Cultură

¿La vocación existe o es un invento del capitalismo salvaje?

Hablemos sobre cómo afrontar nuestros deseos en el contexto en el que vivimos. ¿Cómo podemos llevar a cabo un proyecto de vida?
26.4.19
foto de Nacho

Artículo publicado por VICE Argentina

La vocación viene del latín, de la palabra voz. Sería algo así como: nuestra voz interior. Lo que esencialmente está en nosotros, lo que debemos escuchar instintivamente para que “nos vaya bien en la vida”. Esa influencia de esta narrativa religiosa hace que uno esté pendiente de escucharse a si mismo para ver hacia dónde se dirige nuestro futuro. Según el filósofo Darío Sztajnszrajber: “La vocación, en todo caso, es esa tensión entre lo que uno cree que tiene que ser y lo que la sociedad exige de uno”.

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Es decir que, filosóficamente hablando, el concepto de vocación no existe como tal, es capitalista, se basa en la búsqueda de lo que el mercado necesita frente a mandatos familiares, posibilidades que nos puede dar nuestro contexto, habilidades, intereses y la relación entre lo que uno es y fue en su vida.


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Buena parte de las personas oscilamos entre la búsqueda y la no búsqueda de absolutamente nada. Un equilibrio precario, como todo equilibrio, pero que quizás ayuda a dirigir, aunque sea un poco nuestra vida en general.

Hablamos con Silvia, profesora adjunta de la cátedra de Orientación vocacional y ocupacional de la facultad de psicología de la UBA, quien ayuda a muchos jóvenes y no tan jóvenes a decidir sobre su futuro. “Por supuesto que esta preocupación está presente durante toda nuestra vida” aclara desde un principio.

“Actualmente se produjo un gran cambio, basado la problemática de orientación. Ya no es algo que se ve al salir del secundario, sino que se ve durante toda nuestra vida a raíz de los cambios contextuales, donde existen una serie de modificaciones en las vidas de las personas. La variable clase social va a tener un peso en este tipo de decisiones. No es lo mismo un chico que sale de una escuela inglesa que uno que tiene escolaridad fragmentada” dice Silvia.


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En todos los lugares donde vivimos, las oportunidades que se nos presentan son tan diversas cómo la cantidad de carreras y trabajos a elegir. Continúa, “La vocación es algo que se construye, no es algo dado de ante mano, sino que nace a partir de las experiencias que tienen las personas en su contexto determinado. Los procesos con los que trabajamos tienen relación con una mirada comunitaria y preventiva. Pueden ser individuales o grupales, anticipando las distintas transiciones de las personas. Particularmente brindo las herramientas para que los sujetos puedan desarrollar sus proyectos de vida”.

“En este momento los jóvenes no saben qué elegir y se sienten muy responsables. Están indecisos, existe mucha oferta de diversas cosas, no saben qué les gusta, hay poca valoración de sus propios intereses. Entonces trabajamos las características de personalidad, de experiencias y ahí lo podemos relacionar con las áreas de estudios o áreas laborales” concluye Silvia.

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¿Cuántas oportunidades existen en nuestro país? ¿Cuánta gente conocemos que les va bien en su trabajo, pero no es feliz realmente? ¿Cuántas personas dijeron (de pequeños) que dé grandes querían ser abogados, martilleros públicos, camareros o jueces de línea en un partido de fútbol?

En VICE decidimos ir en búsqueda de voces reales, que nos cuentan qué les sugiere este concepto en relación a su rutina.

Alicia, 55 años, docente de música

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Alicia

No creo en la existencia de las vocaciones, en que existe una impronta que una persona tiene desde chiquita y va a guiar su camino. Si creo que existen los focos de interés, que dependen del ámbito sociocultural, la familia y la vida misma. Elementos dentro de un contexto que van a ayudar a uno a que vos los puedas cultivar.

En el ámbito educativo, que es el que desarrollé (nunca pensé que lo haría realmente) mi foco de atención era la música y la historia, hasta que de grande apareció el tema de la investigación educativa. Honestamente no creo que sea necesario pensar en la vocación cómo elemento fundamental y excluyente para encarar algo que te interese o no. Me pasa que tengo alumnos que no les interesa la docencia como tal, pero ven, dentro de la música un campo laboral muy necesario, entonces se dedican a eso. Es fundamental tener una actitud profesional, te dediques a lo que te dediques, te guste o no te guste, lo importarte es hacerlo lo mejor que puedas y capacitarte para hacerlo bien.

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Jamás en mi vida pensé que me iba a dedicar a lo que hago ahora, no creo que tenga vocación de esto, pero sé que hago bien mi trabajo.

Carolina, 30 años, creadora

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Carolina

Los recuerdos que tengo que remiten a la vocación son bastante escasos, pero existen, tengo un vago recuerdo de cuando era chica y jugar con una amiga a preguntarle a las personas, a través de una encuesta, qué era lo que querían ser cuando sean grandes. Aunque creo que nunca tuve un sentido de vocación, quizá por el hecho de que siempre busqué hacer lo que me satisfacía más que quedarme encasillada en un ámbito de acción. Si creo que tuve y tengo inclinaciones preferenciales para ciertos ámbitos: lo artístico, lo comunicacional, por ejemplo.

Por un lado, admiro, cuestiono y tengo curiosidad por sentir lo vocacional, encontrarme en algo en lo que aferrarme y sentirme segura, pero por otro lado siento que esa carencia me da una libertad de siempre poder ser o creer ser lo que quiera: pienso que puedo hacer todo porque no soy nada específico.

Agustín, 26 años, investigador

La vocación tiene que ver con el recorrido personal que fui haciendo en torno a la educación, en mi caso en particular. Creo que es algo que se perfila en la adolescencia, pero uno nunca lo termina por descubrir realmente. Tiene que ver con lo que uno quiere de la vida y también tiene que ver con lo laboral, con ver qué te bancas hacer todos los días de tu vida durante mucho tiempo.


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En mi caso sé que tiene que ver con la educación, al principio lo negué y luego lo acepté como parte de lo que me gusta. Tiene que ver con mi familia y con el recorrido que yo fui encontrando, para también poder sentirme útil a la sociedad.

Ahora me reparto, tengo pocas horas de docencia y me estoy dedicando más a la investigación, y sé que eso no es mi vocación en si, sé que no es para siempre, tengo un fuerte interés de conocimiento, me apasiona saber y aprender, pero el mundo laboral de la investigación no me gusta, yo sé que esto no es lo quiero, lo que quiero es enseñar, ser docente.

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Emi, 25 años, comunicadora

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Emi

Mi vocación es mi proyecto. Es la manija que le puse al crear Beba. Pero no sé si es vocación o la búsqueda de un pedazo de esperanza en el futuro. De 9 am a 6 pm paso mis días en una oficina del Estado, en un trabajo que no odio pero que no sé cómo transitaría si no tuviera una parte de mi cabeza en otros proyectos.

Pienso que la vocación es un invento del capitalismo para que no te sientas tan pelotuda. Los límites entre la vocación y la profesión se vuelven cada vez más difusos: ¿Cuántos son los que ganan por ejercer a tiempo completo, y con vocación, su profesión? Miles de personas, como yo, todavía no vemos ni un peso por lo que amamos. Te dicen que, si es tu pasión te tenés que bancar las condiciones, pero la perseverancia se vuelve difícil cuando la ganancia es simbólica. Es estar todo el tiempo pensando que los frutos van a llegar, pero los días pasan y cuesta cada vez más.

Nacho, 23 años, diseñador

Mi vida pasa por el arte, aunque tengo múltiples intereses. Me gusta escribir, me encanta la música, pero actualmente priorizo las artes visuales. Quizás mi concepto sobre la vocación se basa en poder ser mi propio mecenas, es decir, poder tener los recursos para financiarme mis producciones artísticas o mis estudios, así ya me dejo de pensar en vender mi obra, y me concentro en generar y producir. Se también que quiero ser excelente en lo que haga, y para que uno pueda ser bueno se que le tiene que dedicar muchísimas horas. Creo que puedo tener talento, puedo tener pasión, pero esos son multiplicadores. Sin el trabajo duro no hay talento que valga.

Si ves a las personas que son excelentes, a mi criterio, como Paco de Lucia, Miles Davis o Atahualpa Yupanqui, están absorbidos en lo que hacen, y entran en ese transe meditativo porque no están preocupados en cómo tocar o poner los dedos de la trompeta, sino que tienen esa parte resuelta porque le dedicaron una cantidad de horas brutales, más allá del talento que puede uno o no tener. Considero que el talento no hace tu éxito, sino también la dedicación, el esfuerzo y la disciplina que uno le ponga.

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