El pasado martes, 5 de diciembre, presenciamos por primera vez en Colombia a una de las bandas consentidas del indie rock: Arcade Fire. El show, aunque un poco atropellado por la logística y el sonido —que careció de punch y soltó feedbacks en numerosas ocasiones—, estuvo a la altura de la ya legendaria reputación de la banda de Toronto, liderada por Win Butler. El inicio se dio entre la multitud, con Win, Will, Regine y el resto del combo, a metros de algunos de nosotros, y con la voz de un locutor anunciando la entrada del grupo al ring, cual campeones de los pesos pesados.
Y lo son sin duda.
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El concierto empezó con “Everything Now”, la canción más emblemática de su último trabajo discográfico, y la que, además, titula al álbum. Sin embargo, el primer momento realmente destacado se dio un par de canciones después, con “Here Comes the Night Time” que alternaba esquizofrénicamente entre un ritmo frenético champetudo y un mid-tempo suave en el que el público aprovechaba para descansar y darse cuenta de lo que estaba presenciando.

Luego vino “No Cars Go”, con la que cualquier escéptico aclararía sus dudas frente al talento de la banda y su habilidad para crear canciones infecciosas, populares y, sin embargo, diferentes. También fue la oportunidad de presenciar de primera mano a una banda que puede moverse sin problema entre instrumentos (del bajo a la guitarra, al glockenspiel y hasta a las botellas de diferentes tipos de trago), armonías vocales y géneros musicale. Unos genios multiinstrumentistas en el sentido más sublime de la palabra. A partir de ahí, fueron éxitos, uno tras otro: “My Body is a Cage”, “Ready to Start”, “Reflektor”, “Afterlife”, “We Don’t Deserve Love” ( tema con el que además Win desapareció de la tarima, para arrancar a susurrar íntimamente desde el público) y, por supuesto, “Wake Up”. Eso, sin contar muchas otras canciones que los fans más aguerridos cantaron de inicio a fin. Un recorrido selecto por toda su discografía.

La intervención de Los Gaiteros de Ovejas también fue bien apreciada, con su participación en las primeras y últimas canciones, y personalizando el show a una audiencia específicamente colombiana, como lo harían hace apenas unos días en México juntando su show con un grupo de mariachis.

Por último, vale también la pena destacar el trabajo de luces, que, más que abrumador o impresionante, fue muy adecuado en relación a la música de Arcade Fire; desde las columnas de luz simulando la jaula en “My Body is a Cage”, hasta las luces rápidas y secas que golpeaban a la bola de disco en “Reflektor”.
De Bomba Estéreo, omitiremos esta vez los comentarios, y solo agradeceremos el hecho de no haber presenciado nuevamente el fiasco de “Despacito”.















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