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Por qué a la gente le gustan tanto los azotes en el culo

El sadomasoquismo ha fascinado a todo el mundo, desde artistas a filósofos, pasando por investigadores del sexo, desde hace cientos de años. Así que teníamos que averiguarlo: ¿qué tienen los azotes en el culo para que gusten tanto?

por Amanda Arnold
20 Septiembre 2016, 12:00pm

Image by WAA via Stocksy

En 1960, el arqueólogo Carlo Maurilio Lerici descendió al interior de varias tumbas en la antigua ciudad de Tarquinia, una necrópolis de la refinada civilización etrusca que habitó en Italia desde aproximadamente el año 800 a. C. hasta su asimilación con la República Romana a finales del siglo IV a. C. Aparte de cuerpos, encontró innumerables frescos muy mal conservados que representaban a boxeadores cómicos, bailarinas sexualizadas y, lo más destacable, en la Tumba de la Flagelación halló uno en el que una mujer sin ropa está inclinada, sosteniendo las caderas de un sonriente hombre con barba mientras un hombre joven azota su trasero con un látigo. He aquí el descubrimiento del primer ejemplo de spanking erótico.

En los últimos 1.000 años, el sadomasoquismo ha sido fuente de fascinación para todo el mundo, desde artistas a filósofos, pasando por investigadores del sexo, en una interpretación u otra. Vātsyāyana desgranó el acto sexual en las cuatro posiciones en que puede estar la mano del azotador, las seis posiciones en las que uno puede estar mientras "recibe" y los ocho "tipos de lloro" que puede emitir el azotado en el Kama Sutra.

Llevando este acto al reino del psicoanálisis, Sigmund Freud apuntó a su relación con los azotes que se recibían en la infancia, creyendo que ese castigo temprano podía desembocar en preferencias sadomasoquistas durante la edad adulta. En época más reciente, se convirtió en un tema controvertido tras la publicación de Cincuenta sombras de Grey, una novela que situó el BDSM en la cultura mainstream norteamericana y suscitó una avalancha de artículos de opinión y publicaciones en blogs que formulaban preguntas abiertas sobre el spanking.

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La ciencia parece ofrecer algunas respuestas. Biológicamente, cuando una persona disfruta de un acto sexual su cerebro libera dopamina, el neurotransmisor que activa los centros de recompensa y placer del cerebro. De modo que si alguien disfruta siendo azotado o azotando a otra persona, la dopamina libera señales al cerebro para que continúe. Pero con respecto a por qué le gusta a la gente el spanking en concreto, el acto de que le azoten en el culo con la mano o con un objeto —cosa que algunas personas consideran algo exclusivamente doloroso—, el razonamiento es más complejo y su origen es en cierto modo difícil de determinar.

La Dra. Rebecca Plante, profesora adjunta en el Departamento de Sociología de la Universidad de Ithaca, recuerda que mientras escribía su estudio Azotes sexuales, el yo y la construcción de las desviaciones en 2006, solo se había publicado otro artículo académico acerca del spanking erótico (y además escrito por un hombre cuyo apellido era Butt, "culo" en inglés). En su estudio, el señor Butt llegaba a la conclusión de que para comprender cómo podía alguien llegar a considerar sexual el spanking era preciso tener en cuenta "los contextos sociales más amplios en los que es preciso aplicar castigos corporales sexualizados", escribe Plante.

La cuestión fundamental de nuestra sexualidad es que deberíamos sentirnos cómodos con ella y con que cambie a lo largo de nuestra vida, pero nunca sentirnos coaccionados u obligados a hacer nada

Básicamente, no hay un único motivo por el que alguien se sienta inclinado hacia el spanking. Además, es importante tener en cuenta todo el espectro del spanking, según Plante. Tenemos el movimiento básico mano-culo durante el sexo, pero también está la postura inclinada sobre una silla y los azotes con una vara o una pala; no a todas las personas a quienes les gusta que les azoten el trasero durante el sexo les gusta también que les azoten fuerte con una vara.

Uno de los primeros puntos que saca a colación Plante es que, a diferencia del bondage, las torturas y otros juegos pertenecientes al reino del BDSM, el spanking erótico es una práctica que mucha gente que afirma "a mí ese tipo de cosas no me van" se anima a probar. En cuanto a por qué es popular, tanto entre quienes no están vinculados a la comunidad BDSM como entre quienes se consideran a sí mismos sadomasoquistas, Plante ofrece una razón muy básica que "no puede obviarse como explicación": que provoca placer.

"Estamos hablando de una región muscular bastante bien protegida de nuestro cuerpo situada justo en la base de la columna, donde hay un número considerable de nervios, por lo que es bastante sensible", indica. "No es como el abdomen".

Pero Plante basa su investigación en los guiones sexuales culturales, subculturales e interpersonales, una teoría introducida en la década de 1970 por los sociólogos John Gagnon y William Simon que explica "los modelos sociológicos que dan forma a nuestros intereses sexuales", escribe. Los guiones culturales se relacionan con las ideologías y expectativas nacionales, los subculturales con esas mimas ideologías a nivel local (o según el grupo étnico o religioso) y los interpersonales con las interacciones que se tienen con los demás. Todos ellos se combinan para formar guiones intrapsíquicos, que en última instancia responden el quién, qué, dónde, cuándo, por qué y cómo de la sexualidad y las prácticas sexuales de cada uno. En las culturas más modernas —incluyendo EE. UU.— los guiones culturales estándar erotizan las actividades heterosexuales básicas. El spanking sexualizado, aunque con frecuencia es una actividad heterosexual, se sale de esa norma. A título general, Plante descubrió que los hombres —especialmente los hombres heterosexuales que no están demasiado metidos en el mundo BDSM— están más abiertos a practicar el spanking pero no necesariamente a recibirlo.

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Sin embargo, eso no significa que una persona no pueda desarrollar un interés más adelante en su vida. Durante la investigación de Plante, ella descubrió que los hombres a quienes gustaba dar azotes "habían tenido este interés desde que podían recordar" y lo consideraban esencial en sus vidas sexuales, mientras que las mujeres tendían más a practicar el spanking a través de un compañero que lo había sugerido.

"Los guiones sexuales son modelos básicos, efectivamente, pero pueden claramente adaptarse y revisarse para el usuario", escribe Plante. "El spanking sexual debería considerarse como una de las muchas adaptaciones sexuales que hacen los individuos basándose en interacciones y cambios de sus guiones intrapsíquicos e interpersonales".

Plante además explica que no solo existe un único guión sexual relacionado con el spanking y hace referencia al espectro de esta actividad y a la diferencia entre quienes prefieren azotar y quienes prefieren recibir. Una persona que posea un guión que dice "yo doy el placer" o sea dominante con toda probabilidad obtendrá placer azotando a alguien que sienta placer recibiendo los azotes, seguramente un sumiso. La preferencia por azotar, por recibir los azotes o por no participar en absoluto en esta práctica representa la orientación de una persona con respecto a su sexualidad, su género y su personalidad. Aunque el spanking incluye toda una serie de reacciones sexuales ante diferentes tipos de azotes, sigue siendo un término genérico, porque no todos los tipos de spanking ofrecen a la gente el mismo tipo de placer, en caso de ofrecer alguno.

Lo que Plante subraya, sin embargo, es que solo porque el spanking sea una práctica BDSM que se ha normalizado y aceptado, eso no significa que tenga que gustar a todo el mundo o que todo el mundo deba sentirse obligado a practicarlo. Aunque es objetivamente positivo que este fetiche ha perdido parte de su estigmatización a través de cosas como Cincuenta sombras de Grey y es más accesible al considerarse una de las prácticas más suaves del BDSM, no todo el mundo posee un guión —o un trasero— predispuesto a recibir azotes.

"La cuestión fundamental de nuestra sexualidad es que deberíamos sentirnos cómodos con ella y con que cambie a lo largo de nuestra vida, pero nunca sentirnos coaccionados u obligados a hacer nada", afirma Plante.

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