El All-Star Game del 98 o cuando Michael Jordan opacó el debut de Kobe Bryant

El All-Star Game de 1998 juntó a dos leyendas de la NBA, Michael Jordan, y a un joven e irreverente, Kobe Bryant, por primera vez. El duelo se convertiría en un clásico en el que la experiencia derrotaría a la juventud.
16.2.17

"¿Qué aprendiste de él esta noche?", le pregunta el reportero a un muy joven Kobe Bryant después del All-Star Game de la NBA en 1998. "No puedo decirte, es algo que me reservo para todos los futuros jugadores, no puedo revelar mi secreto", contestó el ahora mítico jugador de Los Lakers. "Se abrazaron al final. ¿Te dijo algo? ¿Podría decirse que la antorcha cambió de mano esta noche?", insistió el reportero. Kobe se llevó la mano derecha a su ceja y por medio de una pícara sonrisa dejaba ver su humildad y orgullo por lo que había mostrado al mundo esa noche. "No lo sé. Yo sólo quería jugar y competir un poco". Pero la verdad es que había recibido una cátedra de Michael Jordan.

El 8 de febrero de 1998, el más grande basquetbolista de todos los tiempos y uno de los mejores de toda la NBA se enfrentaban por primera ocasión en un Juego de Estrellas. El contexto era muy distinto para ambos. Kobe era apenas un novato con dos temporadas en la NBA, pero que prometía mucho en la duela. Kobe llegaba a su primer All-Star Game con 19 años de edad, convirtiéndose en el basquetbolista más joven en disputar dicho partido. Del otro lado de la costa, en el Este, los reflectores asediaban al número 23 de los Bulls de Chicago, Michael Jordan, quien unos meses después pondría una tremenda actuación en las Finales ante el Jazz de Utah.

Tal vez ahora nos parece un tanto injusto que se comparara a dos jugadores que vivían momentos completamente diferentes. Kobe era un adolescente irreverente, con ganas de hacer cosas sobre la duela que la juventud nos obliga a hacer, y se le agradece. Jordan era la superestrella consagrada, soberbia y siempre dispuesta a aceptar los desafíos en su camino. Pero ninguno de los huyó esa noche de sus respectivas responsabilidades, y jugaron como se debe jugar siempre: con la misma dedicación y espíritu competitivo. Se trataba de un partido amistoso y con el propósito de entretener a los fans, pero cuando dos grandes de cualquier deporte se cruzan, aunque sea en este tipo de escenarios, el pique es inevitable.

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Ni siquiera la gripa de Jordan, ni las dudas en cuanto a su juego por la ausencia de Scottie Pippen en la duela y Phil Jackson en el banquillo detuvieron al "His Airness". Kobe tomó ventaja en el duelo durante los primeros minutos cuando ejecuto, de forma grosera, una clavada dando un giro de 360 grados después de que Jordan fallara un triple y Shaquille O'Neal le pasara el balón. "Kobe entiende, a pesar de su corta edad, cómo entretener al público", expresó uno de los cronistas. Minutos después, Kevin Garnett asistiría a Kobe, quien de nuevo se levantaría por los aires para clavar el balón a dos manos. La guerra había sido declarada y Jordan aguardaba cauteloso.

Jordan no tarde en "aclimatarse" y como aseguró en la entrevista al arranque del segundo cuarto "era sólo cuestión de estirar las piernas, había estado en cama algunos días [por la gripa], pero Kobe está haciendo lo correcto, desde el principio está jugando con todo lo que tiene, como deber ser, y tengo que defenderme también", comentó MJ. "El rey no está muerto Bob", concluyó entre risas el entrevistador.

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El 23 de los Bulls terminaría con 23 puntos, y su equipo ganarían 134-114 al combinado del Oeste. Por si fuera poco, Jordan recogería su tercer trofeo MVP; el preludio de un año de ensueño en el que se consagraría como "The GOAT", es decir el basquetbolsita más fascinante, cautivador, amado/odiado, el mejor de todos los tiempos. Por su parte, Kobe concluiría el partido con una sonrisa de oreja a oreja.

"¿Qué puedes concluir de esta experiencia, qué tan divertido fue para ti?", volvió a insistir el reportero. "Fue increíble, increíble, tuve la oportunidad de ir uno contra uno contra Michael", respondió un Kobe extasiado; después de todo era un adolescente que había cumplido su sueño de enfrentarse a su ídolo. "Sin él, yo no estaría aquí", concluyo el 8 de los Lakers.