'El Geisha': El joven detrás de las fiestas sexuales por Whatsapp en la CDMX

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Sexo en la Ciudad de México

'El Geisha': El joven detrás de las fiestas sexuales por Whatsapp en la CDMX

En una fiesta cualquiera, una conversación robó mi atención: "Tenemos un amigo especial. Organiza fiestas clandestinas con escorts a través de grupos de Whatsapp".

Fotos por Axayácatl Márquez e Iván Vargas.

Dos chicas dieron inicio formalmente a la fiesta privada: descendieron del segundo piso del cuarto de hotel y cambiaron la música. Vestían encaje negro y traían un dildo entre las manos. Intercambiaron miradas y sonrisas y se besaron. Con aplausos y gritos, los invitados las animaron a seguir haciéndolo. Bajo la ropa, una de ellas metió los dedos en la vagina de su pareja mientras la otra chica acariciaba sus senos. Se desnudaron y poco a poco se escucharon gemidos cortos. Tomaron una silla y, a un lado de la alberca, una de las chicas le dio sexo oral a su pareja. "¡Dale más rico, mami! ¡Así!", gritaban sus compañeras —escorts también— que desde la parte de atrás se movían al ritmo de la música. Después la penetró con el dildo lubricado. La chica que estaba sentada no podía más y, sonrojada, volteó a vernos, se mordió los labios y sonrió débilmente. Rompieron en carcajadas.

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"¡Un aplauso para las chicas, por favor!", gritó uno de los asistentes. La fiesta organizada por el Geisha había comenzado.

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A mediados de septiembre del año pasado, en una fiesta cualquiera, una conversación robó mi atención: "Tenemos un amigo especial. Organiza fiestas clandestinas con escorts a través de grupos de Whatsapp". Desde ese momento comenzó mi búsqueda por el Geisha. Fue muy difícil entrar en contacto con él y, después de casi un mes de intentar contactarlo a través de medio mundo, comencé a perder la esperanza de encontrarlo y hasta pensé que todo lo que se había dicho en esa fiesta había sido una farsa. Entonces él me buscó.

El primer acercamiento que tuve con él fue por Facebook, donde le platiqué que sabía de las fiestas privadas que organizaba y que me interesaba documentar una. Los mensajes fueron cortos y directos. Me dejó un número de teléfono para contactarlo. Unos días después la espera terminó y recibí una llamada. Así comenzó todo, por fin tenía acceso.

Whatsapp ya supera los mil millones de usuarios activos. En México, pequeños nodos de socialización comenzaron a surgir de manera espontánea. Algunos nos muestran una parte útil y blanca de mantener contacto con amigos y conocidos, pero en el extremo de la balanza, contrapartes de usuarios crean círculos para tratar temas que rayan en la ilegalidad o, desde las sombras, se cobijan en ella.

Una semana después de la llamada con el Geisha, me llegó una notificación de Whatsapp: ya estaba dentro del grupo SOPOR-T 2.0, el primer anillo de la comunidad SOPOR-T, un conjunto de grupos de Whatsapp creado y administrado por el Geisha , donde nacen las fiestas privadas de la Ciudad de México y se ofrecen y difunden servicios sexuales en el país.

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De un número desconocido me llegó un mensaje de bienvenida y las reglas del grupo: "Lee con atención cada una de las reglas, si tienes dudas, pregunta, si cometes una falta de respeto a los miembros del grupo se te eliminará. NO HAY REINGRESOS".

Cuando pidas información de un servicio con las chicas sé respetuoso y cordial, "buenos días", "buenas tardes" o "buenas noches", "gracias", "por favor"; la educación cuenta, ellas también la tienen con cada uno de ustedes.

No se permiten groserías ni faltas de respeto entre los miembros de este grupo, somos gente adulta y educada, por respeto a la vida privada de todos los miembros no se hace ningún tipo de comentario antes de las 8AM y después de las 6PM. Antes de compartir cualquier información avisar a la administración.

Si estás de acuerdo en respetar cada una de las reglas, no me queda más que darte la bienvenida, y si NO pues muchas gracias y una disculpa por hacerles perder su valioso tiempo… Si te interesa manda una foto de tu credencial de elector, esto sólo para comprobar la mayoría de edad para que se te agregue. De igual manera si vemos que robas información para hacer mal uso, se te expondrá en las redes sociales para que ninguna chica del medio te dé servicio.

Cada día, justo a las 8AM, comenzaba el desfile de nuevos mensajes. En un abrir y cerrar de ojos mi Whatsapp tenía 60 o 70 mensajes sin leer: cada chica se presenta y anexa fotos —en lencería, desnudas, bailando o masturbándose—, con una breve descripción de los horarios y lugares en que prestan sus servicios. Algunos despistados que después de las seis de la tarde solicitaron servicios fueron eliminados del grupo casi de inmediato por la administración.

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Además de SOPOR-T 2.0, grupo al que recién había sido agregado, existen otros más. En SOPOR-T 2.0 están todos los clientes que ingresan por primera vez; si después de un tiempo resultan ser confiables, son agregados a la siguiente capa: SOPOR-T 2.5. Aquí es donde se encuentran los clientes que piden servicios con mayor frecuencia y son de suma confianza. En VIRUS, otro grupo, se le da voz a los clientes. Cada que un cliente contrata un servicio, escribe una reseña donde recomienda a la chica que contrató y habla de su desempeño casi en tiempo real. Por otro lado, en el grupo PORMENORES, exclusivo sólo para las chicas, cuentan sus experiencias con los clientes, se recomiendan zonas y hoteles seguros para trabajar y se pasan servicios, es decir, cuando una no puede atender a un cliente, le recomienda a otra chica. También cuando un cliente potencial le escribe por primera vez a una de ellas, revisa su contacto con las demás para saber si no es un cliente fichado, ya que los casos de clientes que golpean a las chicas son algo común.

Fuera de SOPOR-T 2.0, el Geisha me escribió: "Carnal, ahí ve checando qué onda, poco a poco vas a ver a las chicas que estarán en la fiesta. Ve cómo se pone el ambiente, todos quieren ir".

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"Mi vida de desmadre, de la fiesta y el mundo escort, es una, pero mi vida personal ya es diferente". El Geisha tiene familia, hijos y personas cercanas que no saben que está en este medio. No saben que también contrata chicas para tener sexo. Tiene un trabajo, además de llevar SOPOR-T. "Esto lo llevo muy bajito del agua, es delicado. Aunque no me perjudica, no quiero ser el mal visto por la sociedad, no quiero ser el señalado".

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El Geisha tiene 29 años, aunque parece más joven. Creció en un barrio popular del Estado de México, con sus primos y una tía que lo cuidó. Hijo de madre soltera, cuenta que tal vez por eso apoya mucho a las chicas del grupo SOPOR-T. Habla de su niñez y la recuerda como un chico hiperactivo e inocente.

En la adolescencia fue porro de un Colegio de Bachilleres en la Ciudad de México, era el dirigente. "Fui un desmadre. Me gustaban los eventos de los sonideros, andar en ambientes masivos, me gustaba pelearme y hacer cosas que a muchas personas les da miedo. Soy una persona que no le tiene miedo a nada", cuenta.

Alto y delgado, señala que siempre fue un líder. "Me gusta tener nuevas ideas, compañerismo, unión. Cuando empecé mi desmadre de porro, lo más chingón que me pasó fue que, al llegar a una fiesta, todos se te quedan viendo, te respetan. Cuando mueves gente, de verdad sientes que 'sí, a huevo, soy aquel y sí, conózcanme porque si no, les rompo su puta madre'".

Su apodo nació cuando iba en la secundaria porque siempre le gustaron las mujeres. Aunque no era el más carita ni el más popular, platica que desde entonces tuvo dos o tres noviecitas. "Me gustó esa adrenalina de andar con varias chicas a la vez y uno de mis compañeros me dijo: 'Güey, eres una pinche geisha, ¡andas con un chingo a la vez y no te cachan!', de ahí salió mi apodo".

Cuando lo corrieron del bachilleres comenzó a trabajar en la construcción con uno de sus tíos, quien se dedicaba a la colación de porcelanato, azulejo y a los acabados de interiores. "Todos los sábados, después de pagarnos, nos preguntaba: '¿Qué quieren, comer o chelas?'" Todos los empleados preferían chelas. "Nos llevaba con Las gordas, un pinche bar donde hay mujeres de compañía, las famosas ficheras: se sientan contigo para que les invites una copa, te ofrecen botana, te coquetean y te tocan las piernas". Su tío era un desmadre, cuenta. Lo sentaba con ellas y le decía: "Agárrale la pierna, agárrale la chichi, ¡agárrale todo porque ya estás pagando!" Al principio al Geisha le daba pena. "Tienes principios y la educación que te enseñan en tu casa, ¿no?, pero mi tío, al contrario, nos decía: 'Agárrala, agasájatela, ya le pagaste la copa para que esté acompañándote'".

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Después las salidas con su tío, ir con mujeres se volvió un vicio para él. Después de cobrar comenzó a irse por su cuenta a pasar un rato acompañado de mujeres en cualquier bar. Después entró al mundo de las escorts.

Buscó en internet, vio perfiles en páginas de escorts y una llamó su atención. "Me gustan las chicas altas, delgadas y nalgonas". Llamó por teléfono y cuando escuchó la voz de la chica, le gustó más. "El impulso de contratar a alguien que te gusta, pero no conoces, fue lo que me orilló a pagar por sexo. Muchas veces como hombres nos sentimos menos, decimos: 'Nunca voy a tener a una chica así en mi cama'. Luego la contratas y piensas: 'A huevo, me chingué a una vieja que parece una modelo'".

"Mi primera vez con una chica escort, con un 'servicio', fue genial. La chica me dijo que me instalara en un hotel y me pidió que le mandara el número de la habitación. Recuerdo que estaba muy serio, tímido, mojigato, si tú quieres, pero me instalé. Mis nervios estaban al cien, estaba sudando, nunca había estado con una chica a la que le tuviera que pagar por sexo, pero me llamaba la atención la adrenalina que sentí al contratar a una de estas chicas. Llegó, me presenté, aún tímido, comenzamos a platicar, a conocernos un poco para llegar al acto, y hablando con ella todo eso se me olvidó. Después de que todo pasó hasta nos hicimos amigos".

En un inicio, SOPOR-T sólo se trataba de un directorio de clientes seguros, donde la discreción es el pilar fundamental. "Lo de los grupos es sólo por diversión y ayudar a las chicas", cuenta el Geisha. "Las fiestas se me ocurrieron cuando una de ellas me pidió ayuda porque no tenía dinero y su hijo tenía necesidades médicas. Yo le ayudé organizando uno de estos eventos".

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El Geisha inició los grupos con clientes recomendados. Se les hace la invitación al grupo y las chicas también agregan a sus clientes frecuentes y exclusivos. "Es gente seria, pudiente y respetuosa. Si estás adentro es porque conoces el medio", aclara.

Lo que importa es que las fotos de las chicas sean reales, recalca el Geisha. "Güey, métete a Twitter y todo está lleno de morras falsas. Algunas, de las más costosas que he contratado, hasta tienen tatuajes y en las fotos salen sin nada. Les alisan mucho la piel con Photoshop; parecen de plástico. A veces son morenitas y en las fotos salen güeras. Te haces a la idea de una chica que no es y cuando llegan al hotel no son lo que esperabas". Menciona que en SOPOR-T no les gusta engañar a sus clientes; las chicas que ves son las que llegan al hotel. "A veces no sólo buscan a las más bonitas o a las más buenotas. Lo que buscan es algo real, una chica que podría ser su vecina o compañera de trabajo".

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"Durante mi primer servicio estaba tan nerviosa que ni recuerdo en que hotel fue. Las chicas, mis compañeras, me habían dado algunos tips: 'Llegas, flaquita, le das un masaje, lo cachondeas y pues ya, acción'. Tenía miedo porque no sabía quién iba a estar del otro lado de la puerta, pero toqué, y cuando vi que la persona era algo agradable, mi alma descansó. Creo que tuve suerte. Es un medio peligroso. Admiro a las personas que tienen el valor de hacerlo y también entiendo la necesidad", cuenta Liliana.

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Liliana, una chica alegra y alta, ha encontrado en plataformas como Whatsapp un medio seguro para seguir ejerciendo su trabajo como escort. Después de conocer al Geisha y asociarse con él, ahora es administradora de PORMENORES, uno de los grupos de SOPOR-T. En este grupo diariamente apoya y aconseja a las escort novatas, y entre todas se recomiendan hoteles, clientes y zonas seguras para trabajar.

"Recuerdo mi niñez triste", cuenta. Hija de padres divorciados, asegura que le hizo falta su papá. Con cuatro hermanas, dice que estuvieron desorientadas hasta cierto punto, aunque salieron adelante gracias al apoyo de su madre y su abuela. "Veo a mi mamá como lo máximo. Ahora que también soy mamá soltera entiendo el esfuerzo que puso para poder sacarnos adelante. Soy su fan porque no es fácil sacar adelante a cinco niñas".

Desde los 18 años comenzó a trabajar y a ser independiente. "Ya no quise estudiar, aunque me hubiera gustado estudiar turismo o ser sobrecargo, me gustaba todo eso de viajar". Consiguió trabajo como edecán gracias a su físico: alta y delgada. Después quiso ser algo más, no quería estancarse. Tomó cursos de modelaje, modeló y estuvo en plataformas de belleza. "Cuando estás en el medio de las edecanes y modelos te llegan propuestas". Un día le ofrecieron trabajo como edecán en la Cámara de Diputados. "¿Puedo decir el nombre del diputado?", pregunta, tímidamente. "Bueno, era Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, El rey de la basura". Aceptó el trabajo con cierta inocencia. "No sabía quién era ese personajazo", continúa, "ya estando ahí me di cuenta".

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La secretaria del diputado les decía las cosas como eran. "Yo dije: 'pues ya estoy aquí, soy madre soltera, ni modo'", y aceptó los términos y condiciones y comenzó a trabajar. "Salíamos a pasear con él, nos llevaba según de antro, a cenar y si al señor se le antojaba estar contigo, sus asistentes te decían: 'te quedas para irte a casa del señor Cuauhtémoc, vas a tener relaciones sexuales con él y te va a dar un poco más de dinero'". En ese entonces ganaba 4 mil pesos mensuales. "Para mí era muchísimo dinero porque nos tenía prácticamente haciendo nada encerradas en la oficina. Estábamos todas las chicas ahí. Si se le antojaba un cafecito o un agüita, íbamos en minifalda a ofrecerle, pero si se le ocurría subirte la faldita, pues ya, terminábamos teniendo relaciones sexuales en su oficina", cuenta Liliana.

En ese lugar conoció a una 'edecán', a quien llama así porque en ese momento no conocía el término 'escort'. La chica la invitó a trabajar en una agencia; le dijo que iba a ser mucho mejor y que ganaría más dinero. Liliana aceptó. "En la agencia me explicaron lo que era una escort y dije, 'bueno, si ya lo hago con el señor Cuauhtémoc, ¿por qué no?'"

Un día un cabrón le dio una madriza. "Llegué y el tipo estaba súper drogado". Aceptó quedarse tres horas porque le iba a pagar bien. Cuando ella le dijo que ya había pasado el tiempo acordado y se tenía que ir, el güey perdió la noción del tiempo y se puso agresivo, argumentando que Liliana le estaba robando. "Me dio un cabezazo y me abrió la frente. Ya hasta después reaccionó y me dijo que ya me podía ir, pero hasta después de que me madreó".

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Ganaba bien, se hizo de algunas cosas y terminó de construir la casa donde vivía con su mamá. Llegaron lujos y se impresionó. Trabajó en la agencia algunos años hasta que decidió independizarse, trabajar por su cuenta porque La señora, encargada de la agencia, les quitaba el 50 por ciento de lo que cobraban por servicio. Quiso regresar a trabajar como edecán pero el sueldo, comparado con lo que ganaba antes, era muy poco. Se anunció en Twitter y Facebook, donde conoció al Geisha, quien la invitó a trabajar en SOPOR-T, que es donde sigue actualmente.

"Me empecé a anunciar en uno de los grupos del señor Geisha y tuve más trabajo", cuenta Liliana. Le gustó y decidió continuar trabajando en estos grupos. Se llevaron bien e hicieron amistad. "Desde que vi la foto del perfil del señor Geisha me gustó, dije: 'Está guapo, acepto estar en sus grupos' y decidí seguir con él". Platicaban por Whatsapp y se hicieron buenos amigos. El Geisha confiaba en Liliana. "Contrató mis servicios un par de veces y nos conocimos físicamente. Me cayó mejor: en persona es genial, es un chavo con muchas ideas y muy inteligente. Inteligente él y yo inteligente, ya te imaginarás".

"Muchas chavas no tenemos salida. Igual y podemos hacer otras cosas, pero cuando te gusta vivir bien, dices: 'pues ni modo, todo tiene un riesgo, a darle'".

Foto por Iván Vargas.

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El día de la fiesta desperté más temprano que de costumbre. Decidí invitar a un amigo, fotógrafo también. Preparé mis cámaras y pensé en lo que me dijo el Geisha: ser prudente, porque algunas chicas y los invitados no sabían que iba a haber periodistas.

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Para las fiestas se le pide a los clientes un depósito del 50 por ciento como anticipo y el otro 50 se paga el día de la fiesta. Lo hacen para asegurar que los clientes vayan. "Queremos que las fiestas queden al cien, que todos se diviertan, bailen, coman, convivan y se la pasen chingón. Queremos hacer algo diferente, algo que en México es muy poco conocido", cuenta el Geisha.

Foto por Iván Vargas.

Semanas después de mi invitación a SOPOR-T 2.0, el grupo de invitados a la fiesta estaba completo. La locación seguía siendo una incógnita. En el grupo se armaron los paquetes: de entrada, todos los invitados tenían derecho a un 'servicio' con alguna de las chicas, la que ellos escogieran. El paquete completo incluía la cuota de admisión, alimentos, bebidas, condones, hasta valet parking. Dos días antes de la fiesta se hizo pública la ubicación: un motel cerca del centro de la ciudad. Muchos preguntaron cómo llegar y fue cuando me di cuenta que no todos vivían en la Ciudad de México.

Llegamos al hotel en la tarde y esperamos a que salieran por nosotros. El Geisha vestía formalmente de negro y gris. "¿Estás listo? Voy a avisar que llegaste, ellos ya saben y no tienen inconveniente con las fotos", dijo. Entré, hacía mucho calor y se escuchaban risas de las chicas y música al fondo. El Geisha nos ofreció una bebida, muy amablemente, y dijo: "Tomen lo que quieran, al fin y al cabo ya está pagado".

La fiesta fue en una villa de dos pisos, con una alberca techada y el suelo mojado. Algunas chicas estaban en la piscina, nos saludaron y nos invitaron a entrar. Ellas servían las bebidas. Fuimos de los primeros en llegar. Una chica muy linda nos ofreció una toalla y nos indicaron dónde podíamos cambiarnos.

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Dos horas después había más invitados y más chicas. El ambiente cambió y la fiesta empezaba a animarse. Yo esperaba a que me dieran la señal para comenzar a tomar fotos. Las chicas estaban en traje de baño, algunas desnudas y los hombres se paseaban en shorts o boxers.

Mi señal para comenzar a tomar fotos llegó con el inicio de unas dinámicas improvisadas. "Traten de que no se vean los rostros porque varios son casados", dijo el Geisha. "Tercera llamada, ¡comenzamos!"

Foto por Iván Vargas.

Para las ocho de la noche el calor y la humedad se condensaban en el techo de la piscina. En el segundo piso todos tenían sexo en el mismo cuarto. Había una cama y colchones en el piso. Por todos lados se escuchaban gemidos, chillidos ahogados y música a todo volumen. "Es mi primera vez en una de estas fiestas", me contó uno de los asistentes, de 47 años de edad. Me confesó que para esa hora ya había tomado dos servicios, además de alcohol, cigarros y condones. Se le veía emocionado. Gastó todo el dinero que llevaba. "Es un mundo increíble donde das todo por seguir disfrutando la party", confiesa, mientras una chica que acababa de tener relaciones con otro hombre se acercó, le acarició el pene y se lo llevó para darle sexo oral.

Todos estábamos sudando: pieles brillantes y cabelleras húmedas. Un tipo en bóxer, que ya no podía hablar debido al alcohol, me pidió que le tomara una foto besándose con dos chicas. No paraba de reír y ellas lo acariciaban. En el piso de arriba los demás cogían. A veces bajaban tipos medio desnudos por más condones y todo mundo aplaudía.

Le pregunté al Geisha si podíamos subir a tomar fotos. Hasta ese momento no habíamos estado en la segunda planta, donde se daban los servicios. Había varios colchones sobre la alfombra, dos sillones al frente y empaques de condones sobre el suelo. Todo a media luz. Era un coro de gemidos sin inhibiciones. Me quedé pasmado hasta que el Geisha me tronó los dedos: "Órale, güey, de volada". Estuve menos de un minuto y casi me terminé un rollo fotográfico más.

Con el paso del tiempo había menos luz y el suelo estaba completamente mojado, tapizado con toallas y restos de botana. Dos chicas comenzaron a bailar y, por el piso resbaloso, una cayó estrepitosamente de cara al suelo. Su rostro crujió y en instantes se formó un círculo a su alrededor. La ayudaron a levantarse y ella, apenada, hizo de cuenta que nada había pasado. Fue inútil. Se notaba el dolor en su rostro mientras limpiaba su pelo de la suciedad del piso.

"Aquí observas el comportamiento pasional de una mujer que, o puede tomarte el cigarro de la boca, o hasta acariciarte los huevos. Te permite tocarla, comparte sonrisas, brinda por lo que pasará y con miradas juguetonas te lleva a donde ella quiere que estés. Son sombras las que podemos ver, son cuerpos, sexo y gemidos. Cuando estás cogiendo escuchas a otras chicas y el placer que te producen es el verdadero origen de lo que buscas: saber que alguien más te está escuchando, saber que con dinero puedes hacer lo que quieras con ellas", me contó uno de los asistentes a la fiesta privada organizada por el Geisha. "En estas fiestas ingresas a un mundo que jamás imaginaste que existía. No importa tu físico, quién seas o a qué te dediques, ellas siempre te hacen sentir importante".