Robbie Williams Entrevista VICE
Música

Fama, focos, familia: una entrevista íntima con Robbie Williams

Pasamos un día jugando al golf y comiendo sopa con la leyenda de la cultura pop viva más grande de Inglaterra.
fotografías de Leo Baron
23 Diciembre 2019, 4:22am

"Bienvenida a lo más cuarentón y de clase media que ha hecho VICE”, nos dice Robbie Williams, con los brazos abiertos, de pie en las verdes laderas de un campo de golf impresionante en Wiltshire. Entiendo por qué lo dice, pero no sé cómo explicarle al legendario bromista del pop británico que lo último que volvió loco a nuestro equipo editorial fueron seis botes de helado gratis. Pero no hay tiempo, porque Robbie Williams tiene un millón de preguntas para mí.

¿Dónde vivo? ¿De dónde soy? ¿Cuánto tiempo llevo trabajando como periodista? ¿Qué estudié? ¿El último concierto al que fui? ¿La música que me gustaba de pequeña? “¿Maniacs?”, asume correctamente antes de contarme que “Motorcylce Emptiness” fue la primera canción comercial indie que le hizo querer escribir rock. ¿Tengo hambre? ¿Desde cuándo tengo el pelo corto? ¿Es mi forma de pedir auxilio? “Un peinado nuevo es un peligro nuevo, normalmente”.

A Robbie o “Rob”, como lo llama todo el mundo, le preocupa mucho mi salud. Lleva pantalones vaqueros negros, una sudadera de BOY-London y un gorro rojo de Moncler que él describe como “un gran anuncio”, pero se le ve a kilómetros de distancia. Eso hacen un par de jugadores de golf en la distancia, que no dejan de mirarnos, y él les saluda con la mano. Después, bromea diciendo que probablemente irán a casa y les dirán a sus amigos: “Hoy hemos visto a Robbie Williams y no nos dijo ni hola”. Al parecer, le pasa muy a menudo.

Teniendo en cuenta que no sé nada de golf, que Robbie Williams me invitara a jugar me hizo sentir como la dueña de una gran empresa a la que le dan un mensaje secreto para una reunión con el presidente. Ahora, entiendo por qué a la gente que tiene trabajos con mucha presión les encanta. Da una sensación de intimidad y concentración parecida a la meditación. Este campo, donde Robbie juega a menudo, está rodeado de montículos verdes, bosques frondosos y extensas tierras de labranza. Justo antes de comenzar, tararea “The Blue Danube” para sí mismo porque el ritmo le ayuda a perfeccionar su swing.

Nuestra entrevista, que va desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde, se acaba convirtiendo en una sesión de coaching de mi vida. Pregunta sobre todo lo que me pasa y, al final, me voy con una lista de cosas que tengo que hacer para mejorar, excepto en mi relación que, tras interrogarme apropiadamente (¿Nos llevamos bien? ¿Me hace reír? ¿Le quiero? ¿Confío en él?), queda claro que va bastante bien. Para darme el visto bueno, levanta el puño para que se lo choque y me dice: “Claro que sí, joder”. No es de extrañar que alguien que ha estado en la mierda tantas veces, saque el tema de la autoayuda y la felicidad constantemente durante nuestra conversación.

Si nunca le has chocado el puño a una leyenda de la cultura popular: es increíble. Es como recibir la bendición del rey del espectáculo. Robbie Williams es un un artista 360. Estrella del pop y del rock, cantante de la vieja escuela, el típico tío de bar de tu pueblo que no para de hablar y que tiene el talento de un miembro de Rat Pack. La única persona que se le puede comparar en Reino Unido es Liam Gallagher y, por eso, siguen queriendo pegarse. Hay un momento en que se me acerca sonriendo maliciosamente mirando a su teléfono y me dice: “¿Me retas a enviarlo?”, y miro la pantalla y es un mensaje de Instagram para Liam que dice: “¿Te apetece?”.

Sin embargo, si se trata de mercado, Robbie le gana en cuanto a datos demográficos. A las madres les gusta porque es encantador; a los padres les gusta porque canta canciones con letras emocionalmente reflexivas que permiten que los hombres heteros se sientan seguros, a pesar de tener sentimientos; a los abuelitos y a las abuelitas les encanta porque puede imitar a Tony Bennett; y a los millennials les gusta porque en cierto modo representa la autoconciencia e ironía que tanto falta en muchos artistas más jóvenes. Además, nuestra generación ha crecido con vídeos musicales como “Rock DJ”, en el que se arranca su propia piel, y eso no se olvida fácilmente, sino que se convierte en un canon. El concierto que dio en Hyde Park este verano, en el que se juntaron mujeres mayorcitas venidas de toda Europa con sombreros de vaquera para gritar al ritmo de “Angels” y seguidores de LADBible de apenas veinte años, es un testimonio del éxito que ha disfrutado entre todos los públicos desde sus comienzos.

Por alguna razón, nunca hablan de eso en los medios, que solo suelen felicitarlo por sus actuaciones en directo. Así que, cuando iba a entrevistarle sobre su próximo álbum The Christmas present, dos discos con dos portadas originales navideñas y artistas invitados que van desde Rod Stewart, Jamie Cullum y Tyson Fury hasta Pete Conway, su padre, pensaba que sería tipo “meter un par de hoyos y nos vamos”. No esperaba acabar más tarde en su casa, durante varias horas, conocer a su familia y escribir a mi padre desde el baño diciéndole: “Estoy meando en el baño de Robbie Williams, jaja”.

“Los medios te roban y luego te preguntan qué tal fue el robo una semana más tarde. ‘Ay, seguro que fue horrible’, ¡pero si fuisteis vosotros los que robasteis en mi puta casa!”

Su carrera, desde que hizo la audición en 1989 para Take That estando aún en el colegio (le dijeron que lo habían cogido el mismo día que le dieron las notas, que no eran muy buenas) hasta ahora, ha sido una montaña rusa pública brutal y, a veces, dolorosa. Frecuentemente, se ve su nombre en los titulares junto a palabras como “Gary Barlow”, “polémica” o “borrachera”, seguido de una historia que o oculta un problema de salud real, o se centra en una broma que se han tomado demasiado en serio (te acuerdas de lo de los alienígenas?). Su dependencia del alcohol y las drogas, más que documentarse, se convirtió en un espectáculo en el que los periódicos le daban la vuelta a la tortilla, como hacen a menudo, para que pareciera una historia de falta de autocontrol y caos, incluso a día de hoy.

“Hay una tergiversación deliberada de lo que dices cada puto día. Es en plan, vale, vamos a coger lo que ha dicho de ‘¿Por qué la gallina cruzó la carretera?’ y decir: ‘¡Robbie Williams está loco! Ahora le ha dado por hablar de gallinas cruzando carreteras’”, aunque en realidad es simplemente un acertijo para niños pequeños. “Ese tipo de cosas me ha metido en líos muchas veces. Me gusta ser gracioso, o intentarlo, y la gente le quita la gracia a propósito diciendo: ‘Robbie Williams hoy ha hecho esto, está loco’”. Saca el tema del vídeo viral de la actuación de Nochevieja en Westminster, donde se le ve usando un gel antiséptico para las manos después de chocarle los cinco a la gente que estaba en primera línea. Es algo que lleva haciendo en sus conciertos durante 20 años “porque la gente se ríe”, pero aquella vez se convirtió en un “Robbie Williams odia a la gente”.

“Puedes pasarte un tour promocional entero respondiendo a preguntas sobre cosas que se han inventado”, dice desconcertado. “Los medios te roban y luego te preguntan qué tal fue el robo una semana más tarde. ‘Ay, seguro que fue horrible’, ¡pero si fuisteis vosotros los que robasteis en mi puta casa!”.

En cuanto a toda la polémica con las drogas, Robbie ha sentado cabeza. Ahora tiene 45, lleva sobrio 19 años (por eso juega al golf) y se ha casado con una actriz, compañera y jurado de Factor X en Inglaterra, desde 2010. Tiene tres niños, varios perros y hace poco ha dejado de comer carne roja porque se asustó al ver un documental en Netflix sobre veganos. Bastante decente para alguien que le hacía sombra a Pete Doherty y Amy Winehouse juntos por el número de zascas que podía meter en la misma entrevista en menos de tres minutos.

“Cuando dejas de beber y de tomar drogas te das cuentas de que hay algo que estabas intentando esconder y, en mi caso, era una fobia social”, dice casualmente. “Y como ya no tienes ese apoyo, porque la cagaste, te das cuenta de que tenías fobia social igualmente, que es parte de ser famoso. Pero está bien, tengo una vida increíble. Esto —dice señalando el campo de golf— es importante para mí. Salir, estar en la naturaleza, tratar de superarme, tener un propósito, han remplazado a ese sentimiento de tristeza”, explica Robbie. “Siempre me parece que, después de hacer esto, me siento mucho mejor. Soy mejor padre y mejor marido”.

Hoy en día, es raro oír a un hombre hablar de manera tan personal, mucho más en el 2000, pero Robbie siempre ha sido sincero sobre sus problemas con la adicción, la salud mental y su cuerpo. Sin embargo, cuando intento decírselo seriamente, le quita importancia diciendo: “Sí, soy un compartidor compulsivo” y se encoge de hombros.

A Robbie Williams no le gusta ser serio. Es parte de él, como de muchos comediantes, y la verdad siempre va a estar envuelta de humor. Eso y tener un propósito parecen haberle ayudado a sobrellevar los altibajos de ser una de las personas más famosas del país británico. Pero tener un propósito no es lo mismo para alguien que ha sido famoso desde los 16. Para mí, un propósito es escribir un artículo que no sea una mierda sobre Robbie Williams. Pero para él, que tiene 10 discos en solitario que llegaron al número 1 de las listas británicas, un récord Guinness en 2006 por vender 1.6 millones de tickets en un solo día, multitud de premios y que es uno de los artistas con más ventas en Reino Unido, seguido solo por Elvis, tener un propósito es algo más. Hace muy poco, ese propósito fue llenar por completo el Wembley Arena dos veces en seis minutos y anunciar su cuarta residencia en Las Vegas en 2020. Y, como un propósito más personal simplemente para ver si “podía hacerlo”, ha compuesto un disco navideño.

A lo mejor te parece que un disco navideño es algo pasajero, que normalmente lo son. Pero este es el disco navideño de Robbie Williams, así que es un cachondeo absoluto (que versiona a Slade, joder). Una mezcla de canciones de orquesta y de pop/rock, de entre las que destacamos “Bad Sharon”. En esta canción Robbie invita, junto al boxeador Tyson Fury, a emborracharse y a gastar dinero junto a “Sharon la de la oficina”. No está mal: para alguien que lleva 20 años sobrio, se le da muy bien escribir himnos de borrachera.

“La raison d'être ha sido escribir una canción pegadiza y que moleste a la gente hasta el fin de los días”, dice Robbie. “Yo no lo llamaría pasajero, porque no te pasas tres años escribiendo algo pasajero, pero está bien quitarse la presión. Dicho eso, he invertido mucho tiempo y esfuerzo en hacerlo bien”.

Lo único que no pudo hacer es cantar “Fairytale of New York” para el álbum. “Quería hacerla con Britney Spears, pero ella ahora no trabaja, desafortunadamente”, me dice como si nada. Como si fuera lo más normal y no una noticia que me va a perseguir toda mi vida. Y, entonces, se va. ¡Se va!, a jugar a otro hoyo.

***

Se supone que la entrevista iba a acabar aquí, pero Robbie me invita a su casa para comer. Y cuando Robbie Williams te invita a comer a su casa, no puedes decir: “No, gracias”. Así que en una hora estaba en su cocina comiendo puré de calabaza tailandés que había preparado su cocinero personal y hablando con su padre, que también me preguntó muchas cosas.

Para llegar allí desde el campo de golf, tuvimos que coger el “Popmóvil”; una especie de furgoneta negra pequeña por fuera, pero que por dentro parece un jet privado. Los cuatro asientos de la parte de atrás son muy anchos y tienen mucho fondo. Hay botellas de agua en cada agujero disponible y una pantalla de televisión con un capítulo de Real Housewives of New Jersey parado a la mitad. Robbie parece estar más cómodo aquí; apoyado en un par de almohadas, comparte sin pelos en la lengua su opinión sobre la comida china para llevar y el triste estado del rock and roll.

“En la Gran Bretaña de Thatcher surgieron muchos estilos musicales como rebelión a lo que estaba ocurriendo en el país. Ahora, ocurren exactamente las mismas cosas, pero la gente prefiere hacer house tropical. ¡No lo entiendo! ¿Dónde está la juventud enfadada y descontenta? Estamos en la mierda, sí, pero a nadie con una guitarra le molesta. Tiene que ocurrir otra vez. Han pasado 20 años. El pop parece ganar siempre, en la forma que sea y yo sé que no soy la panacea”, ríe, “pero estoy seguro de que alguien tiene que serlo”.

Bajamos con el coche por un camino rural y poco a poco me doy cuenta de que todo esto le pertenece. Se acerca y señala por la ventana a “Om”, un puto robot gigante del Progress Tour de Take That en 2011, que ahora se encuentra completamente fuera de lugar en un campo como si fuera un monolito kubrickiano. También hay cerca un hangar que hace las veces de estudio de arte. En los últimos años, Robbie se ha dedicado a pintar, motivado por la moral del documental de Banksy, Exit Through the Gift Shop, es decir: cualquiera puede hacerlo. Tiene muchas ganas de enseñarme las filas de cuadros de arte abstracto hechos con pinturas de neón que se amontonan en los pasillos de su casa. Según me cuenta, su plan es exhibirlos algún día.

“Es como el punk”, dice. “La premisa era: no puedo dibujar y no puedo pintar, ¿pero puedo crear algo que sea artístico y no una mierda?”. Me pongo a inspeccionarlos y él hace un gran esfuerzo por recalcar los penes que hay escondidos entre la explosión colorida de formas y garabatos, como si fuera un grafitero vacilando a Jackson Pollock. “Misión cumplida”, me dice.

Llega un momento en el que me doy cuenta de lo sorprendentemente normal que es Robbie, a pesar de todo. Aunque la prensa lo ha categorizado como un bala perdida durante años y tiene una presencia en el escenario que es una mezcla entre Danny Dyer y Keith Flint, estar cerca de él es una experiencia natural. Después de enterarse de que soy del sur de Gales, su padre Pete, un cantante que ha estado en la profesión durante 52 años en cabarets y clubes sociales, me enseña fotos de sus amigos en su portátil y me cuenta historias de cuando era joven y jugaba al críquet en el sur de Gales. Tiene ese tipo de humor de la vieja escuela en el que alguien sale de la habitación, vuelve y dice: “¡Anda! Estás más viejo”. En resumen: es prácticamente como comer un domingo con mis padres, solo que en una casa que quién leches sabe lo que cuesta con una de las familias más famosas de Reino Unido. Siempre va a haber un toque de postureo, está claro, pero parece que por muy famosos que sean, siguen siendo bastante humildes.

“Para alguien que tiene el síndrome del charlatán, con muy poca autoestima, que 50 000 personas digan: ‘Te aprobamos’...”, ojalá pudieras guardarlo en una botella y usarlo como armadura, pero no funciona así”

Finalmente, la conversación vuelve a centrarse en Hyde Park, donde Robbie y su padre cantaron a dúo “Sweet Caroline”, una canción típica de fiesta que suele generar la misma euforia que un gol final de penalti en un partido de fútbol. Ninguno se sorprende ya con la reacción del público. No hay una sola vez que recuerden que no recibieran la canción así.

“Mi trabajo es ser emocional”, dice Robbie, medio bromeando, cuando le digo que parecía haberse conmovido. “No, ya sabes, nunca aburre. Para alguien que tiene el síndrome del charlatán, con muy poca autoestima, que 50 000 personas digan: ‘Te damos el visto bueno’...”, hace una pausa. “Soy tan frágil, tan sensible, que cada vez que recibo todo ese amor y adulación es verdaderamente abrumador. Ojalá pudieras guardarlo en una botella y usarlo como armadura, pero no funciona así. Robin Williams habla de cómo puedes hacerlo y sentirte increíble y el mejor en el mundo, y al momento te sientes todo lo contrario. Pero ese tipo de cosas pasan y en momentos así ‘cuando me siento débil’, como dice la canción, no es fácil acceder a esa seguridad”.

Aunque se puede confiar en los fans, no se puede decir lo mismo de la prensa, que es un tema muy sensible para Robbie, independientemente de todo lo que han escrito de él a lo largo de los años, bueno o malo.

“Fue bonito ver que la recepción se transmitió en las noticias con el espíritu con el que se había pensado”, cuenta. “Ese tipo de cosas te reinventan como algo viable.

Cuando le digo que quizás eso ya ha ocurrido, concuerda cautelosamente. “Creo que sí. Es lo que he experimentado, pero justo después de Navidades y antes de Año Nuevo”, se ríe. “Pero ahora se trata de disfrutar los buenos tiempos”.

@emmaggarland

The Christmas Present salió a la venta el 22 de noviembre a través de Columbia Records; puedes conseguirlo aquí. Todas las fotografías de Leo Baron.

Este artículo se publicó originalmente en VICE Reino Unido.