Drogas

Mi romance con un narcotraficante colombiano

Una mujer trans habla de su experiencia personal con un peligroso narcotraficante.
Gabriela taking a selfie with blurred face
Image courtesy Gabriela

Este artículo apareció originalmente en VICE Estados Unidos.

Los g√°ngsters no son conocidos por sus actitudes progresistas. Esto es especialmente cierto cuando se trata de sexualidad; varias organizaciones criminales diferentes, desde la mafia italiana hasta la MS13, asesinan rutinariamente a cualquiera de sus miembros si sospechan que es parte de la comunidad LGBTQ.

Por eso, me sorprendi√≥ enterarme a trav√©s de un contacto colombiano m√≠o, quien estuvo en una c√°rcel del Reino Unido por tr√°fico de drogas, que en su pa√≠s de origen hab√≠a conocido a una joven trans que ten√≠a un romance muy abierto con un narcotraficante colombiano. Seg√ļn la joven, √©l estaba profundamente enamorado de ella y era una relaci√≥n muy aceptada por la mayor√≠a de los miembros de su organizaci√≥n.

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Fue una relación que surgió en parte debido a la severa dificultad de ella de crecer como una persona trans en un hogar conservador. Cuando era adolescente, Gabriela se vio obligada a abandonar su hogar debido al abuso que sufría a manos de su padre, un cristiano fundamentalista, y terminó en las calles. Dijo que un encuentro casual con un narcotraficante local cambió su vida, aun cuando el peligro y la violencia del narcotráfico siempre estuvieron presentes. Esto es lo que me contó.


Durante mis primeros a√Īos, nunca imagin√© que me involucrar√≠a con narcotraficantes y que estar√≠a en las calles. Mi pap√° era abogado y me pag√≥ una escuela privada. Tuve una crianza c√≥moda desde el punto de vista econ√≥mico, y mi vida habr√≠a sido relativamente f√°cil de no haber sido transg√©nero.

Supe que era una ni√Īa atrapada en un cuerpo masculino desde muy joven, y en secreto sol√≠a vestirme como ni√Īa en la casa de un amigo gay. Anhelaba poder hacer lo mismo frente a mi familia, y finalmente un d√≠a decid√≠ que ya era hora de dejar de vivir una mentira y decirle a mi pap√° que era transg√©nero.

Decir que no lo tom√≥ muy bien es un gran eufemismo. Es muy religioso y estaba furioso. Me golpe√≥ despiadadamente y me llev√≥ a su iglesia al d√≠a siguiente, donde trat√≥ de obligarme a aceptar un exorcismo para que expulsaran la homosexualidad de mi ser. Pens√© que era algo rid√≠culo y me negu√©, lo cual lo enfureci√≥ a√ļn m√°s. La situaci√≥n se volvi√≥ tan insostenible que finalmente me fui de casa para vivir en las calles.

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La primera noche no ten√≠a d√≥nde quedarme; dorm√≠ en un parque local, en el que me encontr√≥ una amiga transg√©nero al d√≠a siguiente y me llev√≥ a conocer a una proxeneta que dijo que podr√≠a ayudarme a ganar algo de dinero. Se trataba de una mujer trans mayor que quer√≠a que vendiera mi cuerpo. Me negu√© rotundamente, as√≠ que me dio un cuchillo y un poco de gas pimienta y me dijo que en lugar de eso pod√≠a cuidar a las prostitutas y asegurarme de que nadie m√°s, aparte de los clientes, llegara a las calles en que ellas operaban. Tambi√©n era responsable de robar a punta de cuchillo a los borrachos que por error pasaran por esas calles. Mi estilo era muy g√≥tico en ese momento, as√≠ que solo Dios sabe lo que la gente debi√≥ haber pensado de esta peque√Īa chica adolescente que patrullaba las calles con un cuchillo. Seguramente mi aspecto era perturbador.

Después de un tiempo, pasé del robo en las calles al robo de tiendas a punta de pistola. Lamentablemente, las cosas que tuve que hacer para sobrevivir eran comunes para las personas en ciertas áreas de Colombia. Las calles en las que pasaba la mayor parte de mi tiempo eran extremadamente peligrosas, y la policía solía perseguirme cuando estaba con las prostitutas para golpearnos. Fue un período muy tenso e incierto de mi vida.

Afortunadamente, despu√©s de pasar meses en las calles, cuando ten√≠a diecisiete a√Īos, mi suerte finalmente cambi√≥. Un d√≠a, una SUV lleg√≥ a la calle donde operaban las trabajadoras sexuales, un chico descendi√≥ y le pregunt√≥ a la proxeneta si ten√≠a alguna mujer trans disponible. Me vio y dijo que no pod√≠a resistir quedarse a fumar un cigarrillo conmigo. Me dijo que estaba muy solo y que necesitaba a alguien con qui√©n pasar el rato. Hablamos y me dijo que se llamaba Carlos* y me llev√≥ a comer algo. Luego me revel√≥ que era una pieza importante en el mundo de las drogas.

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Carlos y yo comenzamos a salir y me pagaba un apartamento. De hecho, era muy rom√°ntico y me llev√≥ por todo el pa√≠s con √©l. √ćbamos en moto a las monta√Īas y mir√°bamos juntos las estrellas por la noche. Ten√≠a un jacuzzi en su casa, y sol√≠amos relajarnos ah√≠ juntos, escuchando jazz y deep house. Me gustaba mucho el house en ese tiempo, y tambi√©n iba a raves con √©l, flanqueados siempre por su equipo de seguridad. Tal vez no lo creas, pero Colombia tiene una muy buena escena rave.

Rara vez vi el lado m√°s oscuro de √©l, aunque hubo una ocasi√≥n en la que pude verlo muy de cerca. √Čl ofreci√≥ una fiesta en su casa y una mujer que hab√≠a bebido demasiado y consumido muchas drogas comenz√≥ a gritar y vociferar toda clase de cosas. Carlos y sus amigos se empezaron a preocupar de que ella revelara actos que pudieran incriminarlos, por lo que uno de ellos me escolt√≥ fuera de la habitaci√≥n para que no viera lo que le suceder√≠a.

Nunca volví a ver a la mujer. Había rumores de que Carlos había matado a muchas personas y organizado importantes operaciones de contrabando de drogas que implicaban llevar cocaína al extranjero en avión, por lo que supongo que sea lo que sea que le haya sucedido a esa mujer, no fue agradable.

Sin embargo, √©l era muy amable conmigo y nunca intent√≥ ocultar nuestra relaci√≥n. Me present√≥ a todos sus socios, quienes me aceptaron bien una vez llegaron a conocerme. El hecho de que yo fuera transg√©nero pronto se convirti√≥ en un detalle incidental. Aunque todav√≠a hay muchas personas en el bajo mundo local que tienen puntos de vista negativos sobre las personas transg√©nero, me gustar√≠a pensar que el hecho de que yo saliera con Carlos derrib√≥ algunas barreras y disminuy√≥ el estigma asociado con salir con mujeres trans. Obviamente, algunas personas a√ļn nos desprecian, pero el cambio es un proceso gradual.

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Tres a√Īos despu√©s, en 2013, nuestra relaci√≥n lleg√≥ a su fin cuando me mud√© a Nueva York para vivir con mi madre. Ella se enter√≥ de que yo hab√≠a estado viviendo en las calles y estaba muy preocupada por m√≠. Me pidi√≥ que volara a Estados Unidos y me quedara con ella, y acept√© porque quer√≠a mejorar mi ingl√©s. Tambi√©n me gust√≥ la idea de un cambio de escenario; nunca antes hab√≠a estado en Estados Unidos y me emocionaba la idea de pasar tiempo ah√≠.

Cuando le dije a Carlos que me iba del pa√≠s, se volvi√≥ loco y comenz√≥ a disparar contra su casa. Fue aterrador, pero sab√≠a que no me har√≠a da√Īo. Supongo que cada persona tiene una forma distinta de manejar las rupturas, y esa fue simplemente su forma de lidiar con ello.

Disfruté vivir con mi madre, pero después de un tiempo ella volvió a Colombia y me dejó a mi suerte nuevamente. Durante ese tiempo, utilicé las habilidades criminales que había perfeccionado en las calles de Colombia y comencé a vender benzodiacepinas y anfetaminas para mantenerme. Pronto me di cuenta de que el mundo de las drogas era mucho menos feroz en los Estados Unidos que en mi país natal. Fue relativamente sencillo en comparación, y terminé ganando más de 1.000 dólares por semana.

A principios de este a√Īo utilic√© el dinero que gan√© vendiendo droga para financiar una visita a Colombia y ver a mis amigos y familiares, y a las pocas semanas de regresar, not√© varias se√Īales de que Carlos hab√≠a mandado gente a seguirme.

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Not√© que por donde yo estaba pasaban las mismas tres SUV todo el tiempo y a unos personajes de aspecto dudoso que me miraban cuando estaba en los raves. Supuse que ten√≠a que ver con mi ex, as√≠ que lo llam√© y me dijo que hab√≠a enviado a sus guardaespaldas para cuidarme y que me extra√Īaba y que quer√≠a que nos vi√©ramos. Estuve de acuerdo, y √©l me recogi√≥ en su carro.

Carlos empezó a llorar en el momento en que la puerta del carro se cerró y me rogó que volviera con él. Dijo que estaba saliendo con alguien horrible y que quería terminar la relación y volver conmigo. Yo tenía novio en Nueva York, así que le dije que sería mejor que siguiéramos siendo amigos. Rompí con ese novio poco después, lo cual significó no volver a Estados Unidos, pues ya no tenía motivo para volver, pero tampoco reanudé mi relación con Carlos. Dicen que nunca hay que volver con un ex, y creo que es un buen consejo.

Sin embargo, todav√≠a lo respeto mucho porque siempre me trat√≥ bien y me ayud√≥ cuando estaba en una situaci√≥n desesperada. A pesar de la actividad a la que se dedica, a√ļn tiene muchas cosas buenas y nunca lo olvidar√©. Ahora que tengo veinticinco a√Īos recuerdo mi tiempo con √©l como una etapa divertida de mi vida, llena de glamour pero tambi√©n con un ligero toque de peligro. Ciertamente fue una gran experiencia y me alegra haberla tenido.

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