El 80% de las trabajadoras de las fábricas textiles son mujeres, muchas de ellas muy jóvenes. Fotos por Victoria Mørck Madsen.
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Multitudes de trabajadores se detienen en un mercado cercano después del trabajo. El promedio diario para la comida de las trabajadoras es de 70 a 90 centavos.
Abajo de una carretera muy transitada que lleva a una de las fábricas más grandes hay un laberinto de pequeñas casas, donde vive la mayoría de las trabajadoras textiles.
Trabajadores saliendo de la fábrica después de un largo día.
Una trabajadora prepara la cena.
Más allá de los derechos para las madres, las fábricas textiles de Camboya están obligadas también a proveer guarderías para los empleados. Pero en el extraño caso de los dueños que lo han hecho, los servicios que se ofrecen son espacios casi simbólicos designados con —o sin ninguna— supervisión adulta. Las trabajadoras normalmente los describen como cuartos desabastecidos de la fábrica o como un tumulto de niños y bebés gritando y tratando de escaparse.Lea también: La ayuda del skate a las niñas de Camboya
Chhailin llegando al trabajo.
Chhailn en su casa visitando a su hija.
Chhailin se toma un momento de relajación en su casa.
