen saber por orden del señor alcalde, que antes era un señor bajito con bigote y ahora es otro con pelo teñido y barba y cuya corpulencia resulta útil, pues previene de todas las miradas al señor del bigote, que se oculta detrás.

Vamos hacia atrás como los cangrejos, mirando hacia delante como los burros con orejeras. Menuda comitiva somos. En fin, fantaseemos un poco, que poco más nos queda. Juguemos a las ucronías mezclando el pasado y el presente y hagamos una breve lista de los programas antañones que la pepevisión española podría perfectamente recuperar, como dicen en la ciencia ficción, en un futuro no muy lejano. Un futuro que ya casi es hoy.

ÚLTIMAS PREGUNTAS (HARD VERSION)

Este ya se emite, pero es una versión diluida, una milhoja, "softcore" en comparación con programas como Testimonios, que era auténtico turrón de piedra. Rememoremos: en esos tiempos en los que la programación televisiva se interrumpía a las 12 de la noche para dejar paso a la carta de ajuste y hasta mañana, los últimos minutos se apuraban viendo a un cura de los de sotana y alzacuellos hablándole directamente a la ciudadanía, desde el otro lado de la cámara cual vendedor de teletienda, de la inefable bondad de Dios, del Régimen, de la Una Grande y Libre, de los valores familiares, de ser la reserva espiritual de occidente, de la importancia de no olvidarse de ir el domingo a confesarse y de dejar un óbolo en el cepillo de la iglesia o arderéis en el infierno por los siglos de los siglos con rojos demonios clavándoos tridentes en el culo. El cardenal Rouco estaría fan-tás-ti-co en el papel. ¿Qué tal os sentaría que Rouco Varela os cantara las cuarenta, con esa cara que Dios le ha dado, cinco minutos cada noche antes de iros a dormir?

ZARZUELAS

En directo para todos los hogares desde el Teatro Calderón… o el de la Zarzuela, ¿dónde si no? Una vez a la semana y en horario de máxima audiencia, una saludable, edificante, instructiva y deleitosa retransmisión de Agua, azucarillos y aguardiente, La verbena de la Paloma, Doña Francisquita y otros libretos de insignes prohombres como Federico Chueca, Rafael Calleja y el maestro Chapí. Tanto da que la mayoría de estas obras se crearan mucho antes de los "40 años de paz", ya que sus valores son eternos, necesarios en esta confusa época de libertinajes escénicos y grupúsculos que no hacen ni música ni ná y ni siquiera cantan en cristiano (los hay que hasta cantan en ca-ta-lán, esa jerigonza periférica; ¿no es para santiguarse?). Este es un género españolísimo y por lo tanto universal, y al que no le guste, ¡que se joda!

EL NO-DO

Acabáramos. ¿Por qué seguir llamándolo telediario? Aclaremos de una vez que esto es el no-do y dejémonos ya de mamandurrias (¡pero qué gran término! Gracias, Espe) heredadas de la Transición, ese efecto óptico que tan real pareció en algún momento. Cojamos a un títere de carne y hueso, o ya puestos a uno de tela y que alguien desde abajo le haga abrir y cerrar la boca, y que presente con una sonrisa aquello que los españolitos quieren ver: a Jose Mari, cachas él, pescando un salmón en una ría de Galicia; al Marianico, cachazudo él, diciéndole a uno de sus satélites que corte por él la cinta que inaugurará un nuevo pantano; a los Fabra estudiando los planos del gigantesco astródromo que han encargado que les construyan en Castellón, en unos terrenitos que tienen por ahí, cerca de una urbanización; a Esperanza, tres cuartos de lo mismo pero en Madrid y con otra estación del AVE que quedaría la mar de bien en un descampado propiedad de su marido… ¡Eso es lo que la tropa desea ver, a sus próceres obrando con rectitud y en beneficio de todos! Ah, bueno; eso, y goles. ¡Goles!

MÁS FÚTBOL

Está demostrado, el fútbol nunca falla. Es el único valor seguro en tiempos estables, en tiempos convulsos, en tiempo soleado y en tiempo inestable con amenaza de lluvia. Incluso en un escenario apocalíptico que no imaginaría ni Wolfgang Petersen hasta las cejas de anís del mono, un buen partido conseguiría que hasta el más díscolo revoltoso se quedara en casa, que es donde tiene que estar y no en la calle armando jaleo, agotando el brazo de las fuerzas del orden, que un descanso merecen los pobres de tanto arrear porrazos. Pasando de reponer clásicos como

El alcázar no se rinde

,

¿Dónde vas, Alfonso XII?

,

Marcelino pan y vino

y pelis de misioneros. ¿Para qué? Total, si en los archivos del ente hay copias de todos los grandes partidos jugados por la selección española en los últimos años… Tres o cuatro cada día, uno detrás de otro, alternando con partidos actuales, y arreando. ¿Que son agua pasada, que aquello ya se jugó, que no tienen trascendencia ni actualidad? Da igual. Con que el fondo sea verde y haya figuritas que se mueven, la plebe tan contenta. Eso sí, a la mierda con eso de La Roja. ¿Habrase visto? Desde ahora volvemos a ser La Furia.

DEMOSTRACIONES SINDICALES

Una hermosa tradición de los tiempos del caudillo que no sería de extrañar que el consejo de dirección y administración de la pepevisión española decidiera traer al presente. ¿O es que no era bonito cuando "la España laboral" desfilaba saludando con honores al Generalísimo? Una idea cojonuda, pillar a los obreros más atléticos que se puedan encontrar (de buscarlos puede encargarse un primo mío, por cierto, y mi cuñado, y luego tengo dos hermanos que…), los mejores exponentes de ese hombre español bajito pero recio y con olor a grasa de motor y Varón Dandy, meterlos en un estadio y ponerlos a hacer tablas gimnásticas ante la mirada enfervorecida de ciento veinte mil personas, o las que quepan. Como aperitivo de la sin par fiesta gimnástica, una becerrada del bombero torero, y como colofón, ¡gran espectáculo! El fusilamiento sumario y sin vendas en los ojos de unos sindicalistas sediciosos, antiespañoles y pasionarios. Y todo con las más modernas posibilidades de la técnica: 3D, cámara con rotación de 360º, simulaciones infográficas, planos cenitales, datos en pantalla y el mismísimo Francis Frank reproducido en holograma.