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Guerra Nuclear

¿Qué ocurriría justo después de un ataque nuclear de Corea del Norte a Estados Unidos?

No es que vaya a ocurrir, pero nunca está de más plantear hipótesis.

por Mike Pearl
17 Marzo 2017, 5:00am

Si no seguiste mucho los movimientos de Corea del Norte durante el 2016 —año en que las principales potencias nucleares, como Rusia, EE. UU., Reino Unido y China, compitieron por el protagonismo geopolítico haciendo cosas bastante locas—, quizá se te pasara por alto que el reino eremita continúa amenazando a sus enemigos con ataques nucleares.

También puede ser que estés tan harto de oír esas amenazas que creas que no son más que bravuconadas, pero durante todo el año pasado, Corea del Norte ha estado trabajando duro en la fabricación y el control de tecnologías afines para demostrar que sus amenazas no son en vano, como demuestra especialmente el impresionante misil balístico intercontinental Kwangmyongsong, capaz de impactar en Los Ángeles.

Varios análisis recientes sugieren que, en 2020, Corea del Norte tendrá un misil nuclear armado "fiable" que podría dirigir a territorio estadounidense. Sin embargo, según el analista especializado en Corea del Norte Rodger Baker, de la empresa de inteligencia militar Stratfor, la cuestión no es cuándo este tipo de armamento será fiable. "Probablemente ya sean capaces de atacar los Estados Unidos", afirmó, y añadió que el ejército del país americano "parte del supuesto de que Corea del Norte tiene esa capacidad, pese a que no lo haya demostrado claramente".

En otras palabras, Corea del Norte está tan preparado para una guerra nuclear a escala mundial como lo está para actuar en la gala de los premios MTV ese amigo tuyo plasta que no para de pedirte que escuches su mixtape: todos estamos bastante seguros de que no le irá muy bien, pero ¿quién lo sabe a ciencia cierta?

A principios de 2016, Baker y su equipo elaboraron un análisis detallado sobre cómo trataría EE. UU. de destruir el arsenal de Corea del Norte y cuál sería la estrategia de represalias que adoptaría Pyongyang. "Se trata de situaciones hipotéticas muy importantes", me explicó Baker.

Baker me ayudó a recrear una situación en la que Corea del Norte habría dirigido un ataque nuclear contra EE. UU., desde los momentos inmediatamente posteriores al ataque hasta el inicio de la guerra. Hubo ciertas partes de su pronóstico que me sorprendieron. Para empezar, Baker dijo que si pensábamos que EE. UU. respondería pulsando todos los botones rojos que tuviera a su disposición y convertiría Corea del Norte en un enorme cráter humeante, estaríamos demostrando que la estrategia militar no es lo nuestro.

Paso 1: EE. UU. probablemente conocería las intenciones de Corea del Norte mucho antes de producirse el ataque

Por lo que sabemos sobre la tecnología militar que tiene actualmente Corea del Norte, es poco probable que de repente un día despegara un misil de un silo subterráneo oculto. Corea del Norte dispone de unos cuantos métodos de lanzamiento en potencia, si bien el más fiable sería una antigua —y muy evidente— torre de lanzamiento estacionariato estacionaria . Baker me dijo que esta sería la peor de las opciones, porque daría un margen de reacción a los agentes de la inteligencia de los países enemigos. "Se tarda varios días o incluso semanas en preparar esos misiles", señaló.

El pasado diciembre, Corea del Norte ya probó satisfactoriamente sus misiles lanzados desde submarinos. Sin embargo, este tipo de misiles permiten solo impactar a un objetivo que se encuentren a unos pocos cientos de millas de la costa, una distancia que a duras penas podrían cubrir los anticuados submarinos norcoreanos.

Una opción más moderna pasaría por efectuar el lanzamiento desde lanzamisiles. "Son como los que salen en las películas: un camión enorme con la carga de misiles", me dijo. "Se tarda una hora en sacar el misil del túnel, prepararlo y dispararlo". Cabe decir que parece que Corea del Norte tiene varios lanzamisiles, que compró a China en 2012 y que utiliza para exhibir los misiles en los desfiles militares por Pyongyang.

Baker parecía muy seguro de que una hora era tiempo más que suficiente para que el mundo entero reaccionara ante un inminente ataque, dado que Corea del Norte es controlada de cerca por una red internacional de escáneres por radar, satélites y equipos de detección térmica. "Muy poco tiempo después de que Corea del Norte haya llevado a cabo una prueba, desde EE. UU. y Japón llegan informes en los que se detalla si la prueba fue satisfactoria, porque ha habido un seguimiento previo, incluso en los casos en que Corea del Norte lleva a cabo pruebas sorpresa con los sistemas móviles", explicó Baker.

Dicho de otro modo, el ataque sorpresa no sería tal. "En primer lugar, todos los sistemas de defensa antimisiles están en modo de alerta elevado", señaló. Ante la menor maniobra sospechosa, los buques de defensa antimisiles japoneses iniciarían las maniobras de posicionamiento.

Paso 2: EE. UU. y Japón valoran la posibilidad de efectuar un ataque preventivo

Sin embargo, la mejor defensa es, cómo no, un buen ataque. Según los analistas de política exterior de la Facultad de Derecho de la Universidad de George Washington, si los servicios de espionaje tuvieran la certeza de que Corea del Norte está armando un misil con una ojiva nuclear dirigido hacia EE. UU., este podría responder con un ataque preventivo, con la tranquilidad de poder justificar sus actos ante la ONU como una respuesta ante un "ataque inminente".

Una decisión así, según Baker, ni siquiera requeriría de la aprobación del presidente Trump.

"Creo que la decisión estaría en manos del ejército", explicó, y añadió que las medidas preventivas son un método muy apreciado por los militares. Esperar al ataque y confiar en que puedas rechazarlo es arriesgado. Por otro lado, si lanzas un ataque preventivo, "te aseguras al cien por cien la destrucción del objetivo, que es la preferencia".

No obstante, justificar ataques preventivos puede ser un asunto peliagudo que podría provocar reacciones airadas de países como Rusia, China o incluso Corea del Sur. "Desde una perspectiva política", explicó Baker, "quizá sería más conveniente dejar que Corea del Norte lanzara el ataque y luego responder, en lugar de atacar de forma preventiva".

Por tanto, no se descarta —aunque es poco probable— la posibilidad de que EE. UU. permitiera, intencionadamente, a Corea del Norte lanzar un misil.

Paso 3: se lanza un misil

El hecho de que Corea del Norte lanzara el misil con éxito tampoco garantizaría que este llegara a impactar en territorio americano. Los misiles balísticos intercontinentales son, básicamente naves espaciales suicidas que empiezan su viaje abandonando la atmósfera de la Tierra. "Los norcoreanos ya han demostrado ser capaces, al menos en una ocasión, de separar la cabeza de un misil que supuestamente se elevó por encima de la atmósfera y volvió a entrar", señaló Baker. Pero este logro en sí mismo no es suficiente si la bomba instalada en el misil resulta dañada durante el vuelo. "Han efectuado varios ensayos en tierra que han demostrado que sus ojivas son capaces de resistir la reentrada en la atmósfera", añadió.

Luego, por supuesto, está la incógnita de cuál sería el objetivo de ese hipotético misil nuclear. Baker admitió que no hay indicio alguno que ayude a determinar adónde enviaría Corea del Norte su misil; Hawái y Los Ángeles no son los únicos lugares que Kim Jong-un ha amenazado con atacar. "Recordamos el mapa que hace unos años publicaron en fotografías, y en el que aparecían unas pequeñas líneas que parecían, o no, apuntar directamente a Austin", dijo.

Paso 4: EE. UU. y Japón intentan derribar el misil antes de que impacte

"Hay sistemas de radar de tierra y satélites en constante vigilancia, atentos a la mínima alteración térmica que pudiera indicar un posible lanzamiento", prosiguió Baker. EE. UU. lleva un tiempo instalando en Corea del Sur un escudo antimisiles llamado THAAD. En el supuesto de que el THAAD se hubiera completado y el misil norcoreano consiguiera burlarlo, lo más probable es que no pasara de Japón. Los buques Aegis de la Armada japonesa, estratégicamente ubicados, estarían preparados para interceptar el misil norcoreano.

En el hipotético caso de que el misil lograra cruzar el Pacífico, la responsabilidad de interceptarlo recaería entonces en el escudo antimisiles de EE. UU. ubicado en Alaska, un sistema que, sin embargo, tiene sus puntos débiles. "No es perfecto y nunca lo será", sentenció Baker.

Así pues, en una situación extremadamente favorable para Corea del Norte, podría darse el caso de que viéramos una gigantesca nube en forma de seta alzarse sobre alguna ciudad estadounidense.

Según la opinión experta de Baker, "es muy probable que si los norcoreanos tuvieran la oportunidad de lanzar uno o dos de sus misiles, estos nunca llegaran a impactar en el objetivo".

Sin embargo, es solo cuestión de tiempo que el país asiático mejore su capacidad armamentística.

Baker afirma que una posible estrategia norcoreana para burlar el escudo de defensa estadounidense consistiría en lanzar una salva de misiles con varias ojivas nucleares cada uno, algunas de las cuales son verdaderas superarmas con una potencia de destrucción terrible y de una sofisticación inconcebible. "Podrían montarse varias ojivas en un misil para que cayeran en objetivos distintos", señala Baker. Si Corea del Norte consigue esa tecnología —y, como decimos, es solo cuestión de tiempo—, estarían muy cerca de poder afirmar sin equivocarse que podrían atacar a EE. UU.

Paso 5: China responde

Una buena razón para que el presidente Trump procure llevarse bien con China: según Baker, es muy posible que si Corea del Norte efectuara un ataque sin que mediara provocación, China interviniera para evitar una segunda guerra coreana.

"China ha dado a entender que, de desatarse un conflicto bélico, no descartaría la intervención en Pyongyang y dejaría de prestar apoyo militar al régimen", explicó Baker.

Sin embargo, no todos los analistas opinan que China le daría la espalda a su aliado. Joel S. Wit, del U.S.-Korea Institute en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies, afirmó en el New York Times que, si bien China siempre ha presionado a Corea del Norte para que abandone el armamento nuclear, su actitud en general no ha cambiado". Una Corea unida aliada con Washington en la frontera China no sería muy positivo para Pekín, dada su histórica rivalidad con EE. UU. en Asia", aseguraba Wit en su artículo.

Paso 6: EE. UU. toma represalias, pero probablemente no devuelve el ataque nuclear a Corea del Norte

Trump ya declaró estar dispuesto a usar armamento nuclear contra el Estado Islámico, por lo que nada apunta a que no pudiera hacer lo mismo como represalia a un hipotético ataque de Corea del Norte, ¿verdad? Bien, pues Baker cree que no.

"Me parece sumamente improbable, porque Corea del Norte tiene un arsenal extremadamente limitado, y el tamaño del país es también muy reducido. Soltar una bomba nuclear en la península de Corea tendría graves consecuencias a largo plazo, no solo para Corea del Norte, sino para sus vecinos del sur".

Baker ve más plausible "un ataque con un gran misil de crucero, seguido de una campaña de bombardeos aéreos contra el frente de artillería norcoreano". Según él, el objetivo sería inutilizar la artillería de Corea del Norte en primera línea, así como sus sistemas de defensa antimisiles, todo ello a la par que se movilizan más unidades a la región", dijo.

Paso 7: una guerra que Corea del Norte seguramente no ganaría

Ahora que ambos bandos habrían hecho uso de las armas, dejaría de ser tan importante quién empezó todo. Es en este punto cuando el informe de Stratfor sobre el desencadenamiento de un conflicto entre Corea del Norte y la alianza EE. UU.-Corea del Sur cobra especial importancia desde el punto de vista informativo. "Durante las primeras horas de conflicto, Corea del Norte debería aprovechar al máximo su potencial armamentístico", afirma Baker, quien cree que los norcoreanos probablemente recurrirían a sus "herramientas tradicionales", como armas biológicas o químicas —"más probablemente químicas que biológicas"— en su intento por frenar el avance de las unidades estadounidenses y causar el mayor daño posible al frente norte de Corea del Sur.

Después de esto, llegaría la guerra, en la que Baker no apuesta por Corea del Norte.

De no ser que se produjera un inesperado giro político en el que los surcoreanos de repente adoraran a Kim Jong-un, Baker señala que "no nos equivocaríamos al afirmar que, en un conflicto en el que intervengan los EE. UU —uno en el que, además, solo estarían implicadas las dos Coreas—, sería muy difícil que los norcoreanos salieran victoriosos".

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Traducción por Mario Abad.

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