abusos sexuales

El calvario que sufren las mujeres después de ser violadas

Los protocolos de actuación en España acostumbran a revictimizar a las mujeres víctimas de violaciones.

por Alba Carreres
30 Octubre 2018, 5:00am

Protestas en Oviedo contra las violaciones a mujeres, el 26 de abril de 2018. Reuters/Eloy Alonso

El 14% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual por parte de parejas, exparejas o desconocidos según datos del Ministerio español de Sanidad, Servicios sociales e Igualdad. Los expertos aseguran que eso es solo la punta del iceberg y que la mayoría de casos quedan invisibilizados por falta de denuncia.

Según las mismas fuentes, en 2017 se registraron en España 1.313 agresiones sexuales a mujeres, 906 con penetración, 50 casos más que en el año anterior. Para que nos hagamos una idea: cada ocho horas una mujer es violada en nuestro país. Sin ir más lejos, en los últimos nueve días han habido tres agresiones sexuales en Barcelona, en la zona de Poble Sec, que han conmocionado y mucho al colectivo feminista de la capital catalana.

Esto no son solo cifras, detrás de cada una de ellas hay la experiencia de una mujer con nombre y apellidos, alguien que en la mayoría de los casos nunca hubiese pensado que formaría parte de estos números.


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Si ya de por sí el hecho de que te pase algo así te derrumba por dentro y por fuera, me pregunto cómo se sienten estas personas cuando tienen que hacer cola en el ambulatorio para que les hagan un informe, sin poderse duchar ni cambiarse de ropa. El calvario de sufrir una agresión sexual empieza con la agresión, te golpea de nuevo cuando hay que revivirla y te marca para toda la vida.

En otros países de la Unión Europea ya hace tiempo que existen este tipo de centros, los más conocidos son los Rape Crisis Center británicos, en los que todas las víctimas reciben atención, acompañamiento inmediato y asesoramiento jurídico justo después de lo acontecido. Sin embargo en España, es cada Comunidad Autónoma la que decide el protocolo a seguir en cada uno de los casos y hasta el día de hoy son las distintas asociaciones las encargadas de atender a las víctimas. Pero no siempre tienen la capacidad de llegar a todas ellas.

Según me cuenta Mariti Pereira, de la Federación de Asociaciones de Asistencia a Mujeres Violadas, debería existir un protocolo unitario estatal para que las víctimas de todas las comunidades sean tratadas de la misma forma. “Es importante que este trabajo de acompañamiento lo hagamos asociaciones y no las instituciones del Gobierno porque estamos concienciadas y sensibilizadas en ello y sabemos cómo hay que tratar a las víctimas”, me dice.

Llamada al 112

El viacrucis de trámites y papeleo de una mujer que ha sido agredida sexualmente empezará, en la mayoría de los casos, con una llamada al 112. Allí deberá contestar unas preguntas sobre los hechos. En el caso que sea necesario se enviará in situ un equipo de emergencias médicas y, si ellos determinan que no hay lesiones graves, la propia víctima deberá dirigirse por su cuenta a un centro de atención primaria. Otras opciones que tendrá la víctima serán las de acudir a la policía o directamente a un centro sanitario, pero sea cual sea por dónde empiece deberá seguir todos estos pasos.

En uno de los tres casos de agresión sexual en Poble Sec, el Servicio de Emergencias Médicas después de comprobar que la víctima podía andar por su propio pie, fue enviada a un Centro de Atención Primaria. Si ya suficientemente duro debe ser sufrir cualquier tipo de agresión sexual, estar en una sala de espera de un ambulatorio rodeada de desconocidos y sin los cuidados necesarios más básicos después de que te haya pasado algo así debe ser un auténtico infierno.

Recursos insuficientes en los centros de atención primaria

Una vez dentro de la consulta médica la víctima es sometida a una anamnesis en la que se le preguntará qué ha sucedido, qué le duele, si ha habido penetración o no, determinará si ha habido violencia psicológica y emitirá un comunicado de lesiones. En este punto la médica de familia determinará el tipo de agresión que ha recibido.

Si ha sufrido cualquier atentado contra su libertad sexual y ha sido realizado con violencia o intimidación se denominará agresión sexual. Si ha sido sin violencia o intimidación pero sin consentimiento será un abuso sexual. En el caso que la agresión o el abuso haya consistido en una penetración con el órgano sexual por vía vaginal, anal o bucal, la introducción de cualquier objeto o miembro corporal, o bien ha sido un acto en grupo se le llamará violación.

No todos los médicos de familia están formados para atender específicamente a mujeres que acaban de ser agredidas y aunque intentan hacer su trabajo lo mejor que saben y con buena voluntad muchas veces las mujeres, según me cuenta Mariti Pereira, tienen que hacer largas colas o esperar en una sala llena de pacientes sin apenas sentarse así como repetir una y otra vez lo que les acaba de pasar.

Si en el centro no hay ginecólogo te envían a un hospital

Hay hospitales de referencia en estos temas que tienen muy integrado el protocolo a seguir causando el mínimo impacto en la víctima. En otros sitios, en cambio, la falta de recursos se hace evidente y todo tarda mucho más. La diferencia es aún mayor en zonas rurales, en las que la víctima debe trasladarse varios kilómetros por su cuenta para ser atendida.

Si en el centro de salud no hay especialistas en Ginecología de urgencias la víctima será derivada a un centro donde se le pueda practicar una exploración en el caso que haya habido cualquier tipo de penetración, un análisis de sangre urgente para descartar cualquier ETS (si no lo ha hecho anteriormente la médica de familia) y se le administraría una píldora del día después o una profilaxis en el caso que fuera necesario. Posteriormente un médico forense deberá recoger muestras de los fluídos si los ha habido.

La policía especializada en unidad familiar y mujer hacen horario de oficina, los agresores no

Paralelamente la mujer deberá proceder a denunciar los hechos ante la comisaría. “Aquí el problema con que nos encontramos es que los equipos especiales de atención a la víctima tienen horario de oficina, por lo que si la víctima acude a denunciar a una comisaría de guardia deberá explicarlo todo otra vez al UFAM (Unidades de Familia o Mujer) o al EMUME (Equipo Mujer-Menor)”, explica Mariti.

Al cabo de unos días de haber denunciado te llaman del juzgado para que ratifiques tu denuncia o la amplíes: “Hay víctimas que en el momento que van a denunciar entran en shock y no recuerdan algunos detalles, por lo que tienen que ampliar la denuncia días después”, me dice Pereira.

Repetir una y otra vez lo sucedido

Para la víctima, el cuestionamiento y el hecho de repetir una y otra vez lo sucedido, es vivido como una segunda violación, explica Pereira. Si encima el juicio se lleva a cabo incluso años después, la cosa se torna aún peor. “Las mujeres que han sufrido cualquier tipo de abuso o agresión intentan rehacer su vida, por lo que si se hace un juicio dos o tres años más tarde puede suponer un nuevo trauma para la víctima”, asegura.

Los agresores libres y el juicio cuando la víctima ya lo ha superado

Mariti me dice que conoce casos en las que las mujeres tienen que esperar hasta cinco años para conocer el resultado de la sentencia del juicio, mientras tanto las personas que han cometido estos daños irreparables en su persona, siguen a la calle, a veces incluso en el mismo barrio o en la misma zona. Teniendo en cuenta que el 85% de las agresiones sexuales son perpetradas por personas conocidas para la víctima, esa convivencia se hace aún menos soportable.

“Lo que es injusto es que dependiendo del lugar de residencia de una víctima, esta sea tratada de una forma u otra, que se tarde más o menos en celebrar el juicio, o que en los casos más mediáticos el tratamiento sea distinto”, explica Mariti. Por eso es tan importante que más allá de haber protocolos por comunidades exista un plan de actuación estatal con el que se unifiquen los criterios y los recursos destinados a este fin.

La segunda violación puede ser incluso más dura que la primera

Porque para muchas mujeres esta segunda violación es aún más dura que la primera. La espera, la exposición, los trámites, el cuestionamiento, el sentirse interrogada una y otra vez. Aunque no haya herida física duele más sentarse en una sala de espera y responder a mil preguntas cuando ya lo explicado una y otra vez, hiere ver que aquella persona que ha causado tanto daño sigue ahí fuera sin que le pase nada.

Cuando esto pasa ellas se sienten solas, señaladas, olvidadas por la sociedad. La falta de recursos y de formación las ha castigado aún más después del primer latigazo. Hacer las cosas un poco más sencillas de lo que son les podría haber ayudado a superar lo acontecido. En materias tan importantes como esta es crucial unir esfuerzos para acabar de una vez por todas con los abusos sexuales pero no solo esto, también hay que intentar evitar la revictimización cuando se da.

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