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Fotografías que muestran cómo son las ejecuciones públicas en Irán

AVISO: algunas de estas imágenes pueden herir la sensibilidad del lector.

por Ebrahim Noroozi; tal y como se lo contó a Kieran Morris; traducido por Julia Carbonell Galindo
25 Febrero 2019, 4:45am

Este artículo se publicó originalmente en VICE Estados Unidos.

Ebrahim Noroozi ha basado su carrera en dirigir el objetivo de su cámara hacia lugares que otros no se atreven. Desde que empezó como fotógrafo en 2004, Noroozi ha gozado de un inmenso éxito. Ha ganado numerosos premios, entre los que se incluyen tres galardones de World Press Photo, ha expuesto en prestigiosas ferias como la Paris Photo y sus fotografías se han publicado en medios tan importantes como Times Magazine y The New York Times.

Noroozi trabaja principalmente retratando la sociedad iraní y explora tanto historias humanas como medioambientales con gran sutileza; consigue plasmar la belleza interior de todos sus sujetos, por muy oscuros, sucios o grotescos que sean. Lo hace en un país que pocos occidentales se toman el tiempo de intentar entender: una nación plagada de inimaginables maravillas naturales de todo tipo que suele retratarse mediante burdos estereotipos. Es un país donde la historia tiene mucho peso en la vida contemporánea; un lugar donde los recuerdos de la guerra y el trauma se ciernen sobre la mente del pueblo y amenazan con volver con cada vez que el Gran Satán empuña de nuevo su sable.

Amuse se ha unido a Noroozi para publicar algunas de sus series de fotografías más conmovedoras de su carrera; imágenes que arrojan luz sobre varios aspectos de una sociedad y un país que sigue siendo un auténtico misterio para muchos occidentales. La primera de esas series, Death Observers, se centra en el espectáculo de las ejecuciones públicas en Irán y documenta cómo la multitud es testigo de esta demostración de “justicia” que se aplica a los crímenes más atroces.
La multitud de las imágenes que mostramos están viendo el ahorcamiento de dos hombres condenados por violar a cuatro mujeres y por traficar con casi tres toneladas de droga. Al dirigir su objetivo hacia el público más que hacia los convictos, Noroozi muestra la naturaleza humana más instintiva a la vez que capta cómo este fenómeno tan antiguo se mezcla con la tecnología moderna, así como los nuevos impulsos que vienen con ella. A continuación, nos habla de las fotografías y de su método de trabajo.


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Para esta serie, fotografié a diferentes grupos de gente de diversos tamaños en sitios distintos. A veces me resultó fácil, a veces complicado. Llegaron incluso a decirme que me fuera. Todo el mundo sabe que las ejecuciones públicas son parte de la ley allí, es obvio que no hacía falta que las documentara. Sin embargo, el tamaño de la multitud me interesaba. Algunos grupos eran de unas 400 personas, otros llegaban a exceder las 1000. Estaban formados por hombres y mujeres de todas las clases y edades que se habían juntado por la mañana en las zonas residenciales para ver las ejecuciones.

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En algunas ocasiones los grupos eran tan grandes que podía pasar inadvertido. Algunos no tenían ningún problema con mi presencia allí. Creo que la conmoción del momento los tenía completamente absortos. Estaban muy emocionados, no en un sentido positivo, sino literal, habían entrado en un estado de trance. En algunos momentos, algunos llegaban a desmayarse y tenían que llevárselos de allí. En otros, les obligaban a sacar el móvil para grabar el espectáculo. Creo que hoy en día, cuando la gente ve cosas que no considera normales, las graba y hace fotos.

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Quería exponer estas imágenes con la esperanza de que estas situaciones se produzcan con menos frecuencia. Fue terrible y doloroso presenciar algo así. Ser testigo de la muerte de un ser vivo siempre es algo horrible, especialmente si se trata de un ser humano. Aunque lleva siglos sucediendo, es algo tan poco normal y tan poco habitual verlo que llega directo al corazón de la naturaleza humana; te deja conmocionado, pero no te insensibiliza. Estás en un estado de shock tal que te consume por completo. Creo que ahora hay menos ejecuciones públicas por este motivo, por el efecto que causa en la gente. En mi opinión, eso es algo bueno.

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