Drogas

Mi historia de amor con un narcotraficante colombiano

Una mujer trans habla de su experiencia personal con un peligroso narcotraficante.

por Nick Chester
27 Noviembre 2019, 4:45am

Image courtesy Gabriela

Los gánsteres no son famosos precisamente por sus ideas progresistas. Especialmente, cuando se trata de sexualidad; varias organizaciones criminales, desde la mafia italiana hasta la MS13, asesinan sin miramientos a cualquiera de sus miembros si sospechan que es parte de la comunidad LGBTQ.

Por eso, me sorprendió enterarme a través de un contacto colombiano, que estuvo en una cárcel del Reino Unido por tráfico de drogas, de que en su país de origen había conocido a una joven trans que tenía abiertamente un romance con un narcotraficante colombiano. Según la joven, él estaba profundamente enamorado de ella y la mayoría de los miembros de su organización lo aceptaban.

Fue una relación que surgió en parte debido a las dificultades que ella pasó en su infancia como niña trans en un hogar conservador. Cuando era adolescente, Gabriela se vio obligada a marcharse de casa debido al abuso que sufría a manos de su padre, un cristiano fundamentalista, y terminó en la calle. Dijo que un encuentro casual con un narcotraficante local cambió su vida, aun cuando el peligro y la violencia del narcotráfico siempre estuvieron presentes. Esto es lo que me contó.


De pequeña, nunca imaginé que me involucraría con narcotraficantes y que estaría en la calle. Mi papá era abogado y me pagó una escuela privada. Tuve una infancia cómoda desde el punto de vista económico y mi vida habría sido relativamente fácil de no haber sido transexual.

Supe que era una niña atrapada en un cuerpo masculino desde muy joven, y solía vestirme en secreto como una niña en casa de un amigo gay. Anhelaba poder hacer lo mismo frente a mi familia, y finalmente un día decidí que ya era hora de dejar de vivir en la mentira y decirle a mi papá que era transexual.

Decir que no lo tomó muy bien es un gran eufemismo. Era muy religioso y se puso furioso. Me dio una paliza y me llevó a la iglesia al día siguiente, donde trató de obligarme a aceptar un exorcismo para que expulsaran la homosexualidad de mi ser. Pensé que era algo ridículo y me negué y se enfadó aún más. La situación se volvió tan insostenible que finalmente me fui de casa para vivir en la calle.

La primera noche, no tenía dónde quedarme; dormí en un parque de la zona, en el que me encontré a una amiga transexual al día siguiente y me llevó a conocer a una proxeneta que dijo que podría ayudarme a ganar algo de dinero. Se trataba de una mujer trans mayor que quería que vendiera mi cuerpo. Me negué rotundamente, así que me dio una navaja y gas pimienta y me dijo que en lugar de eso podía cuidar a las prostitutas y asegurarme de que nadie más, aparte de los clientes, se acercara a las calles en las que ellas operaban. También tenía que robar a punta de navaja a los borrachos que por error pasaran por esas calles. Mi estilo era muy gótico en ese momento, así que solo Dios sabe lo que la gente debió de haber pensado de esa joven adolescente que patrullaba las calles con una navaja. Seguramente mi aspecto era perturbador.

"Era muy romántico y me llevó por todo el país con él. Íbamos en moto a las montañas e íbamos a ver juntos las estrellas por la noche"

Después de un tiempo, pasé del robo en las calles al robo de tiendas a mano armada. Lamentablemente, las cosas que tuve que hacer para sobrevivir eran el pan de cada día de muchas personas en ciertas áreas de Colombia. Las calles en las que pasaba la mayor parte de mi tiempo eran extremadamente peligrosas y la policía solía perseguirme cuando estaba con las prostitutas para pegarnos. Fue un período muy tenso e incierto de mi vida.

Afortunadamente, después de pasar meses en las calles, cuando tenía diecisiete años, mi suerte finalmente cambió. Un día, llegó un SUV a la calle donde trabajan las trabajadoras sexuales, un chico bajo del coche y le preguntó a la proxeneta si tenía alguna mujer trans disponible. Me vio y dijo que tenía que quedarse a fumar un cigarrillo conmigo. Me dijo que estaba muy solo y que necesitaba a alguien con quien pasar el rato. Hablamos y me dijo que se llamaba Carlos* y me llevó a comer algo. Luego me reveló que era una persona importante en el mundo de las drogas.



Carlos y yo comenzamos a salir y me pagaba un apartamento. De hecho, era muy romántico y me llevó por todo el país con él. Íbamos en moto a las montañas e íbamos a ver juntos las estrellas por la noche. Tenía un jacuzzi en su casa y solíamos relajarnos ahí, escuchando jazz y deep house. Me gustaba mucho el house en ese tiempo, y también iba a raves con él, flanqueados siempre por su equipo de seguridad. Tal vez no lo creas, pero las raves en Colombia son buenas.

Rara vez vi su lado más oscuro, aunque hubo una ocasión en la que pude verlo muy de cerca. Él daba una fiesta en su casa y una mujer que había bebido demasiado y tomado muchas drogas comenzó a gritar y vociferar toda clase de cosas. Carlos y sus amigos se empezaron a preocupar de que se fuera de la lengua y los incriminaran, por lo que uno de ellos me escoltó fuera de la habitación para que no viera lo que le sucedía.

"Era muy amable conmigo y nunca intentó ocultar nuestra relación. Me presentó a todos sus socios, quienes me aceptaron bien una vez llegaron a conocerme"

Nunca volví a ver a la mujer. Había rumores de que Carlos había matado a muchas personas y organizado operaciones importantes de contrabando de drogas que implicaban llevar cocaína al extranjero en avión, por lo que supongo que lo que le ocurrió a esa mujer, no fue agradable.

Sin embargo, él era muy amable conmigo y nunca intentó ocultar nuestra relación. Me presentó a todos sus socios, quienes me aceptaron bien una vez llegaron a conocerme. El hecho de que yo fuera transexual pronto se convirtió en un detalle secundario. Aunque todavía hay muchas personas en los bajos fondos que tienen opiniones negativas sobre las personas transexual, me gustaría pensar que el hecho de que yo saliera con Carlos derribó algunas barreras y disminuyó el estigma asociado con estar con mujeres trans. Obviamente, algunas personas aún nos desprecian, pero el cambio es un proceso gradual.

Tres años después, en 2013, nuestra relación llegó a su fin cuando me mudé a Nueva York para vivir con mi madre. Ella se enteró de que yo había estado viviendo en la calle y estaba muy preocupada por mí. Me pidió que volara a Estados Unidos y me quedara con ella, y acepté porque quería mejorar mi inglés. También me gustó la idea de un cambio de escenario; nunca antes había estado en Estados Unidos y me emocionaba la idea de pasar tiempo ahí.

Cuando le dije a Carlos que me iba del país, se volvió loco y comenzó a disparar contra su casa. Fue aterrador, pero sabía que no me haría daño. Supongo que cada persona tiene una forma distinta de manejar las rupturas y esa fue simplemente su forma de lidiar con ello.

"Cuando le dije a Carlos que me iba del país, se volvió loco y comenzó a disparar contra su casa"

Disfruté viviendo con mi madre, pero después de un tiempo ella volvió a Colombia y me dejó a mi suerte nuevamente. Durante ese tiempo, utilicé las habilidades criminales que había perfeccionado en las calles de Colombia y comencé a vender benzodiacepinas y anfetaminas para mantenerme. Pronto me di cuenta de que el mundo de las drogas era mucho menos cruel en los Estados Unidos que en mi país natal. Fue relativamente sencillo en comparación y acabé ganando más de 1.000 euros por semana.

A principios de este año, utilicé el dinero que había ganado vendiendo droga para pagarme una visita a Colombia y ver a mis amigos y familiares y, a las pocas semanas de regresar, noté varias señales de que Carlos había mandado gente para seguirme.

Noté que por donde yo iba pasaban las mismas tres SUV todo el tiempo y que unos personajes de aspecto dudoso me miraban cuando iba a las raves. Supuse que tenía que ver con mi ex, así que lo llamé y me dijo que había enviado a sus guardaespaldas para cuidarme y que me extrañaba y que quería que nos viéramos. Acepté y él me recogió en su coche.

Carlos empezó a llorar en el momento en que la puerta del coche se cerró y me rogó que volviera con él. Dijo que estaba saliendo con alguien horrible y que quería terminar la relación y volver conmigo. Yo tenía novio en Nueva York, así que le dije que sería mejor que siguiéramos siendo amigos. Rompí con ese novio poco después, lo cual significó no volver a Estados Unidos, pues ya no tenía motivos para ello, pero tampoco reanudé mi relación con Carlos. Dicen que nunca hay que volver con un ex, y creo que es un buen consejo.

Sin embargo, todavía lo respeto mucho porque siempre me trató bien y me ayudó cuando estaba en una situación desesperada. A pesar de la actividad a la que se dedica, aún tiene muchas cosas buenas y nunca lo olvidaré. Ahora que tengo veinticinco años recuerdo mi relación con él como una etapa divertida de mi vida, llena de glamour pero también con un ligero toque de peligro. Ciertamente fue una gran experiencia y me alegra haberla tenido.

Este artículo apareció originalmente en VICE Estados Unidos.

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