En esta granja holandesa masajean a los cerdos viejos hasta que mueren

En esta granja holandesa masajean a los cerdos viejos hasta que mueren

No todos los animales de granja que ya han vivido sus años productivos se tienen que ir directo al matadero. Algunos se van a una tranquila casa de retiro para vivir sus años dorados.
Hilary Pollack
Los Angeles, US
27.2.17

Para la mayoría de los animales de granja, el futuro ya está decidido incluso antes de que nazcan. No soy vegetariano, pero aún así pienso seguido en los animales detrás de mi comida. A veces manejo al lado de un camión y veo la nariz de un cerdo o cola que sale entre las barra, y deseo en silencio que uno de los cerdos logre hacer un escape heroico (no porque haya visto Babe demasiadas veces cuando era niña, sino porque sinceramente quiero que uno de ellos consiga su libertad para vivir hasta que sea anciano).

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No puedo imaginar que algunos granjeros nunca desarrollen un vínculo con sus animales, así que busqué alguna alternativa de mataderos. Resultó que algunas vacas, caballos, y cerdos en Holanda también tienen la oportunidad de retirarse, y sus casas de retiro parece que son mucho mejores que las nuestras.

Una vaca lechera holandesa produce más de 8,000 litros de leche por año. Fisiológicamente hablando, su producción diaria requiere tanta energía como le tomaría a un humano caminar ocho horas por día. Para mantener la producción de leche, las vacas tienen que dar a luz cada año. (El embarazo usualmente sucede artificialmente, así que no hay nada de pasión en el establo). Luego de un promedio de 5.3 años de esta rutina, la vaca para de producir leche y es llevada al matadero.

En el foro de ganado holandés VeeteeltForum, los granjeros lecheros generalmente hablan de la tarea difícil de decir adiós. Aunque una vaca puede en realidad vivir hasta los 15 a 25 años, la mayoría de los lecheros estarían de acuerdo de que "está bien tener una vaca vieja, pero con una es suficiente," como lo nota un granjero allí.

Pero hay vacas para las cuales el futuro es menos siniestro; por ejemplo, esas que terminan en la Fundación Leemweg, el hogar de ancianos bovinos de Bert Hollander.

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Bert Hollander cosquillea a una vaca en the Foundation Leemweg. Foto by Susan Meijer.

Hollander creció en una granja lechera, pero cuando era niño odiaba cuando a las vacas se la llevaban al matadero. El se negaba a comer carne, por miedo de que su vaca favorita terminara en su plato. Más tarde cuando tuvo la oportunidad de tomar las riendas de la granja de sus padres, quería convertirla en un estudio de música hasta que vio a dos vacas paseándose en las pasturas y decidió que los animales tenían tanto derecho a un bien retiro como los humanos. Ahora los granjeros lo contactan si quieren salvar a una de sus vacas del matadero.

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Hollander le da a sus vacas mucho amor. "La psicología de una vaca es básicamente la misma que la de un hombre", me cuenta. "Puedes hacerte muy amigo de una vaca. Son más inteligentes que los gatos y los perros. Entienden su nombre y se paran y sientan cuando se lo pides".

El alojamiento de las vacas en la granja es más caro que el establo promedio. Las vacas continúan creciendo hasta los ocho años, así que necesitan establos extra grandes con arena en la que puedan acurrucarse. Las vacas más viejas generalmente sufren de osteoartritis y otros síntomas incómodos de la vejez.

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"Tener una vaca vieja es poco viable económicamente para muchos granjeros", dijo Hollander. "El mantenimiento de una sola vaca cuesta 150 euros por mes". Cuidar a una vaca que no da leche cuesta 18,000 euros en total. Debido a que los granjeros que traen a sus animales allí pagan solo 40 euros al mes, la granja funciona primariamente a base a donaciones de gente que adopta vacas.

En la actualidad hay 43 vacas en los establos de la Fundación Leemweg y hay más lugares disponibles.

Los caballos no son criados en Holanda para la faena, pero los caballos viejos y enfermos generalmente terminan en el carnicero de caballos. Hay cerca de 45,000 caballos y ponis retirados en Holanda, pero tan sólo 32 casas de retiro de caballos. Sólo una de ellas —De Paardenkamp en Soest— no es una compañía comercial. La casa fue fundada hace más de 50 años, luego de que el dueño viera un caballo siendo llevado al matadero y decidiera que, luego de una vida de trabajo duro, merecían algo mejor.

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Hablé con el manager Ijsbrand Muller, quien me contó acerca de un día en la vida de un caballo retirado. Además de ser inspeccionado y cuidado, cagando por aquí y por allá, y tomando su aire fresco de la mañana en el prado, los caballos hacen poco además de relajarse y comer. Los caballos más viejos tienen 18 horas al día para masticar su comida porque los dientes son la primera cosa que decae. El pelo se hace gris, sus espaldas se caen, y empiezan a lucir más huesudos. Cólicos, artritis y diabetes son características típicas de la vejez.

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Luego de 20 años, un caballo es oficialmente viejo, pero los dueños tienen que poner a sus corceles en una lista de espera mucho antes que eso. (Los caballos pueden vivir por 35 años pero Paardenkamp una vez tuvo un poni Shetland que vivió hasta los 50). La facilidad puede acomodar 120 caballos; 800 están esperando por un lugar. Un dueño que quiera poner a su caballo o yegua en la lista de espera se hace sponsor, pagando 15 euros por año. Cuando el caballo es colocado en Paardenkap, el dueño se supone que corte el cordón emocional, pero puede todavía ir a visitar a su animal. De hecho, cualquiera puede visitar y acariciar a los caballos viejos.

Los cerdos de la abuela no se tienen que convertir en cena tampoco. Pueden pasar sus últimos años en Beloofde Varkensland (La tierra prometida de los cerdos) una organización sin fines de lucro establecida por Dafne Westerhof. Le da la bienvenida a los cerdos que estarían condenados de otra manera, sin importar si son muy grandes o muy viejos. Viven juntos con un grupo de vacas y toros viejos, con los que pueden escarbar, tomar sol, pasear, correr o zambullirse en charcos de barro como una gran y feliz familia. Y cada semana, son mimados y masajeados por extraños que van a visitarlos.

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Un domingo, voy a visitar a Westerhof para ver de primera mano cómo es la vida de un cerdo retirado. Me pongo mis botas y casi me resbalo —dos veces— en el barro para poder atravesar las vallas y darles un abrazo a los animales.

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'Brave Dodo' es un fan del masaje. Foto de Rik Beune. Me sentí raramente relajada. Foto de Rik Beune.

En el salón de masajes, el Valiente Dodo —un cerdo panzón enorme escondido en una pila de heno— pega un salto y camina en mi dirección. Westerhof lo salvó con su ambulancia de cerdos, un antiguo bus que convirtió en una sala de operaciones ambulante, para castrar, ponerle microchips y hacerles exámenes a los cerdos. Le caigo bien a Dodo; se me refriega tan fuerte sobre mi que me caigo sentada de culo. Lo dejo pasar acariciándolo hasta que se sienta a mi lado con un gruñido de satisfacción

¿Puedo acariciar al cerdo más viejo de tu granja? Le pregunto a Westerhof. Pronto, estoy acostada abrazada a La Mamma, una cerda madre enorme que ha dado a luz a 170 cerditos durante el curso de su vida. Una cerda muy trabajadora, realmente se ganó su lugar aquí. Le fue permitido conservar su último cerdito, y desde entonces ambos son inseparables. "Los cerdos son como las personas. Prefieren vivir en grupos", dice Westerhof.

Todo el mundo a mi alrededor, los cerdos están relajándose. Uno hace caca justo al lado de mi cabeza, pero es rápidamente recogido en una cubeta. También huelo discretamente a mi compañera cuando la abrazo y me doy cuenta de que los cerdos no apestan tanto como dice la gente.

En la granja, hay también una casa vieja en la que los cerdos con demencia y problemas de articulaciones pasan el tiempo. Los domingos, tienen un festín de salsa y jugos de manzana. "Porque los cerdos son similares a los humanos, tienen las mismas medicaciones", me cuenta Westerhof, explicándome que los alimenta con remedios para la artritis en un sándwich de mantequilla de maní.

Ahora he abrazado a un cerdo viejo, he sido lamida por una vaca de 18 años y usé a un toro como respaldo mientras uno de mis brazos colgaba de sus cuernos. Durante esos momentos íntimos, fue posible mirar a mi comida en los ojos.

Este artículo se publicó originalmente en abril del 2015.