Cómo se convirtió 'El Club de la Lucha' en el manual para los machistas

Tyler Durden es un héroe para los defensores de los derechos de los hombres y para los artistas del ligoteo por igual. Pero, ¿cómo llegó una película de los noventa acerca de la masculinidad tóxica a definir la manosfera?

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17 Enero 2017, 7:55am

Illustration by Zing Tsjeng

Cuando se estrenó en 1999, El Club de la Lucha fue calificada por muchos críticos como una declaración condenatoria sobre la cultura del consumismo, los roles deshumanizados que impone el capitalismo norteamericano sobre los hombres y los excesos de la masculinidad.

Pero el legado de El Club de la Lucha puede acabar siendo muy diferente. En la década y media que ha transcurrido desde su estreno y su recepción como clásico de culto, El Club de la Lucha ha sido interiorizada por la dispersa colección de comunidades masculinas radicales que habitan internet (conocidas como "manosfera", en inglés "manosphere") como una especie de evangelio.

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Los miembros de estos grupos, que se congregan en torno a sitios web como Return of Kings o Masculine Empire (un equivalente en España sería Forocoches), atribuyen los males de la sociedad occidental al declive de los roles de género tradicionales. Todos ellos ―artistas del ligoteo y defensores de los derechos de los hombres por igual― comparten una hostilidad profundamente enraizada hacia las mujeres y, sobre todo, hacia el feminismo.

Dividen a los hombres en dos categorías: "alfa" y "beta". Los machos alfa son dominantes, duros, salvajes y tienen con regularidad sexo con mujeres atractivas. Sin embargo, los machos beta son débiles, castrados y simpatizan con los denominados "guerreros de la justicia social".

Si eres una de las pocas personas que no ha visto El Club de la Lucha, el argumento es relativamente sencillo: el anómico Jack (Edward Norton), de unos treinta y tantos años de edad, crea un alter ego, el híper masculino y anárquico Tyler Durden (Brad Pitt). Durden crea un movimiento que reúne a hombres marginados para pegarse de hostias entre sí y finalmente forma un grupo llamado Proyecto Mayhem. Su objetivo final: destruir los pilares del corporativismo para que los hombres recuperen de nuevo su importancia y su propósito en el mundo.

Estas comunidades online añaden una advertencia misógina crucial: la culpa de todo es de las mujeres

Esta película fue tan solo uno más de los muchos filmes de los 90 que trataban específicamente sobre la introspección masculina, afirma James McCormack, investigador de doctorado en estudios de cine en la Universidad de Melbourne que está escribiendo su tesis sobre la masculinidad y la memoria durante el cambio de siglo en el cine de Hollywood.

"Los 90 fueron una época en la que la masculinidad se volvió muy consciente de sí misma, muy reflexiva", explica McCormack. "Hasta entonces, había lo que una filósofa feminista denominó 'visión desde ninguna parte', es decir, la creencia de que los hombres no tienen visión de género. Aquello empezó a disiparse de verdad en la década de 1990... Y entonces llegaron películas como El Club de la Lucha".

Edward Norton y Brad Pitt en El Club de la Lucha. Fotograma vía 20th Century Fox

La afinidad que siente la manosfera por El Club de la Lucha surge de una afirmación comúnmente aceptada y biológicamente determinista: la de que los hombres están naturalmente predispuestos a ser violentos, cazadores-recolectores dominantes que, viéndose domesticados por la civilización moderna se encuentran ahora en un estado de crisis. O, tal y como afirmó su director David Fincher en una entrevista concedida en 1999 para promocionar la película: "Estamos diseñados para ser cazadores y nos encontramos en una sociedad de compras. Ya no tenemos nada que matar, no hay nada que combatir, nada que superar, nada que explorar. Este hombre corriente fue creado en el marco de esa castración social".

Ni David Fincher ni Chuck Palahniuk han hablado de la adopción de su creación por parte de los defensores de los derechos de los hombres y los artistas del ligoteo. Traté de ponerme en contacto con Chuck Palahniuk a través de su agente para obtener sus comentarios pero no recibí respuesta.

Kris Cantu, miembro de la comunidad online Red Pill y del grupo Men Going Their Own Way ("Hombres que actúan a su manera" o MGTOW, por sus siglas en inglés), ve El Club de la Lucha como una película arquetípica sobre los derechos de los hombres. "El personaje de Ed Norton está consumido por el consumismo, por comprar ropa y muebles para su apartamento de alto standing por el que probablemente paga un alquiler elevadísimo. Lo sé porque lo aprendí a través del hip-hop: hay que conseguir dinero, zorras y ropa, conseguir toda esa pasta. Yo viví ese estilo de vida de los 20 años en adelante", me cuenta, vía Skype. "Depende de cada uno desprenderse de todas esas cosas que nos programan para hacer y ser de determinada manera, depende de cada uno darse cuenta y desprogramarse".

El hombre más beta puede convertirse en alfa

"Simplemente tiene mucho sentido", añade. "Si estuvieras harto de la situación actual, tú también te unirías a un par de tíos que pensaran como tú y empezarías una revolución. Y eso es lo que hicieron en esa película... Creo que un montón de tíos piensan de forma parecida a Tyler Durden, pero hasta ahora, debido al entorno de corrección política que nos rodea, han tenido miedo de expresarlo".

Cantu es un MGTOW poco usual, porque anuncia su identidad públicamente. La inmensa mayoría de MGTOW no lo hacen por miedo a las consecuencias sociales y funcionan empleando seudónimos. Igual que Jack, han creado una identidad diferente para expresar una ira que en circunstancias normales no podrían expresar. "Los MGTOW que tienen canales utilizan sus alter egos para decir cosas que no pueden decir en la vida real", explica un vlogger MGTOW llamado Sandman en un vídeo, "... para proteger nuestro modo de vida, nuestra reputación, nuestra integridad personal y nuestras relaciones con familiares, compañeros de trabajo y amigos. Así que, si nos exponemos ahí fuera, somos Tyler Durden".

El único problema con El Club de la Lucha, según Cantu, es su "final al estilo Hollywood". "Creo que, si hubiera sido al auténtico estilo Red Pill ("red pill" significa "píldora roja", una referencia a la película Matrix. Y "tomar la píldora roja" significa aceptar la creencia de que la sociedad moderna está ahora organizada en contra de los hombres), habría terminado con Edward Norton apartando a Marla [su novia en la película] de su lado", explica a Broadly. "No es más que una tía de usar y tirar".

De hecho, los grupos MGTOW y los miembros de Red Pill tienden a considerar la relación de Tyler y Jack con Marla (interpretada por Helena Bonham Carter) como la encarnación perfecta de la filosofía alfa/beta. "Brad Pitt es el macho alfa que actúa y Edward Norton es el macho beta que paga las consecuencias", continúa el vídeo de Sandman. "Edward Norton tiene que escuchar la diarrea emocional de Marla mientras que Tyler Durden se la folla y no siente nada por ella".

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El hecho de que Jack y Tyler sean en realidad la misma persona reafirma la creencia extendida en la manosfera de que incluso el hombre más beta puede convertirse en alfa. "[La película] podría resultar atractiva para alguien con este tipo de visión retrosexual", indica, "pero por supuesto la principal ironía radica en que el tipo [Jack] está loco".

Pero aunque tanto la manosfera como El Club de la Lucha creen que la falta de papeles "heroicos" para los hombres en la sociedad ha provocado un malestar generalizado entre los hombres, estas comunidades online añaden una advertencia misógina crucial: la culpa de todo es de las mujeres y es preciso ponerlas de nuevo en vereda para solucionar el problema.

Igual que la denominada "derecha alternativa", ven el estatus social y la autoestima dentro de la sociedad como un juego de suma cero: es preciso reclamar estas cosas ―incluso arrebatarlas luchando violentamente― a las mujeres. O, tal y como explica Cantu en su vídeo sobre la película de Fincher: "Creo que hemos otorgado demasiado poder a las mujeres, demasiada representación... Va a ser necesario pasar por algo similar a un apocalipsis zombi, a una situación extrema, como una erupción solar... Volvamos a la Edad de Piedra si hace falta. Ahí es cuando los hombres volverán a sentirse importantes".

En el mejor de los casos, el cine puede hacer que los espectadores reconsideren sus ideas preconcebidas y el investigador cinematográfico McCormack cree que emplear El Club de la Lucha para reafirmar la masculinidad y los roles masculinos de género no es necesariamente algo malo. "Simplemente no creo que las conclusiones alcanzadas [por los miembros de la manosfera] tengan demasiado sentido", afirma.

"Los niños tienen lo que el psicoanálisis denomina "objeto transicional"... Y una película como El Club de la Lucha es como un objeto transicional o un espacio transicional para los hombres, que pueden ver esta película como algo que les ofrece un montón de posibilidades diferentes: les ofrece ser un capullo, ser un terrorista, etc.", explica. "Como fantasía y como ficción es en cierto modo significativa, pero si empiezas a trasladarla al mundo real y a basar tus relaciones románticas en ella, quizá hayas abusado un poquito de su poder".