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Monofónicos: una ventana al mundo

Hablamos con Monofónicos de Medellín, que más que la música en sí, se preocupan por lo que causa.
15.8.15

Hace siete años un grupo de pelados en Medallo era consciente que, en su ciudad, estaban pasando muchas cosas con la música que les gustaba. Gracias a foros de música, a coincidencias en universidades, o en la misma calle, este grupo se fue gestando, poco a poco, y cada vez sentían más el compromiso cultural con Medellín, de compartir todo lo que descubrían en su ciudad a partir de sus exploraciones sonoras. Algunos se juntaron, otros recibieron un correo de invitación, o un simple mensaje de Facebook. El mensaje era simple, empezar algo, comenzar a moverse.

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Así se creó Monofónicos, liderados por Miguel Isaza (rat) y Douglas Urrea (Fugazi) todos hilados por una pasión que se retroalimentaban todo el tiempo. Pero no eran los únicos. Merino colaboraba como artista y diseñador, al igual que Vandel. Dsum es también artista pero se ocupa de los masterings y Julianna es DJ y diseñadora. Hay muchos más nombres: Qk, Vélez, Joed Kleem, M.A.L.A, Booiamrudolf, que se dividen las labores del sitio web, redes sociales, organización de eventos, aunque todas las decisiones suelen tomarse colectivamente.

En los últimos años se han concentrado principalmente en sus lanzamientos y tratando de integrar artistas y propuestas made in Medallo. Hablamos con ellos acerca de estos últimos años, de lo que se viene, y de una visión peculiar: "No hemos sido nunca muy partidarios de los géneros musicales y por ello también nos preocupamos por que Monofónicos tenga su propio sonido".

¿Qué podrían enlistar como lo mejor y lo peor de su experiencia con Monofónicos? Siempre hay cosas buenas, pero siempre hay cosas malas también.

La experiencia ha sido más que gratificante: tantas personas uniéndose en torno a un DJ, tantas canciones que se producen, que se mezclan y se comparten. Con la música se crean amistades, se generan espacios de tranquilidad o euforia, se canalizan emociones, y las personas se abren a un encuentro íntimo e interior, al tiempo que se integran en una colectividad. Detrás de una fiesta, un disco o una charla hay un sin fin de historias, enlaces. Ese puro compartir es lo más gratificante: que escuchen a los artistas, que bailen lo que suena, que se sienta hondo aquello plasmado en canciones. Eso es quizás lo que ha permitido que, a pesar de no contar con mucho tiempo para dedicar al proyecto, nos mantengamos en pie: saber que nos siguen escuchando y que seguimos aportando algo a la vida de los demás, es una experiencia muy bella.

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Lo mejor es quizás ese sentimiento, esa magia que tiene la música para conectarnos, para permitirnos expandir y conocer nuestra realidad. Sentir a Monofónicos como un espacio dedicado a compartir es lo mejor de todo el cuento, darnos cuenta que la música se vive en colectividad y que es posible llevar eso que nace en la soledad del home studio a la comunidad, al intercambio.

¿Y lo peor? quizás el poco apoyo que tienen este tipo de propuestas para las instituciones grandes de la ciudad. Si bien hay convocatorias y demás, faltan verdaderos apoyos; porque el presupuesto no es en muchos casos el problema, sino los espacios, la cultura y la valoración que se le hace a estas manifestaciones. Es obvio que estas propuestas van condicionadas al dinero, pero pensamos que ante todo su acogida es un tema de educación y cultura. Quizá lograr esto sea cuestión de tiempo y perseverancia.

Hablan de música como si fuera magia. ¿A que suena su magia? ¿A qué sonaba antes?

El sonido se ha ido consolidando a su manera. No hemos sido muy radicales con los géneros y por lo general nuestros criterios de publicación van en torno al sentir mismo de la música que llega y sale de Monofónicos. Si uno escucha los diferentes trabajos musicales publicados podrá encontrar todo tipo de géneros y propuestas, influenciadas por todo tipo de movimientos, desde el house clásico hasta el IDM o la grabación de campo. En ese sentido podríamos decir que antes sonábamos de cierta manera, y conforme han llegado más artistas con otras perspectivas y propuestas, el abanico de posibilidades se ha extendido notablemente, teniendo hoy una riqueza que más que en géneros, se manifiesta en la diversidad de timbres, de sonidos, de sensaciones y de posibilidades. Hoy quien entra a Monofónicos encuentra música para todo: para la mera escucha, para bailar, para estudiar, para trabajar, para ir en el metro o para tirarse en el campo a ver las estrellas. Esa es la idea en el fondo: invadir musicalmente cualquier espacio que el oyente permita.

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¿Y de qué manera han invadido los espacios colombianos? ¿Con qué propuesta le han aportado al espacio de la geografía electrónica nacional?

Monofónicos aporta precisamente eso, espacio, y con ello nos referimos a la colectividad. Son varios años de trabajo que nos han permitido hoy en día tener una gran familia de seguidores, de gente que comparte la música con nosotros. A nivel nacional, aportamos eso, un espacio, un lugar donde se le dé importancia a lo que se hace localmente; un punto de encuentro de las personas que habitan este lugar y por qué no, una ventana al mundo, donde cualquier persona con Internet puede asomarse y escuchar lo que se hace en nuestra ciudad.

Creemos que servimos también de modelo, de ejemplo a seguir. Es algo que nos gustaría mucho, que otros imitaran lo que hacemos, generando nuevos colectivos, nuevas opciones, nuevas propuestas. Monofónicos no tiene nada para guardar y lo único que nos gustaría es que hubiera más unión en torno a lo local. Eso aportamos, un interés por lo autóctono, un intercambio entre los grupos e individuos de la ciudad. Esto se refleja a nivel nacional porque al no ser muchos los colectivos de esta índole, terminamos siendo no solo un colectivo de música electrónica de Medellin, sino de Colombia. Nos convertimos en una casa de publicación que representa al país en sí. Quizás sea un paso a seguir, eso de integrar artistas de otros lugares del país.

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Por cómo hablan se notan muy empapados de lo que está sucediendo en con la cultura electrónica en el país. ¿Cómo definirían en un término el momento que estamos viviendo respecto a esta temática en Colombia?

Apertura.

Ya hablaron de ser inspiración y referencia para los colectivos que se vengan, pero ¿cuáles son sus propias inspiraciones?

Nuestros referentes fueron en un principio los blogs. Con ellos, nos influenciaron bastante diversos netlabels del momento: Miniatura, Little Bus, InoQuo, Audiotalaia, entre otros. Igualmente es ridículo no decir que cada artista tiene su referente propio, su mosquito que le zumba al oido.

También fueron muy influyentes en nuestra iniciativa los chicos de Series Media, el colectivo local de música electrónica más veterano y uno de los pioneros en publicar música en Internet en América Latina. El gran impacto que tuvo Series fue el hecho de encontrar semejante calidad musical en un proyecto local. Acá en Suramérica tendemos a valorar más lo de afuera, a pensar siempre que somos del tercer mundo y que carecemos de oportunidades verdaderas para crear cosas de calidad. Proyectos como Series Media nos demostraron lo contrario, influenciándonos en lo musical y con su proyección como colectivo y netlabel. De hecho, varios artistas de Series han publicado en Monofónicos y los consideramos miembros de nuestra familia.

Si comparamos una escena como la europea con Colombia, ¿cómo estamos al respecto?

Eso de las escenas es relativo porque muchas veces se habla de escena para referirse a la gente que va a las fiestas o festivales. Si vamos a eso, Europa tiene una tradición más extensa y está llena de espacios consagrados a la electrónica, comparado con Medellín. Sin embargo, en términos de "escena" creo que hoy por hoy encontramos colectivos y propuestas locales que están generando espacios y contenidos que aunque no tengan la magnitud de lo que se hace en Europa, tienen la misma pasión por compartir la música electrónica. Un ejemplo concreto es la gente de Move, un colectivo que ha abierto espacios y traído artistas que nadie había conocido en la ciudad. Son personas unidas, preocupadas por generar cultura, más que una mera fiesta donde se lucren. Acá este tipo de proyectos se hacen con las uñas, asumiendo las dificultades que implica emprenderlos en un país como el nuestro… Pero está sucediendo, se está dando, ¡se escucha! y eso es grandioso. Anexo a eso, en Monofónicos nos hemos dado cuenta que eso de la escena no puede medirse realmente desde un punto de vista objetivo. Porque esa es precisamente la revolución de los sellos en Internet: romper las escenas locales y generar un intercambio global de música. La escena electrónica, para ser un parámetro de medición de la cultura en torno a la música, debe tener en cuenta no solo a los que van a las fiestas, sino también al que nos escucha en la oficina, al que se transporta en los sonidos mientras va en el transporte público a su casa en la noche o incluso a tantos que comparten, mezclan o comparten lo que hacemos. Ese intercambio es nuestra escena y dado que gran parte de ello sucede sin que nos enteremos de cada caso particular, no podemos evaluar la escena como tal.

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Conozca más de este colectivo paisa siguiéndolos por acá.