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Artistas convierten la memoria de los meteoritos en sonido

¿Cuáles son los sonidos del universo? Marcela Armas y Gilberto Esparza nos dan la respuesta a esta pregunta al producir piezas sonoras a partir de un meteorito caído.

El arte sonoro es muy basto, pero en ocasiones puede ser poco conocido. En México tenemos el Jardín Sonoro en Coyoacán donde existe la oportunidad de que diferentes sonidos nos vayan guiando a lo largo del Jardín por todo su espacio a través de bocinas adaptadas para el exterior que producen armonías estéticas que llevan a la relajación. Artistas sonoros hay muchos y van creando sus piezas a partir de sonidos que graban en su vida cotidiana, mezclándolos para generar una pieza armónica. Al momento de presentarlas en vivo pueden experimentar con objetos diversos, como Aki Onda y sus platillos y pelotas de juguete, de esas que cuestan un peso en las maquinitas de las misceláneas.

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En el caso de los mexicanos, Marcela Armas y Gilberto Esparza, se fue más allá de sonidos y objetos cotidianos como las hojas de los árboles cuando las mueve el viento; ellos decidieron experimentar con los rastros minerales y las afectaciones del espacio que dejan meteoritos caídos hace tiempo.

A través de su prototipo llamado "Sideral" estos dos artistas pueden escuchar la memoria magnética de meteoritos caídos en distintas partes del mundo como Chihuahua y Arizona a partir de una decodificación de su campo magnético. Este instrumento cuenta con una serie de brazos mecánicos con sensores que pueden leer la memoria magnética que cuenta sobre todos los lugares por los que ha pasado en el universo. A partir de todos estos recuerdos que los meteoritos han recogido en su travesía para llegar a la Tierra, y los otros que van recolectando en su estancia en nuestro planeta, podemos descubrir por qué lugares han pasado y que civilizaciones han visto desarrollarse. Este prototipo nos podría dar la posibilidad de que en un futuro se utilice para estudiar más cuerpos celestes.

Aunque "Sideral" es su proyecto sonoro más reciente, estos artistas ya habían trabajado con sonidos en el pasado. En su proyecto "Girotronic" hicieron un acto sonoro con cuatro tornamesas modificadas con sensores de luz, interruptores, osciladores de audio y otros objetos electrónicos análogos. Este proyecto es muy parecido a las actuaciones que realiza Mats Lindstrōm con su juego de luces que van a la par con los sonidos que va produciendo.

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Si nos vamos diez años al pasado, Marcela Armas ya experimentaba con arte sonoro en intervenciones públicas. Con su performance "Ocupación" hace una reflexión sobre cómo los hombres son partícipes en la contaminación auditiva de las ciudades sobrepobladas. Preparó un kit móvil con siete cláxones diferentes y salió a caminar al tráfico para crear una comunicación bastante peculiar con los automovilistas. Mientras ella caminaba, hacía sonar los cláxones y como resultado recibió de regreso el claxon de otros coches desconcertados y hubo otros que hacían sonar el suyo nada más para participar en este tipo de concierto.

Gracias a Marcela Armas y Gilberto Esparza podemos escuchar a qué suena el paso del tiempo en el universo y tener la certeza de que dentro de muchos años los humanos del futuro podrán tener una pizca de nuestra presencia en el planeta. Antes, los hombres dejaban sus rastros de existencia en las cuevas de Altamira y Lascaux; ahora nosotros no sólo dejaremos nuestros edificios, también podemos dejar sonidos en el espacio para que la gente del futuro sepa qué onda con nosotros.

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